jueves, 22 de octubre de 2026

Eider Rodríguez: Era todo el mismo hueco

 


—No quiero morir en pijama —dijo Fani.

Nekane sacaba la pulpa de una hoja de aloe con un cuchillo, sentada en el borde de la cama.

[…]

—No quiero morir en pijama.

—¿Y qué nos vamos a poner? —Desde que empezó a pensar en singular, le había dado por hablar en plural.

[…]Plantas por todas partes. Nekane había tomado el relevo para cuidarlas y seguía con atención las indicaciones que le daba Fani desde la cama: «Esa necesita poca agua, ¿te acordarás?». Su favorita era una monstera gigantesca, con los nervios de las hojas visibles a contraluz y las raíces reptando fuera de la maceta como víboras. «Esa, en verano, aléjala de la ventana». Porque en verano Fani ya no estaría, al día siguiente tampoco.

 […]

Era su amante, era su hermana, era su madre, era su padre, era su hija, era su camarada.

[…]

Quería que se muriera ya, y se avergonzó por desearlo, aunque no fuera la primera vez. Lo aprendió con el tiempo: no sabía mucho sobre el deseo, pero el deseo lo sabía todo sobre ella.

—¿Con quién me voy a enfadar ahora? —le preguntó—. ¿Cómo voy a doblar las sábanas con estos brazos tan cortos?

Eider Rodríguez — Era todo el mismo hueco

La traducción es de Ander Izaguirre.


jueves, 15 de octubre de 2026

Sergio Galarza: Barrio Moscardó


 “Barrio” es una palabra que proviene del árabe, como “ceviche”, en la versión que defendía el historiador Juan José Vega y que vinculaba el origen del plato emblemático de los peruanos con la palabra sibech. En árabe hispánico, Bárri significa exterior, y viene de barrī, que en árabe clásico significa salvaje. Lo que está fuera, entendido como lo bárbaro, en contraposición con lo domesticado, que vive bajo un techo, necesitado de protección, eso es el barrio en el imaginario popular: los parques y sus canchas de fulbito, las esquinas donde se juntaban los patas formando una mancha, las calles y los paisajes, las bodegas y los kioscos de periódico, ese espacio público que funciona como un archivo mudo de la geografía sentimental de los vecinos.

De allí que ser de barrio equivalga a tener calle, según lo especifica la jerga peruana.

[…] Un niño sin calle da más pena que las bestias del circo en sus jaulas.

Sergio Galarza – Barrio Moscardó

La foto pertenece al archivo fotográfico del C.D. Colonia Moscardó.

lunes, 5 de octubre de 2026

Rocío Rojas-Marcos: Mohamed Chukri


Su obsesión por la lectura le había hecho abandonar casi completamente los estudios, por lo que no aprobó el examen de graduación en la Escuela de Magisterio. A pesar de ello, le dieron destino en Tánger. Tras la independencia, el país necesitaba reincorporar nuevos empleados nacionales a los puestos que se estaban creando. Lo destinaron a una plaza en la escuela mixta del Barrio Nuevo como maestro de los primeros cursos de primaria. Niños en los que se veía reflejado, niños en los que reconocía la mirada del hambre y del frío. Poco tiempo después de empezar a trabajar descubrió su falta de vocación como maestro. La paciencia no era una de sus virtudes y el deseo de aprender a escribir y leer que lo habían llevado hasta ese puesto había surgido de su afán de superación, de querer ser reconocido, salir de la miseria humana, pero la coraza de sufrimiento que había ido recubriendo su corazón desde la infancia dolía ahora al enfrentarse a los niños como él. Su conclusión era que tenían que ser ellos los que debían desear salir de la cloaca, él no tenía nada que enseñarles aprender letras es muy diferente de querer saberlas.

Rocío Rojas-Marcos – Mohamed Chukri. Hambre de escritura

La fotografía es de Luis de Vega. 

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Edgardo Scott. En las antípodas de la expedición Amundsen

 


El camino sugiere soledad, es posible, pero más aún el paseo. ¿Cuál es la diferencia entre una caminata, caminar y dar un paseo? Hay un giro útil, tan exacto como expresivo: dar una vuelta. Ir a dar una vuelta, eso es pasear. De modo que en el sentido mismo de la marcha está incluido el retorno; volver al inicio, al punto de partida. Se da un paseo y se vuelve. Se da una vuelta y, justamente, se vuelve. ¿Pero se vuelve, se regresa igual o distinto? Esa es la incógnita. En ese paseo ocurre, puede ocurrir, si tenemos suerte, si tenemos valor, alguna experiencia.

Edgardo Scott – Flâneurs, paseantes, walkmans, vagabundos, peregrinos

La fotografía es de Bernard Plossu.


jueves, 17 de septiembre de 2026

Laura Carneros: Proletaria consentida

Me gusta el olor a cemento fresco porque así olía la ropa de mi padre al volver del trabajo, cuando le daba un beso. Me gusta el olor a humedad de los aparcamientos subterráneos, creo que fui una cucaracha en otra vida. Puede que me guste ser la mitad de la mujer que de mí se esperaba. Trabajar media jornada, vivir en una casa que nunca será mía, dormir a mis treinta y tres en la habitación que soñé a los nueve: escritorio propio, balcón y estantería. Demasiado lejos has llegado, proletaria consentida, en comparación con tus antecesoras.

Laura Carneros - Proletaria consentida

La fotografía es de Jessica Backhaus

lunes, 7 de septiembre de 2026

Ernest Hemingway. A propósito de la escritura


 

En el tercer volumen no resbales y dejes que se te cuelen personajes perfectos [...] Si te sale un comunista noble, recuerda que probablemente se masturba y es celoso como un gato. Haz que sigan siendo personas, personas, personas, no dejes que se conviertan en símbolos. Recuerda que la especie es más antigua que el sistema económico.

A John Dos Passos, 1932 – Selected Letters

Ernest Hemingway – A propósito de la escritura. Edición de Larry Philips. Traducción de Clara Pastor.

La fotografía es de Ansel Adams.

sábado, 11 de julio de 2026

Miguel Ángel Ortiz Olivera. Para qué puede servir la cinta aislante.

 

Agotado el optimismo de los años noventa, comenzamos el 2.000 y nos dimos de bruces con un milenio que, ya antes de comernos las primeras uvas, tenía toda la pinta de que se nos iba a atragantar. En 366 días la burbuja puntocom estalló, un virus llamado I love you se expandió por los correos electrónicos de la CIA y el afilado fuselaje de un Concorde cayó al suelo nada más despegar de París. Por esas mismas fechas los personajes de Brazaletes de cinta aislante, Koldo, Fichu, Lolo, Chencho, Pitu, Zurdo y varios jóvenes burgaleses más guardaban luto tras el accidente mortal de Suso, el 10 de su equipo de fútbol.

A pocos lectores de la novela les causará extrañeza que le profesen mayor dedicación a este deporte que a cualquiera de las asignaturas que estudian en el instituto. Menos aún, cuando adviertan que los chavales viven en Medina de Pomar, un antecedente de lo que Fuentealbilla es a Iniesta, solo que con una cultura futbolística más desarrollada. Desde los años treinta del siglo pasado se practica el fútbol en esta localidad. Es el feudo del Alcázar C.D., equipo en el que comenzó a jugar Chus Pereda, mítico héroe de la Eurocopa del 64, jugador del Real Madrid y del Barça.

Hasta poco antes del accidente en moto de Suso, los chavales vivían con la esperanza de estatus de todo tipo que desprende el fútbol profesional. Sin embargo, su muerte les hará abrir los ojos y mirar más allá de las líneas de los campos, los vestuarios, los banquillos y las porterías. La Superbowl, un torneo veraniego de fútbol que se celebra en una Barcelona a la que viajarán en autobús para competirlo, no va a ser lo mismo sin él. Incluso, aunque Chus Pereda, que vive en la ciudad condal, se acerque a animarlos. Es más, parecen intuir que una vez finalice su último partido, el equipo se disolverá, sus relaciones probablemente se enfriarán y, quieran o no quieran, tendrán que decir adiós a la adolescencia.

Describiendo la sencilla vida de estos chicos en el pueblo, en el viaje en autobús hasta Barcelona y durante el transcurso de los partidos en la Superbowl, Miguel Ángel Ortiz teje una narración cargada de peripecias y conflictos familiares narrados con la sinceridad propia de la inexperiencia de los personajes. Para ello se vale del uso de un argot juvenil con el que demuestra tener un tímpano literario muy afinado, similar al que acredita José Ángel Mañas en su aclamada Historias del Kronen, novela que relataba la vida de cierta juventud durante los inconscientes noventa, aunque en un ámbito exclusivamente urbano y en un estatus social superior.

Por tanto, a pesar del lenguaje utilizado y de la cercanía cronológica de las narraciones, los novelistas no retratan la misma juventud. Sería muy raro que a los personajes de Historias se les ocurriese decir lo que puede leerse en Brazaletes: […]ninguno de este equipo va a ser nada en la vida por muchos sobresalientes que saque en el instituto.

Después de escucharlos, diría que alguno de ellos se ve en el futuro devanando rollos y más rollos de cinta aislante como la que usan para lucir luto en la Superbowl. Al fin y al cabo, es lo que utilizan electricistas, mecánicos, manitas y otras profesiones que no se estiman nada. Para qué puede servir la cinta aislante más allá del fin con el que se fabrique es una de las cuestiones que me he planteado leyendo Brazaletes, pero seguramente otros lectores puedan encontrar muchas más. Como dice Rodri, uno de los jóvenes personajes de la novela: Leer no es solo pasar páginas.

Las fotografías son de TonyHeslop