Mostrando entradas con la etiqueta Libros de viejo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Libros de viejo. Mostrar todas las entradas

martes, 15 de junio de 2010

Marià Manent: Diario disperso (1918 - 1984).


He leído A history of Japan, de J. Ingram Bryan. Cuando en aquel país la monarquía ha fracasado, se ha levantado el dictador, el shogun, aplicando así el principio de Confucio: el gobierno de los pueblos ha de estar regulado, no por la herencia, sino por la eficacia. Durante largos siglos el emperador no ha gozado de poder real: ha sido un simple instrumento del shogun, como los reyes merovingios lo eran de los grandes camarlengos del palacio. Según como se mire, da una impresión penosa leer estos resúmenes de historia. Guerras y más guerras, crímenes, alevosías. Se diría que la vida humana no vale nada y que el color predominante de la historia lo dan estos terribles lagos de sangre. Parece imposible que haya habido calma para el arte, para la poesía, para la estética ceremonia del té, para el ikebana (la sabia disposición floral), el bonseki (delicado pesebrismo japonés que componía exquisitos paisajes en miniatura, con arena y guijarros). El No o drama lírico, la laca, el cloisonné, la seda pintada, ¿cómo han podido llegar hasta nosotros por encima de los lagos de sangre?



Notas:
La traducción es de José Muñoz Millanes.
La fotografía, de Alfonso Sánchez García y la he visto en:http://www.kalipedia.com/arte/tema/importancia-fotog...

domingo, 22 de marzo de 2009

Antonio Ferres: Mirada sobre Madrid

Jordi Gracia y la revista Acento. No existen muchas más fuentes (fáciles, salvo sus Memorias de un hombre perdido) a las que recurrir para saber algo del tiempo en que Ferres y otros escritores intentaron aplicar a su literatura un realismo que algunos llamaron Realismo de la Berza.
En Acento Cultural -una revista que se editó entre 1958 y 1961 en España- Antonio Ferres manifiesta que la literatura debe ir hacia el realismo, pero no de simple testimonio, sino crítico, comprometido.

Ferres. Evidente: la obra que escribió Ferres en aquellos años siguió esa consigna. Cuando en 1967 apareció en España Mirada sobre Madrid, Ferres vivía en Estados Unidos. Enseñaba novela española contemporánea en la Universidad de Indiana. Había escrito, tras ganar el premio Sésamo en 1954, cinco libros más: La piqueta, Caminando por la Hurdes (con Armando López Salinas), Los vencidos (publicado en Italia, por Feltrinelli, antes que en España, en 2005), Tierra de Olivos y Con las manos vacías. Estados Unidos cambió su forma de escribir.

Tradición. Recuperado para las librerías por Gadir, me pregunto si Ferres no es más tradición de lo que me parece en autores jóvenes. Quizá no sea fácil encontrarla. Hay, sin embargo, una frase en Caminando por las Hurdes que, podría decir, tengo grabada, -y sacada de contexto-: Hay muchas maneras de defender la tradición.
Hace unos días que conseguí este libro que parece escrito, por contraste, para la chica que aparece en la foto de arriba: una princesa. Y para mí, por otro motivo. Ahora, por fin, tengo esa media docena de textos que puedo repasar una y otra vez.



Blancanieves. ¿Cuántas manzanas de casas vamos a partir en dos para descubrir dentro los gusanos que son la gente?

Sol.…la ciudad entera…3.014 horas de sol en el año 1962.

Viento. La nueva ciudad…sigue las carreteras o las puntas de las rosa de los vientos. Primero con chabolas y, luego, casuchas parecidas en todo a las abandonadas en sus respectivas regiones.

Libertad…bajo las…vías que van a la estación de Atocha…hay un hombre viejo con un letrero en la mano, que pone LIBRE. Hace las veces de modesto semáforo a bajo jornal, y da paso al coche que tiene “prioridad” para evitar choques.

Puntos cardinales. Hay barrios muy alejados, como el del Gran San Blas o del Pequeño San Blas, a los cuales llegan los autobuses llenos de gente con el mismo aire cansado de los viajeros que regresan a la banlieue de París, y donde el precio de edificación es más barato…poblados dirigidos y bloques y viviendas protegidas o experimentales y barriadas de absorción…(Apiñamos gente en esas diligencias paradas y vivan todos como de viaje que dijo Larra.)…La gente de estos suburbios parece menos pobre, según nos acercamos al Norte…los tecnócratas comprueban esa natural tendencia a afincarse en esta parte las gentes de las provincias del Norte, mientras que los toledanos y andaluces quedan en la zona que les corresponde.

West Side Story. (Una película que muestra la vida, los nuevos mitos de los adolescentes portorriqueños coartados, vejados, perseguidos al otro lado del río Hudson, en el barrio Oeste de Nueva York.)…Y hay que hacer un distingo entre los ye-yes burgueses de algunas salas del Centro…y esos otros muchachos más duros, rajados y heridos por la vida; un distingo entre las chicas de finas cinturas y carne tostada en las elegantes piscinas o en las veraniegas playas y las adolescentes que se queman las manos en laboratorios químicos y talleres.

El alma de los enanos. Ahora la ciudad tiende a crecer también verticalmente…hay capas de distinta claridad y color en el cielo. Al final, una lámina negra, estrellada, sobre todo Madrid. Sobre los veinte cerros o colinas que forman la ciudad…Y como una intuición del Madrid de 6 millones de almas del año 2000.

Blancanieves. Estoy seguro de que la chica que habla inglés no habrá pasado hambre nunca…Estoy seguro de que no sabe gran cosa de esta sofocante ciudad, ni sabe la parte de Madrid que debemos salvar.

Notas:
La fotografía es de Gonzalo Juanes. Serrano, Madrid, 1965.
Miradas sobre Madrid está ilustrado con fotografías de Daniel Gil.
El primer párrafo del post lo he obtenido del libro de Jordi Gracia, Estado y cultura. El despertar de una conciencia crítica bajo el franquismo, 1940-1962 (Anagrama, 2006)

domingo, 1 de febrero de 2009

Gianni Celati: Narradores de las llanuras




El mundo sigue adelante porque la gente piensa en ello, es decir, piensa en hacerlo seguir adelante. Así de simple. Tan simple, que uno puede arreglárselas para explicarlo en media hora.
No sé si estas afirmaciones son del todo ciertas. No obstante, para recorrer este libro basta con descender ciento veinte metros de altitud, leer treinta cuentos y saltar el paralelo 45º N marcado en un cartel de chapa. Con otras palabras: basta con que recorramos una parte de la infancia y la adolescencia de Celati para entender gran parte de las transcurridas en el mundo occidental; el binomio campo-ciudad.
Afiladores en moto, olivos retorcidos, sillas de cocina, refugios antiatómicos, minifundios de igual tamaño, chimeneas de ladrillo rojo, braceros parados e inquietos, flores que frotadas huelen a ajo, búnkeres alemanes o viejos convencidos de que los mosquitos son los muertos que vuelven, son muestras de ese mundo que se destruye.
Algunos compararon este libro con las Mil y una noches, otros enfocaron la atención hacia su lenguaje deliberadamente simple. No parece extraño que, como remedo de Sherezade, Celati buscara salvar el entorno de su infancia, aunque lo intente de un modo a veces fantástico, con historias que parecen haberse trasmitido oralmente y se cuentan con una intención que se aclara al acercarnos a la desembocadura del Po. Una intención que tiene su contrapunto en la recomendación que un médico le hace a un paisano apesadumbrado: …Hay que hacer un esfuerzo para olvidar que los demás juzgan, de otro modo nos paralizarnos. Sin embargo, a mí me ha ido interesando más lo que pensaba esta gente de las llanuras: De lo que se trataba era de recetar medicinas para el mundo.
En el surco de esta idea se encuentra el cuento titulado Una noche antes del fin del mundo. Una maestra vive asustada desde que se entera de las consecuencias que traerá la acumulación del CO2 urbano en todo el planeta. Probablemente en 1985, cuando se publicó el libro en Italia, este cuento parecería muy ciencia-ficción, sin embargo hoy es una idea más –algunos creen que solo eso- de nuestro imaginario colectivo.
Nos contentamos con mirar a otro lado. Y no pensar mucho por qué el mundo sigue adelante. Más o menos, como lo hacemos al hablar de bibliotecas digitales, aunque, mientras llegan, no podamos leer gran parte de los libros que nunca fueron rentables. Pero siempre queda la esperanza: No hace cinco años que este autor se tradujo al vasco.

viernes, 9 de enero de 2009

Cees Nooteboom: En las montañas de Holanda



Un libro editado en España en 1990 y escrito por alguien que –expulsado de todos los colegios- deseó hacer compatibles sus ganas de viajar con las de escribir. Un libro difícil de encontrar hoy, salvo en librerías de viejo. Los libros de viajes de Nooteboom parecen atajos por carreteras secundarias, más lentas, pero, muchas veces, también más cercanas a lo humano que las que solemos transitar. Carreteras en las que sin buscarlas Nooteboom capta emisoras y frases de locutores como la que aparece en la novela La historia siguiente: El tiempo es el sistema que debe cuidar de que no ocurra todo al mismo tiempo. Hoy, diecinueve años después de editarse y una semana más tarde de tenerlo en casa, lo acabo de leer.

Me han echado del trabajo (por un día). Nieva, y las carreteras de Madrid, tanto las que deberían estar en funcionamiento –en explotación como dirán algunos-, como las que siguen en construcción, parece mejor que no existan. Solo por esto he elegido el inicio del capítulo seis para el post.

Camino, carretera, weg, straat, baan. Siempre me ha llamado la atención que, en holandés, la palabra weg, signifique también ausencia. Camino, en español, es weg, en su acepción corriente, pero también viaje. Pues, bien, viaje es asimismo por definición la ausencia de lugar de donde se ha partido, pero le falta, después de todo, la brutal contundencia de weg.
Sales por una carretera y llegas a casa por un tejado cubierto de nieve.