domingo, 17 de mayo de 2020

“En España, la semana siguiente acostumbra a ser la semana posterior a la semana siguiente…”


Existen… dos clases de lectores. Los lectores de muchos libros y los lectores de un único libro. El judaísmo, el cristianismo y el islam se inspiran los tres en un único libro. Una civilización que se inspira en un libro es algo maravilloso, desde luego. Pero si ese libro excluye a otros libros, y si, por causa de ese libro, las personas que leen o escriben otros libros son quemadas en la hoguera, como sucedía antes aquí, o asesinadas y amenazadas, como ocurre hoy, mal anda entonces la libertad. Y no hay ninguna necesidad de que sea así.

[…] En la España de otros tiempos, gobernada por reyes ilustrados, emires y califas, convivieron los tres pueblos de un único libro bajo formas de unidad en la diversidad que el mundo ya no ha vuelto a conocer. […] Y tal vez peque de pesimista o simplista, pero a veces parece como si esa guerra invisible que se libra en el mundo fuese también una guerra entre lectores, los lectores de ese único libro… contra los lectores de muchos libros, y, como víctimas inocentes, la gente que nunca lee.

[…] Es un círculo… Leer es escoger, pero para poder escoger hay que leer.
 
Cees NooteboomLluvia roja

La traducción es de Isabel-Clara Lorda Vidal; la fotografía, de Jean Gaumy.

viernes, 1 de mayo de 2020

1 de Mayo, día del "ir tirando"



… y quieres que te diga lo que pienso. Pienso que la vida tiene que ser algo más que comer los congelados que compras por un euro en el supermercado, algo más que fumar la colilla que has dejado en el cenicero el día anterior, algo más que ponerte un abrigo sucio… Vivir tiene que ser algo más que ir tirando. Siempre me dices lo mismo: voy tirando, pero se supone que cuando alguien tira lo hace hacia algún sitio y tú solo tiras para tirar un poquito más.

Javier PeñaInfelices
La fotografía es de Mark Power


miércoles, 19 de junio de 2019

Una sombra en una foto mía



     
     Así empezó mi vida. Una vida que pasaba con mi madre, una sombra en una foto mía. Días. Tardes. Noches. Caminatas. Comidas. Ropa. Aceras. Películas. El hogar. Radio. Y los fines de semana, mi padre. Un hombre agradable, corpulento, cariñoso, que nos visitaba. Feliz de volver a casa. Feliz de macharse.
     Entre ellos no sé qué pasaba. Pero, dados sus respectivos caracteres, me inclino por creer que no pasaba nada. Que su vida cambió radicalmente, que allí estaba yo, que el futuro tenía un significado diferente, que aparentemente no se hablaba de otros hijos, que ahora se veían mucho menos; nada ofrecía señal alguna de cómo se sentían el uno con el otro, o cómo manifestaban ese estado. Ninguno de los dos se planteaba demasiadas cuestiones. No se autoobservaban demasiado. La psicología no era precisamente una ciencia que cultivaran.

Richard FordMi madre

La traducción es de Marco Aurelio Galmarini. La fotografía pertenece a Paul Strand.

martes, 1 de enero de 2019

Gentrificación de los rebaños




     Después de atender durante unos minutos, reconocí que la maldita profesora creía que éramos demasiado bobos y carentes de imaginación como para llegar “a hacer algo con nuestras vidas”. Nos pinchaba, instándonos a alzarnos por encima de nosotros mismos. Éramos demasiado tontos como para querer salir de aquel lugar de sucios trabajos sin futuro y costumbres provincianas de mente estrecha. No había nada allí para nosotros, debíamos abrir los ojos y verlo. A su juicio, dejar pronto la escuela para ponerse a trabajar con las ovejas era más o menos lo mismo que ser idiota.




     La idea de que tanto nosotros como nuestros padres y madres podíamos ser gente inteligente, trabajadora y orgullosa que se dedicaba a algo que merecía la pena, algo que podía ser incluso admirable, se le escapaba. Para una mujer que creía que el éxito se demostraba a través de la educación, la ambición, el afán de aventura y la ostentación de los logros profesionales, nosotros debíamos de constituir un grupo bastante pobre. No recuerdo que nadie mencionara alguna vez la palabra universidad en aquella escuela; de todas formas nadie quería ir: quienes se marchaban dejaban de pertenecer a aquel lugar, cambiaban y nunca podían regresar del todo, eso lo teníamos bien claro. 




     La escolarización era una "salida", pero ninguno queríamos tomarla, ya habíamos elegido. Más tarde llegaría entender que las comunidades industriales modernas están obsesionadas con la importancia de "ir a alguna parte" y de "hacer algo en la vida". Lo que queda ahí implícito es una idea que he llegado a aborrecer: que permanecer en la comunidad local y desarrollar un trabajo físico no tiene mucho valor.   

James Rebanks - La vida del pastor.

Traducción de María Serrano y fotografías de Carlos Cánovas.

sábado, 22 de diciembre de 2018

El bucle y el presupuesto






     Siempre acabamos descuartizando así la complejidad, por mucho que dejemos constancia en la parte teórica del informe de algunas sutilezas, como que en realidad sabemos que las trayectorias biográficas y profesionales se parecen más a un bucle o a una espiral que a una línea recta, y que las historias de vida dejaron de tener una lógica lineal para la sociología como Bordieu explicó que habían dejado de tenerla para la literatura gracias a Faulkner o a Virginia Woolf. Esa supuesta línea se ve mil veces interrumpida en las mujeres que trabajan fuera de casa, fragmentada, truncada bruscamente y vuelta a retomar al cabo del tiempo. No obstante sigue siéndonos útil la lógica lineal, sobre todo en investigaciones cortas pagadas con dinero público, en las que explorar el bucle se aleja demasiado del presupuesto.

                            


     […] El bucle y el presupuesto se llevan mal. Habrá luego que hacer una criba con todo lo que han contado y sentiré que tengo entre mis manos poderosas confesiones con las que apenas puedo hilvanar algo, pues acabaré redactando a toda prisa –porque se acaba mi contrato- un informe que intente reflejar como viven las mujeres el empleo y el desempleo. Yo misma soy una de ellas. Antes, durante y después.



Rosario Izquierdo ChaparroDiario de Campo

Las fotografías son de Jessica Backhaus.

miércoles, 13 de junio de 2018

Sam Shepard a las seis de la mañana



Seis de la mañana: el viento del sur acaba de amainar después de tres días seguidos soplando furioso. El aire en calma y mucho más cálido. Incluso se siente calor dentro de casa. Pienso: hoy soy exactamente un año más viejo que mi padre a la edad en que murió. Es un pensamiento extraño, como si fuera una especie de logro en vez de puro azar. Algo más que una circunstancia fortuita. Arranco lo largos mangos de seda negra. Hembras. Chisporroteos de electricidad estática azul. Veo que mi pecho desprende chispas. Tengo electricidad en el cuerpo. Cojo las muchas pastillas prescritas por el acupuntor. Las pongo en filas. Colores. Formas. Tamaños. Ni siquiera sé para qué son. Me limito a hacer lo que me han dicho. Alguien debe saberlo. Haz lo que te han dicho. La primera luz se cuela entre los piñoneros. Perros dormidos como leños en el suelo de la cocina, con las patas separadas como si les hubieran sorprendido en pleno galope. Preparo café en la vieja cafetera manchada. Tiro a la basura los posos de ayer. Unos ratones susurran en las rejillas de la calefacción, en busca de calor. Pienso en la respuesta de Nabokov a la pregunta de por qué escribe: “por placer estético”; nada más, “placer estético”. Sí. Signifique lo que signifique.

Sam ShepardYo por dentro

La traducción es de Jaime Zulaika

domingo, 3 de junio de 2018

El objetivo del fútbol



Llevo años impartiendo la asignatura de Ética en la Escuela de Entrenadores de Fútbol de Bizkaia y siempre ofrezco el mismo recorrido argumental a mis alumnos. La primera cuestión que planteo es qué es el fútbol. Vemos que, en esencia, en última instancia, es un conjunto de reglas. Es decir, un juego. Entonces nos preguntamos cual es el objetivo en un juego. La respuesta es fácil: ganar. Queda elaborado así el silogismo: si el fútbol es un juego, y el objetivo de un juego es ganar, el objetivo del fútbol ha de ser ganar. Esto parece una obviedad, pero no lo es tanto en un mundo en el que abundan los discursos vacíos, las palabras hinchadas sobre valores, argumentos que en realidad se temen poner sobre papel porque nos daremos cuenta de que son realmente difusos.


En cualquier caso, el problema de esta aparente obviedad de que el fútbol es un juego y el objetivo es ganar es que no es verdad. El objetivo del fútbol no es ganar, porque el objetivo de un juego no es ganar. O mejor dicho: lo es, sí; pero “cuando ya se está jugando”. Porque en realidad la razón de todo juego es, como el de un organismo vivo, pervivir, seguir existiendo, que se siga jugando. La razón de ser de la pelota es rodar, no ser golpeada, ni siquiera a la red.


Entonces, el objetivo del fútbol ha de ser el de seguir siendo jugado. He ahí una definición de un fútbol humanista: aquel que establece las condiciones para que los jugadores quieran seguir practicándolo. Por eso corresponde a los que forman parte del fútbol tener un comportamiento que haga honor al juego. Porque si se hacen trampas, si se busca la victoria a toda costa, si se pasa por encima de los rivales y compañeros y árbitros, llegará un momento en el que nos demos cuenta de que realmente no merece la pena jugar a este juego que se ha pervertido, que no divierte, que no fascina, que no seduce, que está corrupto.

Galder Reguera – Hijos del fútbol