Me senté en el muro, mirando el mare nostrum. Recordé que Daniel decía que el agua del malecón era también agua del océano Atlántico, nunca mencionaba el mar Caribe. Le gustaba pensar que formábamos parte de algo más grande.
[…]
—¿Eres española? —me preguntó una señora mayor, que me miraba con curiosidad. Le dije que no con la cabeza, no quería hablar. Estaba triste y no me interesaba salir de mi tristeza.—¿Francesa?
De nuevo negué con la cabeza, esta vez asombrada de su insistencia para endilgarme otras nacionalidades.
—¿Eres cubana?
Mi gesto era ya de cansancio, le dije que sí e hice ademán de levantarme.
—¿Cubana de La Habana o de Miami? —continuó.
—¿Qué quiere? —le dije finalmente, curiosa.
—Tengo vajillas de porcelana de Sevres, estoy buscando a quien venderlas —me dijo entre feliz de que le hubiera respondido y apenada por interrumpirme.
Busqué en mi bolso la agenda y le di la tarjeta del anticuario a quien he vendido mis cosas.
Mylene Fernández Pintado — La esquina del mundo
Prólogo de Magdalena López.
La fotografía es de Juan Manuel
Díaz Burgos.





