jueves, 26 de marzo de 2009

Jules Renard: Diario (1887-1910)

Como trozos de espejo roto. Así es su escritura. O adoquines, ladrillos. Renard, nacido en una familia de campesinos (De la mano en el arado a la mano en la pluma) y con el pelo color peligro (zanahoria), hace su propia apuesta literaria: un realismo tan sobrio que sus obras terminan haciéndose fragmentarias.
Sus frases logran el efecto poético por condensación y disociación de ideas. Un método del surrealismo que Reverdy y Breton teorizan más tarde y Gómez de la Serna usa en algunas greguerías. Su estilo busca contar no toda la verdad, pero únicamente la verdad. Sus diarios son lo más importante de todo lo que escribe. Aquí tienes algunos ejemplos.

1887.
27 de diciembre. El trabajo piensa, la pereza sueña.
1889.
25 de julio. La literatura: no puedo darte lecciones. Puedo decirte qué libros he releído, y qué escritores me han gustado.
28 de julio…quien lee demasiado no retiene nada. Elige a tu hombre. Relee, reléele para asimilarlo, digerirlo. Comprender es igualar.
1890.
28 de enero. Los burgueses son los demás.
4 de septiembre. Los platos desportillados duran más que los intactos.
1892.
1 de abril. Renunciar absolutamente a las frases largas que más que leerse, se adivinan.
1894.
7 de julio. ¡Que la mano que escribe ignore siempre el ojo que lee!
17 de octubre. Llamo clásicos a los que no aún no hacían de la literatura un oficio.
1895.
1 de enero. Tengo que repetirme que la literatura es un deporte, que todo depende del método, hoy llamado entrenamiento. No se corre ningún peligro de superar los propios límites.
13 de abril. Escribir es una forma de hablar sin que te interrumpan.
1896.
3 de noviembre. Versos, versos, y ni una línea de poesía.
28 de diciembre. El paraíso no está en la tierra. Pero hay fragmentos. En la tierra hay un paraíso roto.
1897.
28 de enero. Entérate de que no habrás progresado realmente hasta que hayas perdido el deseo de demostrar que tienes talento.
1898.
15 de agosto. La forma no puede ir por un lado y el fondo por otro. Un mal estilo es un pensamiento imperfecto.
19 de noviembre. Dios no cree en nuestro Dios.
1901.
11 de Marzo.Trata de no aceptar nada de manos que no te gustaría estrechar si no te ofreciesen nada.
1902.
15 de abril. El pájaro enjaulado no sabe que no sabe volar.
3 de septiembre. En cuanto una verdad pasa de las cinco líneas, es novela.
31 de diciembre. Año: una rebanada cortada al tiempo, y el tiempo sigue entero.
1903.
16 de mayo. La frase tiene que ser tan clara que dé placer a la primera, y que, sin embargo, se le relea a causa del placer que ha dado.
1904.
21 de enero. El ciempiés solo tiene…veinte patas.
24 de ooctubre. El feminismo es no contar con el príncipe azul.
1905.
9 de enero. Ser socialista por la razón no cuesta nada, pero el sentimiento arruina. El socialista por la razón puede tener todos los defectos del rico; el socialista por sentimiento debe tener todas las virtudes del pobre.
15 de marzo. Un moderado es un señor que se interesa moderadamente por el bien de los demás.
Julio. Si temes la soledad, no trates de ser justo.
1908.
11 de noviembre. Un escritor solo tiene que ser escritor. Lo demás es literatura.


Notas:
La fotografía es de
J.R.
La edición, traducción y prologo son de Josep Massot e Ignacio Vidal-Foch.

domingo, 22 de marzo de 2009

Antonio Ferres: Mirada sobre Madrid

Jordi Gracia y la revista Acento. No existen muchas más fuentes (fáciles, salvo sus Memorias de un hombre perdido) a las que recurrir para saber algo del tiempo en que Ferres y otros escritores intentaron aplicar a su literatura un realismo que algunos llamaron Realismo de la Berza.
En Acento Cultural -una revista que se editó entre 1958 y 1961 en España- Antonio Ferres manifiesta que la literatura debe ir hacia el realismo, pero no de simple testimonio, sino crítico, comprometido.

Ferres. Evidente: la obra que escribió Ferres en aquellos años siguió esa consigna. Cuando en 1967 apareció en España Mirada sobre Madrid, Ferres vivía en Estados Unidos. Enseñaba novela española contemporánea en la Universidad de Indiana. Había escrito, tras ganar el premio Sésamo en 1954, cinco libros más: La piqueta, Caminando por la Hurdes (con Armando López Salinas), Los vencidos (publicado en Italia, por Feltrinelli, antes que en España, en 2005), Tierra de Olivos y Con las manos vacías. Estados Unidos cambió su forma de escribir.

Tradición. Recuperado para las librerías por Gadir, me pregunto si Ferres no es más tradición de lo que me parece en autores jóvenes. Quizá no sea fácil encontrarla. Hay, sin embargo, una frase en Caminando por las Hurdes que, podría decir, tengo grabada, -y sacada de contexto-: Hay muchas maneras de defender la tradición.
Hace unos días que conseguí este libro que parece escrito, por contraste, para la chica que aparece en la foto de arriba: una princesa. Y para mí, por otro motivo. Ahora, por fin, tengo esa media docena de textos que puedo repasar una y otra vez.



Blancanieves. ¿Cuántas manzanas de casas vamos a partir en dos para descubrir dentro los gusanos que son la gente?

Sol.…la ciudad entera…3.014 horas de sol en el año 1962.

Viento. La nueva ciudad…sigue las carreteras o las puntas de las rosa de los vientos. Primero con chabolas y, luego, casuchas parecidas en todo a las abandonadas en sus respectivas regiones.

Libertad…bajo las…vías que van a la estación de Atocha…hay un hombre viejo con un letrero en la mano, que pone LIBRE. Hace las veces de modesto semáforo a bajo jornal, y da paso al coche que tiene “prioridad” para evitar choques.

Puntos cardinales. Hay barrios muy alejados, como el del Gran San Blas o del Pequeño San Blas, a los cuales llegan los autobuses llenos de gente con el mismo aire cansado de los viajeros que regresan a la banlieue de París, y donde el precio de edificación es más barato…poblados dirigidos y bloques y viviendas protegidas o experimentales y barriadas de absorción…(Apiñamos gente en esas diligencias paradas y vivan todos como de viaje que dijo Larra.)…La gente de estos suburbios parece menos pobre, según nos acercamos al Norte…los tecnócratas comprueban esa natural tendencia a afincarse en esta parte las gentes de las provincias del Norte, mientras que los toledanos y andaluces quedan en la zona que les corresponde.

West Side Story. (Una película que muestra la vida, los nuevos mitos de los adolescentes portorriqueños coartados, vejados, perseguidos al otro lado del río Hudson, en el barrio Oeste de Nueva York.)…Y hay que hacer un distingo entre los ye-yes burgueses de algunas salas del Centro…y esos otros muchachos más duros, rajados y heridos por la vida; un distingo entre las chicas de finas cinturas y carne tostada en las elegantes piscinas o en las veraniegas playas y las adolescentes que se queman las manos en laboratorios químicos y talleres.

El alma de los enanos. Ahora la ciudad tiende a crecer también verticalmente…hay capas de distinta claridad y color en el cielo. Al final, una lámina negra, estrellada, sobre todo Madrid. Sobre los veinte cerros o colinas que forman la ciudad…Y como una intuición del Madrid de 6 millones de almas del año 2000.

Blancanieves. Estoy seguro de que la chica que habla inglés no habrá pasado hambre nunca…Estoy seguro de que no sabe gran cosa de esta sofocante ciudad, ni sabe la parte de Madrid que debemos salvar.

Notas:
La fotografía es de Gonzalo Juanes. Serrano, Madrid, 1965.
Miradas sobre Madrid está ilustrado con fotografías de Daniel Gil.
El primer párrafo del post lo he obtenido del libro de Jordi Gracia, Estado y cultura. El despertar de una conciencia crítica bajo el franquismo, 1940-1962 (Anagrama, 2006)

jueves, 19 de marzo de 2009

José María Cumbreño: Las ciudades de la llanura

José María Cumbreño. Hace un par de años pedí una decena de poemarios a la Editora Regional de Extremadura. Libros finos, los leí en pocos días de un verano, en vacaciones, algunos en una playa de Portugal.
El suyo fue uno de los que mejor recuerdo. No sabía quién era él cuando lo leí, salvo que un artículo de Serafín Portillo en La Gaceta del Libro en Extremadura lo incluía en el Grupo de los 80/90, entre otros extremeños. Ahora conozco algo más. Su blog. Su poemario. Y algo de su trabajo en Littera Libros, junto a Antonio Reseco, otro poeta, otro poemario del mismo julio. Aquí, cuatro de sus poemas:


LA SEMILLA

Custodia la semilla el augurio del fuego
como la sed promete lo que después no cumple.

EL ÁRBOL

Ten en cuenta que el árbol crece en dos direcciones,
pero sólo una brinda un lugar a la sombra.

LOS REMOS

Remar sin avanzar; remar mientras se aprende
a ir arrojando al agua más cosas cada vez.

GOZNES

Incluso las puertas de una casa
en ruinas
pueden abrirse sólo hacia un lado.

Nota: La fotografía es de Julieta Pellicer.


lunes, 16 de marzo de 2009

Agota Kristof: La analfabeta



Dos respuestas para una entrevista. "Me equivoqué al publicar estos textos. Es una recopilación de narraciones que, hace años, mandaba a una revista en alemán en Zurich. No tienen ningún valor. Son redacciones escolares. ¿Por qué las publiqué? Entonces porque necesitaba el dinero."
Ya no escribe. "No lo necesito. Para mí la escritura es demasiado importante como para hacer algo que no me guste. Y no creo que me salga ya nada mejor de lo que escribí- ¿Para qué empeñase? Tuve tres hijos y estuve casada dos veces. Nada de eso me impidió escribir. Quizás la fábrica…Ahora tengo todo el tiempo del mundo y no lo hago."

Aquí, anotaciones de su escritura sin grasa ni circunloquios. Sin subrayados.


Leo. Es como una enfermedad.

Las ganas de escribir vendrán más tarde, cuando el hilo de plata de la infancia se haya quebrado…cuando separada de mis padres y mis hermanos, ingreso en un internado de una ciudad desconocida, donde, para soportar el dolor de la separación, sólo me queda una solución: escribir.

Años cincuenta. Exceptuando algunos privilegiados, en nuestro país todo el mundo es pobre. Algunos son incluso más pobres que otros.

Me prestan zapatos cuando necesito dejar los míos en el zapatero…Si tengo que devolverlos, me quedo tres días en cama por culpa del zapatero. No le puedo decir a la directora del internado que no tengo zapatos de recambio para ir a la escuela. Le digo que estoy enferma.

No puedo pedir dinero a mis padres. Mi padre está en la cárcel y no tenemos noticias suyas desde hace años. Mi madre trabaja donde puede

Al principio no había más que una sola lengua.

Decían que los gitanos…hablaban otra lengua. Yo pensaba que aquella no era una lengua de verdad…tenían vasos marcados, vasos que sólo eran para ellos, pues nadie quería beber en un vaso en el que había bebido un gitano.

Cuando tenía nueve años nos mudamos…a una ciudad fronteriza…de lengua alemana. Para nosotros, los húngaros,…era una lengua enemiga, ya que nos recordaba a la dominación austriaca.

Un año más tarde, fueron otros los militares que ocuparon nuestro país. La lengua rusa se volvió obligatoria en las escuelas, las demás lenguas fueron prohibidas…Asistimos aquí a un sabotaje intelectual nacional…Con la misma falta de entusiasmo son enseñadas y aprendidas la geografía, la historia y la literatura de la Unión Soviética. De las escuelas sale una generación de ignorantes.
Así es como, a la edad de veintiún años, cuando llego por casualidad a Suiza, una ciudad en la que se habla francés, me enfrento a una lengua totalmente desconocida para mí…esta lengua está matado a mi lengua materna.

Marzo de 1953. Stalin ha muerto…En el internado la tristeza es obligatoria.

Aquí he de pensar en Thomas Bernhard,…que no ha dejado de fustigar a su país. Murió el 12 de febrero de 1989…no hubo falsas lágrimas, quizá tampoco verdaderas…Sí es el primer libro suyo que leí…Es cierto que su contenido es terrible, pues este “sí” es ciertamente un “sí”, pero un “sí” a la muerte y, por lo tanto, un “no” a la vida.
Sin embargo, se quiera o no, Thomas Bernhard vivirá eternamente para servir como ejemplo a todos aquellos que desean ser escritores.

Tengo veintiún años Estoy casada desde hace dos años y tengo una niñita de cuatro meses. Atravesamos el límite entre Hungría y Austria una noche de noviembre, precedidos por un pasador de fronteras…yo llevo dos bolsas. En una de las bolsas hay biberones, pañales, ropa para cambiar al bebé; en la otra, diccionarios.

¿Cómo habría sido mi vida si no hubiera dejado mi país? Más dura, más pobre, pero también menos solitaria, menos rota; quizá feliz.
De lo que estoy segura es que hubiera escrito lo que fuera en cualquier lengua.

…empiezo a trabajar en una fábrica de relojes…me levanto a las cinco y media…Salgo a las cinco de la tarde…arreglo la casa, acuesto a la niña, lavo los platos, escribo un poco y me acuesto.
Para escribir poemas, la fábrica está muy bien. El trabajo es monótono, se puede pensar en otras cosas y las máquinas tienen un ritmo regular que ayuda a contar los versos…Por la noche lo paso a limpio en una libreta.
En el autobús de la mañana, el revisor se sienta a mi lado…me quiere tranquilizar explicándome que los suizos no permitirán que los rusos lleguen hasta aquí…Cómo explicarle, sin ofenderle, y con las pocas palabras que sé de francés, que su bello país no es más que un desierto para nosotros.

Cómo hacerse escritor. En primer lugar, hay que escribir, naturalmente. Luego, hay que seguir escribiendo. Incluso cuando no le interese a nadie, incluso cuando tenemos la impresión de que nunca interesará a nadie. Incluso cuando los manuscritos se acumulan en los cajones y los olvidamos para escribir otros.
He aquí la respuesta a la pregunta: uno se hace escritor escribiendo con paciencia y obstinación, sin perder nunca la fe en lo que se escribe.

Cinco años después de haber llegado a Suiza, hablo francés, pero no lo leo. Me he convertido en una analfabeta. Yo, la que sabía leer cuando tenía cuatro años.
Estoy obligada a escribir en francés. Es un desafío.
El desafío de una analfabeta.

Notas:
La fotografía la obtuve en esta dirección:
www.europeanliteraryinmigration.com
La entrevista es de Javier Rodríguez Marcos.
La traducción es de Juli Peradejordi

viernes, 13 de marzo de 2009

Elena Medel: Mi primer bikini

Erratas. En la tercera edición, aún quedan. Al menos, eso piensa su autora. La encontré en una librería. Casualidad. Tres meses después de haber leído Tara. Pedí que hiciese una firma en el libro sin pagar. Lo dedicó, tras haber corregido un poema. Imaginé que Tara tenía que ver con las erratas con las que seguían publicando Mi primer bikini. El poema era (es) el siguiente. Y se titula Celebración.


Como cada año amarillo,
las calles se llenan de vestidos
que hacen daño en el cuello,
de pies con zapatos de baile
para estatuas.
En las casetas de tiro surgen
chaquetas con hombros,
proyectiles excesivos
que escupen regalos a las nubes.
Peluches agujereados,
pequeñas botellas abolladas
y tesoros que almacenaremos
en anaquel inadvertido.
Estaciones atrás, un día como éste,
me crucé con una ristra de celofanes,
con mujeres que decían lo hermoso
que es coleccionar brillos y baberos.
Sollocé y pataleé
por un pedazo rojo brillante:
alguien me regaló
lo que parecía un bastón de caramelo.
Al morderlo, el plástico me reveló
que jamás lo que deseamos se parece a lo obtenido.
Con la soberbia de la infancia,
lo pisoteé en el suelo
convirtiendo el bastón
en una caricatura de azúcar astillado.
Al saber qué había hecho, me eché a llorar:
todos los niños –menos yo- tenían un bastón,
exactamente igual a aquel que yo hice trizas.
Siempre todos menos yo; siempre nadie menos yo.

Hoy sigo destruyendo
-cebándome con saña-
las cosas que más quiero.



Nota: La fotografía la encontré en www.triplov.com

miércoles, 11 de marzo de 2009

Grace Paley: Deseos


Paley. Descubrí este cuento en una antología prestada. Lo que siguió fue comprarme sus Cuentos completos, publicados por Anagrama. De los 44, leí 6. Creo que la razón estuvo en que esperaba puñados de cuentos como Deseos, y me faltó d-i-s-c-i-p-l-i-n-a para seguir buscándolos. Sinceramente: creo que no los hay. No es fácil.
Paley murió hace año y medio, y el marcador sigue con el mismo resultado, en esa media docena de cuentos leídos. Ahora, entre sus hojas, está una necrológica que escribió Rodrigo Fresán. Es lo único que ha cambiado tras su muerte. No solo me refiero al avance de mi lectura. Yo también quiero hacer algo más que leer, otras cosas que las que estoy haciendo. El tiempo pasa.
De momento, como un intento de sacarme ese pensamiento tópico, autocomplaciente y destructivo de la cabeza, queriendo no ser más dramático de lo necesario, copio este cuento, este gran cuento, en el que como todo buen escrito es más lo que se insinúa que lo que se dice. Y se dice mucho.


Vi a mi ex marido en la calle. Estaba sentada en las escaleras de la nueva biblioteca.
Hola, mi vida, dije. Habíamos estada casados veintisiete años, así que me sentía justificada.
Él dijo, ¿Qué? ¿Qué vida? La mía desde luego que no.
Y yo, Bueno. No discuto cuando hay verdadera discrepancia. Me levanté y entré en la biblioteca a ver cuánto debía.
La bibliotecaria dijo que treinta y dos dólares en total, y lleva usted debiéndolos dieciocho años. No negué nada. Porque no entiendo cómo pasa el tiempo. He tenido esos libros. He pensado con frecuencia en ellos. La biblioteca sólo queda a dos manzanas.
Mi exmarido me siguió a la sección de devolución de libros. Interrumpió a la bibliotecaria, que tenía más que decir. En varios sentidos, dijo, cuando miro hacia atrás, atribuyo la disolución de nuestro matrimonio al hecho de que nunca invitaste a cenar a los Bertram.
Es posible, dije. Pero en realidad, si recuerdas: primero, mi padre estaba enfermo aquel viernes, luego nacieron los niños, luego tuve aquellas reuniones de los martes por la noche, luego empezó la guerra. Luego, era como si ya no les conociésemos. Pero tienes razón. Debería haberles invitado a cenar.
Entregué a la bibliotecaria un cheque de treinta y dos dólares. Confió plenamente en mí, se echó a la espalda mi pasado, dejó limpio mi expediente, que es exactamente lo que
jamás harán las otras burocracias municipales y/o estatales.
Pedí prestados de nuevo los dos libros de Edith Wharton que acababa de devolver, porque hacía mucho tiempo que los había leído y ahora son más oportunos que nunca. Los libros eran
The House of Mirth y The Children, que trata de cómo cambió la vida de Estados Unidos en Nueva York, en veintisiete años, hace cincuenta.
Una cosa agradable que recuerdo muy bien es el desayuno, dijo mi ex marido. Me sorprendió. Nunca tomábamos más que café. Luego recordé que había un agujero en la pared del armario de la cocina que daba al apartamento contiguo. Allí siempre tomaban tocino ahumado, curado con azúcar. Daba una sensación majestuosa a nuestro desayuno, aunque nosotros nunca llegáramos a quedar ahítos.
Eso fue cuando éramos pobres, dije.
¿Es que alguna vez fuimos ricos?, preguntó.
Bueno, con el paso del tiempo, a medida que nuestras responsabilidades aumentaron, ya no pasamos necesidades ni apuros. Tú lograste resolver los problemas económicos, le recordé. Los niños iban de colonias cuatro semanas al año y llevaban ponchos decentes, con saco de dormir y botas, como todos los demás. Tenían un aspecto espléndido. Nuestra casa estaba caldeada en invierno, teníamos unos cojines rojos muy lindos, y otras muchas cosas.
Yo quería un barco de vela, dijo. Pero tú no querías nada.
No te mortifiques, dije. Nunca es demasiado tarde.
¡No!, dijo con gran amargura. Puedo conseguir un barco de vela. La verdad es que tengo el dinero suficiente para una goleta, Me van muy bien las cosas este año, y creo que me irán aún mejor. En cuanto a ti, es demasiado tarde. Tú nunca desearás nada.
A lo largo de aquellos veintisiete años mi ex marido había tenido la costumbre de hacer comentarios hirientes que, como el desatrancador del fontanero, se abrieran paso oído abajo, bajaran por la garganta y llegaran hasta mi corazón. Y entonces desaparecía y me dejaba con aquella sensación de opresión que casi me ahogaba. Lo que quiero decir es que me senté en las escaleras de la biblioteca y él se fue.
Eché un vistazo a
The House of Mirth, pero perdí interés. Me sentía sumamente acusada. Qué le vamos a hacer, es verdad, ando escasa de deseos y de necesidades absolutas. Pero la verdad es que hay cosas que quiero.
Quiero, por ejemplo, ser una persona distinta. Quiero ser la mujer que devuelve esos dos libros en dos semanas. Quiero ser la ciudadana eficaz que cambia el sistema escolar y comunica al Comité de Presupuestos los problemas de este querido centro urbano.
Había prometido a mis hijos poner fin a las guerras antes de que fueran mayores.
Hubiera querido estar casada para siempre con las misma persona, bien mi ex marido, bien mi marido actual. Cualquiera de los dos tiene suficiente personalidad para llenar una vida, lo cual, si bien se mira, tampoco es tanto tiempo. En una vida breve no puedes agotar las cualidades del hombre ni meterte debajo de la roca de sus argumentos.
Esta mañana, precisamente, me asomé a la ventana para mirar un rato a la calle y vi que los pequeños sicomoros que el ayuntamiento había plantado soñadoramente un par de años antes de que nacieran los niños habían llegado a su plenitud.
¡Bueno! Decidí devolver aquellos dos libros a la biblioteca. Lo cual demuestra que, cuando surge una persona o un acontecimiento que me conmueve o me hace darme cuenta de mi propia valía, soy capaz de obrar de la manera adecuada, aunque sea más conocida por mis comentarios afables.


Notas.
La fotografía pertenece a gentl & hyers / edgreps.com
La traducción es de J. M. Álvarez Flórez y Ángela Pérez.

domingo, 8 de marzo de 2009

Carlos Pardo: El invernadero


Pana. A esta tela –plastificada-, me recuerdan las cubiertas “Hiperión”. Pana, con surcos verticales, pasada de moda. Pana roja, pana azul; marrón claro, en esta ocasión. Ropa de pobre o de invierno. Libros que forro con papel sin usar, aunque no se pueda leer el nombre del autor ni el título: es, al abrirlos, cuando disfruto de aquellos poemas que me gustan. Del que sigue, por ejemplo.

Cuestión de principios.

Mi ventana es perfecta para verte
y avanzar en tus páginas
o en la rápida pluma que dibuja
constantemente cosas:
figuras muy confusas desde aquí,
palabras que procuro imaginar.

Cuando vuelvo de clase
y te veo encerrada entre los libros
pienso que estás perdiendo la sonrisa
con la luz condensada de tu flexo.
No te he visto jugar con las repipis
que saltan en el parque y juegan a la goma
entre zapatos sucios y canciones,
siempre en casa escondida
desgastando tus mundos inventados
e impresos en papel.

No son libros de clase,
Veo tu biblioteca desde aquí
-confieso que me ayudan los gemelos-
Y hay cosas que envidiar para tu edad:
El Árbol de la Ciencia, Baudelaire,
Valle-Inclán, Luis Cernuda, Garcilaso
y más que no distingo,
los tapa tu casete.

Lo que puedo decirte es verdad sólo en parte:
no merecen los libros ser pagados tan caros,
pero que opine otro menos pobre.


Nota: La fotografía es de María Jesús Gómez Garcés.