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martes, 24 de septiembre de 2024

Delibes sobre Ignacio Aldecoa

 



A mi juicio, Aldecoa es más grande cuanto más pequeño escribe.

[…] En cuatro páginas, Aldecoa infunde aliento a seres de verdad —como los segadores de su relato Seguir de pobres— o plantea problemas serios, sin acritud, es cierto, pero con firmeza. Por otro lado, el esmero, la pulcritud de su estilo, hallan su cabal eficacia en estos relatos breves donde tan sólo se aspira a apresar un tipo o la fugacidad de un instante.

[…] Esta maestría de Aldecoa en el relato corto, la seguridad con que se mueve dentro de él, le indujo, indudablemente, a construir sus primeras novelas sobre la base de acumular a lo largo de un sutilísimo hilo argumental una serie de anécdotas y descripciones ambientales que por sí solas constituyen valiosas narraciones independientes. Sus dos primeras novelas son novelas desmembradas o, para mejor entendernos, descuartizadas.

[…] No obstante, en las novelas de largo aliento de Aldecoa, y en particular en Gran Sol […] hay, para mí, cierto exceso de literatura: una morosidad faulkneriana (que en Faulkner es connatural, pero en Aldecoa estudiada), un deleitoso paladeo de vocablos.

[…] Así, los vocablos marineros de Gran Sol se presentan amontonados, traídos por los pelos. Se ve enseguida que el autor no los domina, ni siquiera los conocía. Los aprendió para esta ocasión y esa provisionalidad, ese estar prendidos con alfileres, se echa de ver en el libro.

Miguel Delibes — España 1936-1950: Muerte y resurrección de la novela.

La fotografía es de Teodoro Naranjo


lunes, 27 de noviembre de 2023

Carmen Martín Gaite


No es recordar, sino seleccionar los recuerdos de una determinada manera, lo que convierte al protagonista de cualquier situación, cuya mera repetición fotográfica no le puede contentar, en narrador (o sea sujeto y artífice) de ella.

Carmen Martín Gaite - La búsqueda de interlocutor y otras búsquedas.

La imagen es de Harold. E. Edgerton 

miércoles, 27 de febrero de 2013

Mano izquierda


Notó en su mano la mano rota del hombre. Las arrugas de cuatro muñones, la suavidad de las cicatrices, el vacío que ocuparon los dedos…La mano del minero se terminaba pronto, era una bola de carne blanquecina, brillante. Se escurría entre su mano como si a ella también le sobraran los dedos…
-…un día pinchamos un barreno y nos explotó en las manos …A mí me arrancó cuatro dedos de la derecha…Los de la Caja de Seguros me clasificaron de terrerista para la jubilación. No me sirvió para nada protestar.
-Lo que yo les dije: a los terreristas no les puede estallar un barreno.
-¿Y ahora qué hace?
-…ahora ando de betunero en el café España.
-¿Y se apaña bien?...
-La mano izquierda sólo es tonta cuando uno no la tiene acostumbrada.

Armando López Salinas La mina

Nota: La fotografía es de Cristina García Rodero.

sábado, 1 de octubre de 2011

Empeño




- Y la gente que viene –decía ella sentándose –; cada año viene más. Y nosotros en cambio, vaya facha de río. Vaya un Manzanares más ridículo, que parece una palangana, con esa agua tan marrana que trae, que es la vergüenza de un Madrid.
- Pues creo que ahora lo van a poner mejor.
- Ca. Ese río no lo arregla ni el mismísimo Churchill que lo pusieran de alcalde de Madrid, con todo el talento que le dan a la Prensa a ese señor.
- Todo sería cuestión de perras.

Rafael Sánchez Ferlosio, El Jarama.
La fotografía es de Rafael Trapiello.

domingo, 22 de mayo de 2011

"De la fe no se vive"


…nuestra cólera respecto a la injusticia sigue intacta…apelemos a una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no proponen otro horizonte para nuestra juventud que el del consumo de masas, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza de todos contra todos.

Stéphane Hessel, ¡Indignaos!, traducción de Telmo Moreno Lanaspa.
La imagen de José María Movilla, jugador del Rayo Vallecano, la encontré en El País. Fue realizada por Luis Sevillano.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Aún así.



-Confíe en nosotros. Arreglaremos esto.
El señor Cayo advirtió:
-Roto no está.

+ Miguel Delibes, El disputado voto del señor Cayo.
x La fotografía es de Javier Martín.

sábado, 7 de noviembre de 2009

Andrés Trapiello: Salón de pasos perdidos 4. Las nubes por dentro.


AYER pasamos a Elvas para hacer unas compras. Después de una ciudad como Badajoz, Elvas parece un pueblo extraordinariamente bonito y aparente.
Es seguro que hace cincuenta años Badajoz era un pueblo tan concertado como Elvas, pero lo han destruido (…) Desde 1959 todo lo que en España era pobre, lo sacrificaron al desarrollo. El desarrollo pasó, pero todo el encanto que había entonces en ciudades y en pueblos, desapareció para siempre a manos de la especulación y la usura.

Con Portugal, con España, con todo lo que es pobre, se suele tener teorías, y lo que es peor, soluciones.
A mí me gustaría que Portugal siguiera siendo pobre, como me habría gustado que España hubiese seguido siendo pobre (…) La pobreza es evidente que preserva, y la riqueza destruye. Tampoco tiene que ver esto con ser de izquierdas o derechas. El conservador verdadero es siempre pobre. Cuando uno ve que un burgués o un rico se dice conservador, sabemos que mienten, porque el dinero destruye siempre, y hemos pasado de un país inculto y pobre, a otro rico y barbárico, donde todo es cultura: correr en calzones, jugar al fútbol, pelar gambas, comer ajos, cantar jotas.
A mí me gustaría ponerme así de vez en cuando. Hacer de este cuaderno un cajón de Hyde Park, subirme a él y arengar para las ardillas y las hojas de los árboles. Luego me quedo en silencio, sepultado en la sombra, como en el amor está el silencio.
Y es mi amor a Portugal lo que me dicta todo esto. Pensar en un país donde aún están a tiempo de no tener tanta cultura, es sin duda, prometedor, teniendo además en cuenta que Portugal ha sido un país diez veces más culto que España.



Nota: La fotografía es Carlos Calvet y la encontré enhttp://saisdeprata-e-pixels.blogspot.com/

viernes, 17 de julio de 2009

Andrés Trapiello: Salón de pasos perdidos 3. El tejado de vidrio.


De vinos. Tasca y frasca son dos palabras a las que el vino ha hecho inseparables.

¿De quién es esta frase? Lo que distingue a una auténtica cabeza original no es ser la primera en ver algo nuevo, sino el ver como nuevo las cosas viejas, conocidas de antiguo, vistas por todo el mundo y no tenidas en cuenta por nadie. Por fortuna esta frase si siquiera es mía.

De cervezas. A los cinco minutos de conversación comprendí que el único lenguaje común que teníamos era aquel del que ambos nos servíamos para pedir las cervezas y las patatas fritas y las aceitunas.

Estatuas. Contra lo que pensaban los vanguardistas, en arte o en literatura llegar antes a un lugar no es mérito ni virtud, sin contar con que hay que saber dónde se pisa; lo fácil es, si se va muy adelantado, pasarse sin querer al enemigo, como todos aquellos Duchamp y compañía que de tanto huir de los museos ya están metidos en ellos.

Erguido. Los diarios, las memorias, las confesiones, son un género híbrido, de acuerdo, algo así como los patos: andan mal, nadan mal, vuelan mal. Pero no se le puede pedir a un pato que sea como un cisne.

Mundial de fútbol. El libro del desasosiego se publicó por primera vez en 1982 (…) Es como si alguien hubiera inventado una vacuna y la guardara en un cajón durante medio siglo.

Diferencia. Un clásico sufre como un romántico, pero no lo dice.

Vitrocerámica…los Rothko, los Klein, los Polock, los Motherwell (…) M. encontró para ellos la imagen adecuada: son como los electrodomésticos; a los cinco años no sirven y se vuelven viejos (…) pasan a la categoría de trasto sin conocer la nobleza de volverse antiguo.

Megalomanía. OÍR la megafonía (de una iglesia, de un campo de fútbol, de una tómbola, de un mitin) resulta tan deprimente porque en ella las palabras no quieren comunicar nada, sino convencer…

Blogs. HOY, 30 de julio, en que me han rechazado el manuscrito de El gato encerrado, parece un buen día para empezar este otro cuaderno (…) Es la primera vez que le rechazan a uno un manuscrito. Hasta ahora no había habido ocasión: me los editaba yo mismo.

¿Para qué? Es todo muy confuso. Decimos: escribo para que me quieran, pero no soportamos más de una docena de amigos (…) De modo que no escribimos para que nos quieran, sino para que esos doce o catorce amigos nos quieran más y el resto nos deje tranquilos.

Al diablo…aprovechando que los niños estaban en El Escorial con los abuelos, he reordenado la biblioteca (…) Asustado (…) me veo obligado a reconocer que de todos esos libros apenas recuerdo alguna frase suelta de alguno de ellos. ¿Dónde han ido a parar tantas horas consumidas en la lectura?


La sospecha…según Ch., un rico jamás te cuenta lo único que en verdad podría tener cierto interés: cómo ha llegado a serlo, las jugarretas que se ha visto obligado a hacer para amasar su fortuna, cómo su bisabuela se levantó un marquesado, con quiénes se casaron sus antepasados y por qué razones, cómo unieron sus propiedades y cómo las centuplicaron o las dilapidaron. Ésas son historias que saben entre ellos, pero jamás las propalan fuera de su estrecho círculo.

La frase era de éste. Decía Nietzsche que la semilla de un hombre no germina enteramente en sus hijos, sino en los hijos de sus hijos.

La prueba. HOJEO durante la siesta el Hola (…) Se vuelve a confirmar la sospecha de X.: se cuenta de unas gentes todo menos lo que han tenido que hacer para llegar ahí.

Y el sol apretando
. Estaba convencido de que la literatura es como la cocina, y que a un hombre le pueden gustar al mismo tiempo, incluso mezclados, la fabada, el caviar, el lenguado meunier y la morcilla de Burgos, las judías verdes con aceite y sal y los callos a la madrileña, el picadillo de cerdo y los yogures, el orujo de escoba y el agüita de la fuente, y que todo eso, indiscriminadamente trasegado, va a sentarle estupendamente al estómago.

Antes de las bellotas. LAS flores de las encinas se llaman candelarias y son de oro, como unos pendientes, como unos racimos de oro viejo, oscuro, sin brillo.

Tres. ME han rechazado por tercera vez el manuscrito de El gato encerrado.

Cuatro. OTRA negativa. Cada día llega una.

El título. Victoria de los Ángeles canta una seguidilla murciana (…) Cualquiera que el tejado / tenga de vidrio / no debe tirar piedras / al del vecino

No sé
. ¿POR qué razón será que en literatura y en arte las mejores obras parecen siempre dichas y hechas de la misma manera, en tanto que las tonterías resultan siempre novedosas?

Y punto
. EL corazón, si pudiera pensar, se pararía.

Nota: La foto es de Carlos Alba y se encuentra en el siguiente enlace: http://madridfoto.blogdiario.com/tags/Alba

jueves, 2 de julio de 2009

Andrés Trapiello: Salón de pasos perdidos 1. El gato encerrado


24 horas. Buscar libros hay que hacerlo en ayunas, como los verdugos.

Jurado.
RECUERDA a Cervantes: “En primer lugar se premia el favor. En segundo, el mérito”. Si Cervantes viviera, el primer premio Cervantes se lo hubiera llevado Lope de Vega. Sin dudarlo.

Cambio…nos reconocen mejor en la calderilla que en los billetes grandes
.

Tono. ESCRIBIR con el tono de quien habla poco y bien, aunque se escriba mucho, como Balzac, o mal, como Baroja.

Dietario. LOS diarios son a la literatura lo que el yogur a la dieta: un privilegio de las naciones bien alimentadas.

Imaginación. Dicen que una buena memoria es valiosa para un escritor. Puede. Pero son los olvidos los que hacen al flâneur, los que le echan a la calle y en definitiva, los que le convierten en novelista.

Cristina Grande, por ejemplo. A mí me gustaría encontrar en España alguien parecido a la Ginzburg, alguien que hablara de cosas que te importaran de verdad desde el mismo lugar donde tú crees encontrarte.

Omega 3…se me ha ocurrido otra novela esta mañana, untándome la tostada.

Colesterol. Hasta los mejores, como Leonardo, han pintado alguna vez con yema de huevo que el tiempo pudre y corrompe.

Manicura. Una biblioteca dice mucho de su dueño. Tanto como las uñas.

Raíces. ESCRIBIR con defectos propios, antes, o mejor, que con aciertos ajenos.

Yo no soy presumido.
No recuerdo haber “usado” nunca la palabra empero y confío en no hacerlo nunca. No es para presumir, pero algo es algo.

Bumerang. TENGO la sensación de no leer en cada momento lo que debería leer. Hay gente que tiene un plan de lecturas muy trazado. Las mías son de aluvión. A las librerías de nuevo voy poco. A las de viejo ya no casi. Sólo mantengo la afición del Rastro y de Moyano (…) Por lo demás, mi formación resulta poco recomendable. No he leído ni un libro de Kundera ni de Modiano ni de Canetti ni de Barnes ni de Rusdhie ni de Eco ni de todos los que se van poniendo a la cola (…) Yo creo que con las novelas de ahora hay que dejar correr el tiempo. No sé, cinco, diez años. Yo las espero siempre en Moyano o el Rastro.

Arquitectura. Yo creo que en literatura para que le crean a uno no conviene decir toda la verdad. ¿Por qué razón? No lo sé muy bien. Supongo que por razones de perspectiva, de la misma manera que las columnas del Partenón para dar la impresión de rectitud y proporción falsean en centímetros las medidas del fuste.

Prejuicios. Los ensayos de Baroja son muy particulares, llenos de prejuicios. Eso de los prejuicios a mí me parece bien. Si uno quiere ser juez, no debe tener prejuicios. Pero si quiere ser escritor, como no los tenga, va aviado.

Pares o nones. Todos los españoles que no hicimos la guerra nos hemos preguntado en alguna ocasión en qué bando habríamos estado.

A escondidas. Los intelectuales de izquierda (…) Se han tenido que ir tragando a los escritores fascistas como quien toma píldoras (…) Primero Céline, luego Drieu, Sachs, Dominique de Roux, Brasillach, Pound, Benn, Borges, Montherlant.

Muchos. Algunos creen que la vida no está en los libros. Yo diría que no está más que en ellos (…) ¿Dónde,si no, está la vida? ¿En la misma vida? Nada hay que se contenga a sí mismo, nos dice el filósofo.

Sarao. Desconfía de los escritores que presumen de una vida llena de vida (literaria, social, profesional, nocturna, amorosa), porque lo normal es que toda esa vida la quieran meter en unos libros llenos de literatura, es decir, ilegibles.

El segundo. Sólo es capaz de escribir algo nuevo el que admite que todo ha sido dicho ya una vez.

Pregunta: ¿Un par de gemelos son dos o cuatro?


Nota: La fotografía es de Julián Barón y la he encontrado aquí: http://xoubanova.blogspot.com/