Me gusta el olor a cemento fresco porque así olía la ropa de mi padre al volver del trabajo, cuando le daba un beso. Me gusta el olor a humedad de los aparcamientos subterráneos, creo que fui una cucaracha en otra vida. Puede que me guste ser la mitad de la mujer que de mí se esperaba. Trabajar media jornada, vivir en una casa que nunca será mía, dormir a mis treinta y tres en la habitación que soñé a los nueve: escritorio propio, balcón y estantería. Demasiado lejos has llegado, proletaria consentida, en comparación con tus antecesoras.
Laura Carneros - Proletaria consentida
La fotografía es de Jessica Backhaus

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