Mostrando entradas con la etiqueta Xordica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Xordica. Mostrar todas las entradas

martes, 1 de noviembre de 2011

Día de los Difuntos



Casi al final, el soldado me dijo: déjame morir, estoy ya muy cansado. Yo le respondí: ya te dejo morir, déjame, sólo, salvarte antes.

Ondjaki, Y si mañana el miedo.

La fotografía es de Daido Moriyama; la traducción, de Félix Romeo.


miércoles, 9 de junio de 2010

Aloma Rodríguez: Jóvenes y guapos.


Había que desmontar y cargar la furgoneta. Como la plaza era peatonal, no nos dejaban meter la furgoneta y había un bordillo para que los coches no entraran. Había que desmontar el barco y llevar todos los trastos hasta la furgoneta, que estaba a la entrada de la plaza, y luego meterlas en la parte de atrás. La furgoneta no era demasiado grande, así que cada cosa tenía su sitio. Cargar la furgoneta era una de las partes más difíciles del bolo; seguramente la que más habíamos ensayado, y la que más tensiones generaba.


Nota: la fotografía es de Luis Duarte y la obtuve en:https://blogger.googleusercontent.com/img/b/R29vZ2xl/AVvXsEjZUXDIYXG9lyzZ3AXkEL6CJtf-MReYJvScfc93cqFNidfzbxJZuBMMgaZgyTk6OOpIFAmEEu_aynZAhSM3B8rJsdXWtsPcxU0w4uXdzOQEs8TSlsmtZx2vpwBh9IIDKhbmW3cFuEpswBdb/s1600/Scan5308mascaras.jpg

jueves, 31 de diciembre de 2009

Fernando Sanmartín: Heridas causadas por tres rinocerontes.


Escribo para escapar. Escribo unas notas que yo leo, una vez escritas, para saber más. Porque la escritura es un espejo. O una torpeza. Como la vida. Escribo para respirar. Escribo junto a un hijo enfermo, un hijo que me pide el bolígrafo con el que escribo, y se lo doy para que dibuje una ballena o un delfín mular. Escribo para desentrañar el día, para hilar una aguja en la oscuridad, para coserme. Escribo como un lobo cercado. Escribo y aún recojo del buzón, una vez a la semana, cartas difíciles, publicidad, sobres del banco, escrituras, huecos. Escribo. Y Yorgos me pide otra vez este bolígrafo para escribir su nombre. Aunque luego me dice, me pide, que se lo escriba yo.


Nota: La fotografía es de James KV y la encontré en la siguiente dirección.
http://smile.aminus3.com/image/2009-12-27.html

viernes, 2 de octubre de 2009

Ismael Grasa: Nueva California


[ALREDEDORES]


Habíamos parado en un restaurante del meridiano cero.
Se llamaba así, Meri
diano cero, creo, o Restaurante
Meridiano de Greenwich
. El río embalsado llevaba el
[nombre
de Mar de Caspe. Todo venía a ser cartográfico;
yo sostenía un mapa abierto sobre las piernas.
Teníamos algo de pareja cómica, ni siquiera perdidos
en esa carretera intransitada; serios, casi locuaces
a veces. No nos equivocábamos. Después de vivir fuera
seguíamos ahora con el dedo, como en el fin del mundo,
las líneas del mapa de territorios nuestros de origen
y alrededores. La carretera cruzaba el meridiano
igual que el dial de la radio daba con la emisora,
o nuestros sentimientos coincidían en un instante
de silencio, unos grados al oeste, unos grados al este.





Nota: La fotografía es de Todd Hido y la encontré en :
http://fondofirmayvicevesa.files.wordpress.com

sábado, 4 de julio de 2009

Eva Puyó: Ropa tendida


Creo que durante mucho tiempo me gustarán libros de este tipo. Libros que hablen –así de sincero- de las familias de cinco. No es fácil. Muchos verían estrellas de cinco puntas donde yo solo veo parches con forma de pentágonos. O, mejor dicho: con forma de escudo. Así me gusta recordar a mi familia: como un escudo.


Ropa sin tender. Solo me he enterado de la lluvia cuando me he levantado de la cama y he visto a mi madre tendiendo la ropa por los radiadores.

Los cromosomas también son copia. Los pitufos, Lulú, Pumuki. Todos estos muñecos de plástico tenían su correspondiente “gemelo” de bronce. Mi padre (…) Al día siguiente nos lo devolvía (…) y con su doble de bronce. Era algo que hacía en los ratos libres del taller de fundición en el que trabajaba (…) Los muñecos de bronce eran duros y fríos (…) También mi padre podía ser duro y frío.

XX. Mi padre era tornero en la fundición, una profesión que me resultaba muy difícil de imaginar. Cuando rellenaba el papel de las becas, mi padre me decía que pusiera una equis en la casilla de obrero “cualificado”, en lugar de la de “sin cualificar”. Eso era algo que me daba una pista sobre la categoría de su trabajo.

YY. Mi madre en las reuniones del colegio decía que era “ama de casa”, cuando se pasaba la mayor parte del tiempo fuera de ella (…) A veces mi madre nos llevaba a ver esas otras casas donde iba a trabajar, cuando sus dueños no estaban.

Caballero. A mi hermano le diagnosticaron que tenía los pies planos (…) Yo creía (…) que un asmático de pies planos no podía jugar al rugby.
Ahora mi hermano camina por la casa con pequeñas pesas unidas a sus tobillos para fortalecer las piernas (…) La casa se llena de olor a reflex (…) Los tacos nuevos de mi hermano resuenan sobre el cemento como cascos de caballo.

Capitán Ahab. Mi abuela murió muchos años después que mi abuelo, y su agonía duró tan solo un par de días (…) Decía: “Sólo lo hice una vez, sólo lo hice una vez”, y tenía miedo de ir al infierno. Mi padre le dijo: “No te preocupes, madre, esas cosas Dios las perdona”. Un poco más tarde estaba fría, gorda y grande, como una ballena fuera del mar.

Brindis
. Los únicos autobuses circulan casi vacíos y muy deprisa. Yo conduzco con cuidado para evitar que se rompan las botellas. Aún así, cada vez que freno se oye un “cling clong” grave. Pienso que esa es la música de mi Navidad. El brindis, que anticipa el par de besas, los únicos que nos damos en todo el año.

No dejéis tizas a los niños. Cuando acababan las clases mi hermana y yo nos quedábamos en el colegio vacío, mientras mi madre y otras señoras de bata azul limpiaban las aulas. Las señoras de bata azul nos dirigían palabras amables. Mi madre nos daba una bayeta para que quitáramos el polvo de los cajones de los pupitres. Mi hermana y yo recorríamos las aulas vacías. Nos metíamos en las clases de los mayores. Dibujábamos con tiza en la pizarra flores y niñas de pestañas largas. Un día se nos olvidó borrar el dibujo, grande como un mural, de la pizarra de una de las clases. Los alumnos mayores se debieron de reír mucho con ese dibujo. El profesor se enfadó. Mi madre recibió una reprimenda de la señora P. Al día siguiente nos dijo que no podíamos dibujar más en la pizarra.

Léxico familiar. “limpiar sobre limpio”, como decía mi madre.

Recados. Cuando mi madre no se encuentra bien siempre es igual. Mi padre me pide que vaya a ver qué tal se encuentra y si necesita algo. De hecho, creo que verdaderamente él se preocupa de ella más que yo. Es como si la quisiera a través de otra persona, a través de mí.

Mi casa por partes. Una secretaria del Ayuntamiento me entregó, además, una bolsa que contenía un alcachofa de ducha. “Ha habido muchos robos, y preferimos darlas así.”

Transfusión. Con tu padre no puedes tener una conversación intrascendente. No puedes hablar del día que hace, de las últimas noticias de la tele, o de la película que has visto. En las conversaciones entre tu padre y tú todo acaba volviéndose denso y oscuro como la sangre.

Inauguración. Te das cuenta de que a tu ex novio ya no le gusta cómo eres, y de que ya no te quiere. De hecho, ahora mismo, notas cómo le molesta hasta el pequeño gesto de robarle cigarrillos (…) Ha fumado porros a la misma velocidad con la que tú te has terminado la botella de vino que has traído (…) A él le asustaba el mundo laboral. Tú querías irte de casa a toda costa, él se encontraba a gusto en la suya.


Reencuentro. Ahora ya no van a robar verduras al campo. Ahora sólo van a recoger frutas de los árboles abandonados. Se hacen mayores, pienso (…) Los frascos de mermelada nos sirven para probar el sabor de la fruta de temporada (…) Mi padre dijo que no era feliz al lado de mi madre. Hablaron de separarse. En esa época todos en mi familia parecíamos ser muy desgraciados.

Nota: La fotografía es de Bill Brandt y la he obtenido en la siguiente dirección:http://hormigaciones.blogspot.com

sábado, 6 de junio de 2009

Jean Debernard: Hoja de ruta

(…): ¿dudarías tú si para obtener la información que va a salvar diez vidas inocentes tuvieras que torturar a un terrorista? ¿A uno solo?

Esta topografía bien pensante, que sitúa el mal en el otro lado y el bien en el nuestro, ya me resultaba familiar. Tenía el mérito de ser práctica y el inconveniente de ser falsa. Lo mismo sucedía con la posición contraria. La verdad es más sutil que la moral. También más complicada.

Torturar para romper. Humillar para destruir.

Técnicas de última generación para las mentiras de siempre.

El grito. (…) No tiene ortografía. Las letras, los signos y los caracteres son incapaces de transcribirlo; todos los diccionarios lo ignoran.

El sufrimiento, el odio y la cólera van y vienen antes de desaparecer. El olvido no. Se ha creído que podría inventarse el olvido dándole un nombre pero nunca viene.

(…) en la bañera, me ahogaba. Tenía la sensación de que me iban a estallar los tímpanos (…) Me han dado descargas eléctricas. Me han quemado los pezones.


-Te voy a preguntar una cosa (…) Pero quiero la verdad. Cualquiera que sea tu respuesta la aceptaré (…) ¿Eres capaz de decir la verdad?
-Espero que sí
-Responde sinceramente, sí o no.

-¿Qué puedo hacer, aunque rechace este engranaje?


Notas:
La traducción es de Daniel Gascón.

La fotografía es de Paolo Pelegrin.

miércoles, 22 de abril de 2009

Miguel Mena: Piedad

Posibilidades. Podría decir que Piedad es un libro de fotografías donde los pies de foto son muy importantes, y me confundiría. Así que ni lo repetiré ni lo retiraré, por si dentro de la confusión hubiera algo de cierto.

Al menos, prefiero decir eso que afirmar que no es un libro de una pieza, sino de muchas, porque eso es tan evidente que me sonroja.

También podría tratar a Piedad como a un libro cuya solapa es importante, porque habla del autor, otra evidencia. La solapa reza: Reside en Zaragoza. Trabaja como locutor de radio. Ha publicado novelas, relatos, obras juveniles y libros de viajes. En otras palabras: es un autor poco conocido. Lo que aquí equivale a poco reconocido. Poco reconocido como su hijo Daniel y poco conocido como la enfermedad de su hijo Daniel.

Pero, lo diré, Piedad tiene algo de resistencia. Resistencia escrita con minúscula, y escrita con mayúscula, tanto al empezar esta frase como cuando sea el título del dietario que Liborio Barrera escribió durante una enfermedad con la que rellenó 145 páginas y una idea que subrayé.
Me refiero a la siguiente frase: El mecanismo de la felicidad se vuelve injusto cuando requiere ese desapego insolidario hacia los infelices.

Piedad es una tuerca que no para de denunciar ese mecanismo.

En adelante, recojo solo una pequeña parte de esas Posibilidades.


DE RAIZ. Cuando me dijeron que mi hijo no podría hablar nunca…, lo primero que recordé fue que había planeado aprender con él los nombres de los árboles…

60 SEGUNDOS. El tiempo que tarda la leche en calentarse en el microondas…El tiempo que empleamos en leer el diagnóstico definitivo y comprender que lo que te pasaba era raro, muy raro. Un minuto interminable. Un minuto congelado. Desde entonces ya no pensamos que la vida se pasa volando.

PORNOGRAFÍA. Lewis Hamilton es el piloto más odiado por la afición española…, pero al final ha ganado…entrega el trofeo a su hermano, un chico con parálisis cerebral. En la radio dicen que eso es hacer pornografía de los sentimientos. Hasta mediados del siglo XX las personas con una discapacidad severa apenas salían de sus casas. Por dificultades de movilidad o de vergüenza, sus familiares los mantenían encerrados. Mejor la pornografía.

RARO. Qué raro se hace tener un hijo prácticamente mudo cuando te ganas la vida hablando.

TIC-TAC. Cuando le anunciaron que le quedaban pocos meses de vida, y que su única salvación era un trasplante, experimento una doble angustia: primero, el miedo a morir; después la desazón de sentirse un miserable por desear la muerte de otra persona para salvar su vida.

EXTRAEXCOLARES. En un lado escribió las actividades que había previsto para el chico: deporte, música, idiomas, informática. En el otro, las que le tocaban: estimulación, fisioterapia, psicomotricidad, logopedia.

MUNDO SONORO. A veces acudíamos al almacén donde iban arrinconando los discos que ya no cabían en la emisora…Por cada estrella brillante, decenas de estrellas fugaces…

LA VIDA ALEGRE…El niño sin palabras no da pena, da trabajo, da cansancio, da qué pensar y da gratis lecciones de alegría.

PEÑAS ARRIBA. Si consigue llegar a la cima será el número dos mil y pico que lo logra. Si no baja, será el cuarenta y tantos que se quede allí para siempre.

PLANES. A veces me cruzo con la familia que quisimos ser…A veces me cruzo con el futuro que imaginamos y todavía siento un pellizco de felicidad al recordar aquellos días de risa y planes.

COMPETICIÓN. Siempre ha mirado el podio desde abajo…Suda como el triunfador…Sin su presencia no hay competición, sin su derrota no hay victoria.

lunes, 19 de enero de 2009

Annie Ernaux: La ocupación



En una entrevista con Javier Rodríguez Marcos, Annie Ernaux explica que, después de mucho emborronar papeles, dio con una “forma llana, natural” de hacer literatura. La misma “que empleaba en otro tiempo para escribir a mis padres y contarles las noticias más importantes”. Entonces, mientras ella estudiaba en la universidad, su padre trabajaba en una obra. Por eso, por su origen, y porque así lo define ella, su escritura es una auto-socio-biografía, una etnografía de sí misma. Me interesa esta literatura del yo. Según parece “lo íntimo siempre es algo social. Es inconcebible un yo puro en el que los otros, las leyes, la historia, no estuvieran presentes”. Y, según lo leído, esto que copio es un ejemplo de ello:

Fui a hacerme un test del sida. Se ha convertido en una costumbre semejante a aquella de confesarme que tenía de adolescente, algo así como un rito de purificación. (pág. 85)

El libro no es más, ni menos, que el relato de una victoria. De una victoria frente a los celos surgidos cuando la pareja de la narradora conoce, tras una ruptura amorosa que ha provocado ella misma, a otra mujer. La mujer, el averiguar quién es esa mujer que la ha sustituido, se convierte de pronto en su ocupación, en su única ocupación; y la escritura avanza hasta que vence los celos. Muerto el perro, como se dice, se acabó la rabia. Y el libro.
En mi caso, su lectura ha venido marcada desde la primera página por no haber podido –no haber querido, mejor dicho- evitar la comparación con un cuento de Cristina Grande: Sequoia, de La novia parapente, ese que dice:

En qué punto metí la pata, me pregunto todo el rato. A mi mente sólo acuden fogonazos. Imágenes nítidas de la botella de Gran Duque de Alba casi vacía. Y de su polla quieta como un tronco de sequoia petrificado.

La aragonesa, como siempre, irónica y la francesa escribiendo “a cuchillo”, y haciendo sentir casi idéntico. El párrafo de La ocupación que me hizo recordar la madera de Cristina Grande, es el que sigue:

El primer ademán que hacía yo, al despertarme, era cogerle el sexo, que le había enderezado el sueño, y quedarme así, como aferrada a una rama. Pensaba: “Mientras esté agarrada a esto no estoy perdida en el mundo.” (págs. 9 y 10)

Me pregunté qué tenían de común estos escritos, más allá del pene en sí, qué tiene el humor que no tiene la comicidad cuando leemos. Ahora –cuando estoy a punto de copiar uno de Leonardo Sciascia-, me pregunto además por qué esta cadena de textos.

Si alguien se resbala nos provoca quizá la risa porque nos consideramos superiores; somos estables y no resbalamos. Mientras que el humor es precisamente este tener presente al contrario. Es decir si yo, a través de esa persona que resbala, experimento el sentimiento de que yo también estoy a punto de resbalar, entonces nos encontramos en el reino del humor y no en el de la comicidad.

¿Porque me rondaba la cabeza Sciascia y aún no había encontrado un ejemplo que explicara su idea? Quizá.
En cualquier caso, siguiendo la premisa del siciliano, Secuoia equivale a ponerse en el lugar del que cae de un árbol; La ocupación, en el de un leñador que muestra los callos tras derribar ese mismo árbol al que se había subido para guarecerse de la lluvia.