lunes, 14 de marzo de 2011

Algo muy parecido.


--pág. 138
Asedié a un fotógrafo a quien apenas conocía con preguntas abstractas… Lo hice porque quería entender por qué razón cuando tomaba fotografías… sólo conseguía detenerme en imágenes parciales…
--
Me dijo: Claro, tomas fotografías de trozos, de ángulos, de perspectivas.
Me dijo: Yo hago lo mismo. Es una forma de acercarse a los objetos. En fotografía se considera una técnica y son fáciles de comprender las razones por las que lo hacemos.
Me dijo: la fragmentación hace el todo.
--pág. 139
Yo pensé: es casi así. Pero no exactamente.
--pág. 184
Aristóteles lo resumió así: Sólo podemos crear, dijo, lo que somos capaces de abarcar con la memoria. Una historia lógica, coherencia interna, suspense mantenido y la posibilidad de comprenderlo todo, todo el rato.
--pág. 185
…lo que podemos abarcar no es un panorama completo sino un lugar en el que detener la mirada: la perspectiva que tenemos, finalmente, desde un avión. O algo muy parecido.

+ Lolita Bosch.  Ahora, escribo,
x La fotografía es de Guido Baselgia.

domingo, 13 de marzo de 2011

La mesa puesta en Literaturas.com



En el número de marzo de La Revista de Literaturas.com, aparece esta reseña de Álex Chico que no quiero dejar pasar sin hacerle hueco en este blog.
  
La mesa puesta, de Manuel Abacá (Madrid, 1970), es uno de los últimos ejemplos que confirman la buena salud de los talleres literarios, en este caso los que organizan la Asociación de Escritores Extremeños y la Asociación de Universidades Populares. Sin ser los únicos, obviamente (pienso, por ejemplo, en los talleres de Clara Obligado en Madrid o en los de Sergi Bellver en Barcelona), lo cierto es que algunos de los nuevos autores que se han dado a conocer recientemente han surgido gracias a las clases o el asesoramiento de varios escritores extremeños. Quizás, el ejemplo más llamativo sea el de Juan Ramón Santos, que ha ido configurando una obra sólida y que, tras varios libros, ha culminado en la tan bien acogida novela Biblia apócrifa de Aracia (Del Oeste Ediciones, Badajoz, 2010). Uno de esos últimos casos, decimos, es el de Manuel Abacá.
La mesa puesta, su primer libro, está compuesto por ocho relatos y una introducción, cuyo título es “Un trabajo invisible”, y que sirve como punto de partida o como justificación, no sé si del todo oportuna, sí, en cambio, lo suficientemente bien escrita como para formar parte, como un cuento más, del resto de relatos que componen esta nueva edición de la Editora Regional de Extremadura. No debemos olvidar la cita que inicia el libro, de Julián Hertbert: “Una casa no siempre es donde te sientes a tus anchas, es más bien donde los otros saben que pueden encontrarte”. Las palabras de Herbert nos anticipan varios de los temas de La mesa puesta. Y de la forma que ha elegido para contarlos. El primero de los relatos (o el segundo, si consideramos esa introducción como un cuento más), “El podio”, nos sitúa ante un autor que sabe narrar, que se ocupa, sin ambages, de historias aparentemente sencillas, minúsculas. Decimos aparentemente porque, tal y como nos enseñó Chéjov, en las historias sencillas se encierran los grandes temas universales, desplegando un abanico complejo de emociones y sentimientos humanos. Abacá nos hablará de la relación entre padres e hijos, de conversaciones entre amigos, de historias durante el servicio militar o de un equipo de fútbol infantil. Lo que une a todas esta narraciones es que el autor se dirige a lo que esconden esos personajes. La esencia pocas veces se hace visible. La acción, en realidad, está en lo que no se dice, en lo que queda oculto. En todo aquello que no se ha contado y que, sin embargo, forma parte de la manera de ser del personaje. En ese sentido, un acierto del autor es la manera en que se desarrollan los relatos. Abacá  conduce al lector por caminos diferentes al que pensábamos desde el inicio. No es que estos cuentos sufran grandes giros. Se trata de involucrar al lector en una historia dentro de una historia general, de un planteamiento inicial. Casi todos los textos que se recogen en La mesa puesta tienen una historia dentro, a veces como una simple anécdota y otras como una evocación del pasado. Lo que intuimos desde su lectura es que esas historias paralelas dan la dimensión real del personaje. Le sitúan, le ubican, le interpretan, haciéndonos entender que, si la explican, es porque encierran la realidad de su estado actual. No son, por eso, banales, sino imprescindibles, cruciales, confiándose casi como un secreto, aunque no se  narre nada fuera de lo común. Es más: si fueran más comunes, resultarían, incluso, extravagantes. Por eso no importa tanto lo que son esos personajes. Se trata, más bien, de lo que insinúan. En su proceso de aprendizaje recapitulan parte de su vida y pretenden, así, expurgar su culpa. Personajes que se cuestionan a sí mismos y que, a veces, nos ofrecen su propia respuesta. Pensemos, por ejemplo, en el personaje del relato “Enero”, cuando busca explicación al porqué de su maniático orden. “¿Por qué soy así? Es una pregunta que me hago a menudo en el fregadero. Supongo que solo ordenando las cosas, entiendo cómo se desordenan”. ¿Por qué han llegado a tal o cual situación? ¿Por qué se sienten de una manera determinada? ¿Desde cuándo actúan así? Esas historias paralelas ponen de manifiesto su fragilidad, hechos aparentemente triviales que son capaces de dinamitar todo el universo de los personajes, su forma de relacionarse y su manera de juzgar lo que les rodea.
No obstante, Abacá se ha guardado una última jugada. Me refiero al relato que cierra el libro, “Prefijos”. Aquí encuentro no sólo el que para mí es el mejor de los cuentos que incluye, sino un compendio de los grandes aciertos de La mesa puesta: intensidad y profundidad a la hora de relatar una relación familiar, apego a la realidad (para dinamitarla), historias evocadas que son capaces de resumir toda una vida, intuición, insinuación... Todo ello, decimos, con una forma que se ajusta perfectamente a lo narrado, sin necesidad de demostrar al lector grandes e innecesarios alardes estilísticos, y que bien podrían despistarle.
La mesa puesta es, en definitiva, la estupenda carta de presentación de un autor al que, imaginamos, un largo recorrido literario. Y una muestra más de la importancia de una editorial implicada en continuar el buen momento de la literatura extremeña. Esperemos, por eso, que se den por aludidos los que nunca, ni antes ni ahora, la han valorado en su justa medida.


+ Álex Chico y su blog Isla de Elca

x la fotografía es de André Cepeda.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Jaula.


Hay algunos escritores jóvenes que no sólo tienen talento sino que también disponen, casi sin esfuerzo, de recursos estilísticos, de modo que en un primer momento no sabría decir por qué sus productos son deprimentes. Yo creo que se manejan con conquistas estilísticas de otros y renuncian a hacer sus propias conquistas. Es esto lo que se manifiesta como defecto, lo no propio, lo ya leído en otra parte. Pero al fin y al cabo esto es válido no sólo para los escritores más jóvenes sino igualmente para muchos otros, y probablemente ha sido válido en cualquier época.



+ Ingeborg Bachmann, Debemos encontrar frases verdaderas, conversaciones y entrevistas.

: Traducción de Ana María Cartolano.

x La fotografía es de Jean-luc Mylayne.





martes, 8 de marzo de 2011

Alergia.



La gente de la ciudad es como la gente del pueblo y, encima, son más.

x Francesc Serés. El vientre de la tierra (De estiércol y de mármoles).

+ La fotografía es de Leo Simoes.

jueves, 3 de marzo de 2011

Titular.

Amigo de la pelota

Cuando tenía 16 años comprendí
que no podría llegar a ser profesional

Controla el balón,
haz malabarismos y sobre todo trata
de hacerte amigo de la pelota
gritaba el entrenador.
Lo intentaba pero fracasaba.
Cambié de balón
pero fracasé.

Fue una preciosa tarde de primavera
llevaba las botas nuevas
el campo de fútbol estaba perfecto
tal vez los balones
estaban demasiado hinchados
aquella tarde
cuando el entrenador
me preguntó
si yo tenía una pierna ortopédica en la derecha
y me habían dejado tiesa la otra en una operación.
¡Joder,
trata de ser amigo de la pelota!

Milan, Manchester United, Real Madrid
los sueños hechos añicos
me tuve que hacer fontanero
a pesar de que yo nunca fui
enemigo de la pelota.


Begnt Cidden Andersson, Traducción de Francisco J. Uriz, El gol nuestro de cada día. Poemas sobre fútbol. Prólogo de Miguel Pardeza.

+ La fotografía es de Lionel Pralus.

miércoles, 2 de marzo de 2011

miércoles, 16 de febrero de 2011

Omar Pimienta: Escribo desde aquí.


Un lugar en el que naces un viernes
Años después de que Marc Augé -un antropólogo francés con orígenes catalanes y mechones de pelo blanco partidos en dos sobre su cabeza- acuñase el concepto nolugarismo para aplicarlo a las zonas de tránsito de las ciudades sobremodernas, Miguel Torga sentenció: lo global es lo local sin paredes.
Corría 1991 y probablemente el médico trasmontano no se refiriera a ningún tipo de pared en especial. No obstante, El Muro había caído (un jueves por la noche de un par de años atrás) y su escombro lo estaban vendiendo en porciones minúsculas a un mundo donde la globalización se extendía especialmente a las zonas donde los no lugares eran más numerosos. Yo no me había dado cuenta entonces de nada de lo que iba a ocurrir, menos cuando volvía de la tierra donde nacieron mis padres con esa sensación fronteriza y portuguesa que no sabría explicar y que me llevó a decidirme en cuestión de fronteras más por los meridianos que por los paralelos.
Omar Pimienta es recurrente en su obra a echar mano de la familia y la frontera que le tocaron. Una familia, desde Ginzburg, siempre tiene un léxico;  y la frontera simboliza como pocas cosas un lugar de tránsito.
Pero si la frontera puede ser un no lugar, también lo podría ser cualquier viernes. Las fechas cuando se parecen a los no lugares las denominamos días de diario. Pero el poema que sigue parece ir en contra de considerarlos de esa manera. Lo subscribo.

Hoy me di cuenta de que nací un viernes
On Kawara pintaba en New York   sabía de antemano que a las 5 de la
   tarde
seguramente el sol temblaba entre los árboles   yo asomaba la cabeza
entre las piernas de mi madre

nací varón pero lo mismo hubiera dado
he usado más tiempo el pelo largo y tengo unos tenis rosas

nací mexicano y eventualmente me hice también estadounidense
de igual forma lo haría si fuera Japón la otra mitad de esta frontera

nací sin dientes   después me salieron todos   derechos
no hace mucho perdí una muela y la sangre me supo a principio del fin

nací Ramírez y Pimienta y Gómez y López   los cuatro apellidos
cada uno un cuarto con vista a un jardín oscuro
al centro un árbol genealógico del cual pende una hamaca
la historia se mece   termina dormida con el pendular inevitable del
   tiempo
nací un viernes por la tarde   en Tijuana México   llorando el dolor del
   desalojo
varón   con las encías rositas
el día que nací Kawara escribió: hoy es viernes
pintó un cuadro en el que sólo se lee:   06 oct1978

La fotografía es de On Kawara.