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martes, 20 de octubre de 2009

Mercè Ibarz: La tierra retirada


No tengo ninguna intención de hacer pasar por feliz el Saidí de antes de la fruta.

Saidí estaba entonces vuelto hacia el secano regado por el canal de Aragón y Cataluña…Oía a los hombres hablar con respeto del año 1909, cuando se abrió el canal y los abuelos eran críos…Los pocos árboles que hay en las sierras fueron plantados por ellos, para frenar el cierzo y el vuturno.

Convivir con animales era normal…A veces me pregunto qué efecto ha tenido en las mujeres de más de cuarenta años dejar de criar animales y de transformarlos en comida, la desaparición del corral, de sus rutinas y sus sorpresas. Está muy claro lo que se ha ganado: las casas y las calles del pueblo están limpios de hedores y de paja embarrada. No sé en cambio qué se ha perdido para siempre sin los animales.

…la tierra es madre de todas las hierbas, y de todo lo que se le planta, madrastra.

¿Es necesario decir que la televisión ha uniformado el mundo rural a la manera del mundo urbano, o ya lo sabe todo el mundo?

Pasado y futuro es la dualidad en que ha movido toda la vida un campesino de edad: la tradición del trabajo y el tiempo que hará.

Por los periódicos y por la tele no sabemos gran cosa, excepto cuando los agricultores montan manifestaciones sonadas y las cámaras les hacen algo de caso.

La Europa bancaria, la Comunidad Europea si queréis, contempla las tierras del sur del continente como tierras retiradas de sus funciones agrícolas, destinadas a parques naturales donde los antiguos agricultores serán los conservadores del paisaje, una especia de guardas forestales del secano, del regadío, de las marismas y de cualquier otro terreno. Algunos, muy pocos, tendrán industrias agrícolas muy rebonitas, como criar caracoles o una golden especial contra el cáncer.

Un hilo une el presente con la Revolución francesa, que, en España, con la desamortización de Mendizábal, se hizo al revés.

La tierra retirada cobra por estarlo. El Gobierno paga por conseguir que le labrador deje la tierra sin trabajar, y como no puede pagar por las tierras yermas…los políticos se han inventado esta modalidad de la tierra retirada.
Notas: La traducción es de Altea Gómez Marco y Marta Hernández Pibernat. La fotografía, una protesta en la región de Valonia que lleva a los ganaderos belgas a regar con leche, aparece en EL PAÍS :http://http://www.elpais.com/fotografia/economia/Protestas/precio/leche/elpfoteco/20090917elpepueco_1/Ies/

jueves, 12 de febrero de 2009

Karl Kraus: Dichos y contradichos

Intento dejar unos días entre la lectura de un libro que me ha interesado y su post. A veces, esos días en los que pienso -y olvido parte de los detalles- me llevan a darme cuenta de algo nuevo. Así me ha parecido que Kraus, criticando al periodismo de su época y de su país, podría estar apuntando hacia el principio (moral) del Blog, de un buen blog. ¿Por qué? Tal vez porque renunció a la actualidad y al tópico del periodismo y publicó un periódico –Die Fackel (La Antorcha) – desperiodizado. ¿Qué otra cosa es un blog?
Me pregunto además ¿Cuántos lectores de aforismos habrá entre los lectores?, ¿desde cuándo los leo yo? Y ¿Por qué no los he leído antes? Ni siquiera sabía que existieran. Es suficiente con que diez sean buenos para leer un libro de aforismos. Al menos, eso me parece a mí. Aquí dejo algunos, fuera de contexto, claro, y eso es lo peor que le pueden pasar a estos aforismos que siguen.

Una mujer que no puede ser fea no es bella

Que una mujer sea agua sobre una bandeja. Uno la arrastra con el dedo adonde quiera, y no deja rastro donde ha estado. Puede ser el recuerdo más bello.

Ojos que ven, corazón que no siente.

¿Cómo aprende la humanidad a nadar? Se le dice dónde se encuentran los puntos peligrosos y que el agua es una combinación de hidrógeno y oxígeno.

Hemos sido lo bastante complejos como para construir la máquina y somos demasiado primarios para dejar que nos sirva.

Vamos a ver, ¿existe alguna protección contra la errata que, cada vez que se habla de una erudición estúpida, la convierte en estupenda?

Hay dos tipos de escritores. Aquellos que lo son y aquellos que no lo son. En los primeros, el contenido y la forma van juntos como el alma y el cuerpo; en los segundos, hacen juego como el cuerpo y el vestido.

En caso de duda decídase por lo correcto.

El aforismo nunca coincide con la verdad: o es media verdad o verdad y media.

Se busca desierto adecuado para un espejismo.

¡Perdónalos señor porque saben lo que hacen!

Ata corto tus pasiones, pero guárdate de dar rienda suelta a la razón.


Para terminar, una frase que aparece de otra forma en el diario de Roger Wolfe que leo hoy, y que podría ser una traducción con interrogaciones de la de Kraus: Ni tan solo se vive una vez. Escribe Wolfe: Siempre recuerdo una pintada que vi una vez en un muro, en Londres, hace muchos años. Decía: ¿Hay acaso vida antes de la muerte?
Eso es lo que me pregunto leyendo este diario. Y me hago ilusiones pensando que esa idea se me olvidará días después de haber pasado la última página. El lunes o el martes, calculo
.

domingo, 11 de enero de 2009

Elio Vittorini: Cerdeña como una infancia

Supongo que esta Cerdeña es lo que ni Berlusconi ni Briatore buscan en ella: Es decir, llanuras de trigo cortado, bosquecillos de chumberas, y casas en hileras torcidas: sencillez.
Vittorini distinguió entre obras, las suyas, alumbradas por el simple “placer de escribirlas” y obras que le costaban “sudores fríos”. Normalmente, en el segundo caso, la subida de temperatura se debía a la complejidad de la obra que llevaba entre manos.
El viaje fue una constante con la que disfrutó a la hora de escribir. Otra más, el no aceptar los límites que separaban la poesía de la narrativa. Según él –y otros “solarianos”-, salvo excepciones, solo americanos como Hemingway o Faulkner estaban rescatando la novela del intelectualismo, a sotavento de la poesía.
Así que, cuando uno empieza a leer este libro reconoce alguna influencia de estas ideas renovadoras, de ese intento de superar las actitudes nacionalistas de la literatura italiana.
¿Será la sencillez parte de la vuelta a cualquier infancia, a cualquier literatura sencilla? ¿Será que la Ortigia de Siracusa también era en los años treinta -tan cercanos al Crack- una isla y una ciudad de marineros y campesinos y, con un padre ferroviario, solo vivía allí cuando él tenía vacaciones y la añoraba? Quizá. Tal vez, que la infancia no se recupera nunca. Por lo que cuenta Vittorini, el resto del tiempo lo pasaba en pequeñas estaciones rodeadas de desierto. También algo de eso, de recorrido de línea, tiene este libro pequeño.