Las carreteras están pensadas con la cabeza. Los caminos están pensados con el corazón.
Cristina Grande - Lo breve
La fotografía es de Dorothea Lange
Cristina Grande - Lo breve
La fotografía es de Dorothea Lange
Verán, yo pienso que la novela
del siglo XX, casi toda ella, es de una gran inverisimilitud. Y creo que la
causa está relacionada con la prohibición de la política. No digo que la novela
del siglo XX sea mala, pero es insuficiente. Como si hablase de un mundo donde
todas las personas tienen un solo brazo y una sola pierna y un solo ojo y media
nariz y donde los cristales no se rompen al caer.
[…] me interesa que las novelas me hablen de la
mitad de la mirada y del medio corazón y de copas que flotan en el aire. Lo que
reclamo es la otra mitad. Quiero también lo que me falta.
[…] Yo lo quiero todo. Quiero las
historias de presos, y quiero los jardines. Quiero, a ser posible, las
historias que cuenten la relación directa, clara, nítida, entre los presos y
los jardines. Pero no cambio la relación por los jardines. Me importa cómo se
dificulta la vida de los demás, cómo la dificultan los burgueses, además de cómo
lo hacen, en los casos en que lo hagan, los comunistas. Lo quiero todo.
Belén Gopegui – Un pistoletazo en
medio de un concierto. Acerca de escribir de política en una novela.
La fotografía es de Joseph Rodríguez
A mi manera…, empezaba a darme
cuenta de que contar una historia no bastaba, salvo que estuviera escrita con
tal convicción que el lenguaje y el contenido indicarán que yo tenía algo que
decir además de una historia que contar. La mejor escritura se producía cuando
el movimiento de mi pluma coincidía exactamente con el tono de mis pensamientos,
lo que me hizo comprender que cada escritor o escritora tiene su voz o estilo
únicos y que, aunque unos encuentren esa voz antes que otros, cuanto más te
costará adquirirla, más probable era que fuera tuya y de nadie más.
Leer mi obra en voz alta era un
modo de asegurarme de que poseía la fluidez y claridad del inglés claro. Siempre
había tenido cuidado, pero ahora me mostraba implacable a la hora de señalar
las repeticiones en una página, reconocer palabras innecesarias, suprimir
tautologías, librarme de clichés, eliminar lo que quedaba insinuado en vez de
expresado y tratar de lograr la sencillez incluso en las descripciones de
complicados procesos de pensamiento, usando las técnicas de la poesía para
escribir en prosa.
Alan Sillitoe - La vida sin armadura. Una autobiografía
La traducción es de Antonio Lastra.
El principal problema hasta el
momento es que ha habido un abismo demasiado grande entre la literatura y la
vida; quienes han creado literatura no han escrito sobre la vida y los que han
vivido la vida han sido excluidos de la literatura.
… un poema no debería ser un
poema, sino un fragmento de algo que sale bien.
El arte solo es inteligente si te
sacude las entrañas, de lo contrario es pura cursilería.
… las palabras que se salvarán
serán las pequeñas palabras esenciales que se dicen de verdad. Cuando queremos
decir algo de verdad no usamos palabras de 14 letras.
… evitemos ponernos demasiado
serios y, con un poco de suerte, nos saldrá algo serio.
No es que me vayan las normas,
pero tengo una bien clara: los únicos escritores que lo hacen bien son los que
escriben para no enloquecer.
Charles Bukowski - La enfermedad de escribir
La traducción es de Abel Debritto.
De
mi diario sólo he conservado...algunas frases relacionadas con mi padre.
"Estoy deslumbrado por mi vida. Soy el único hombre en la tierra que ha
conocido a la vez a Clemenceau y a Chu En-Lai", "He conocido a todos
los grandes de este siglo, pero mi auténtica felicidad me la procuró la gente
humilde del pueblo"
Hace cinco años que se apaga, sin apagarse, atendido por unas jóvenes marroquíes, a cual más guapa, que lo llaman Robert.
Es una de las grandes paradojas de nuestra época. En todas las partes del mundo, en este momento, estamos aterrorizados por el auge del integrismo y el mundo árabe asusta. los representantes del FIS anuncian urbi et orbi que "el islam dominará el mundo, en Argelia se asesina a los extranjeros y a los intelectuales y, sin embargo, en Europa y en los demás países, los jóvenes árabes son los que están ocupándose de los viejecitos judíos o de las viejecitas católicas. Ellos son quienes los lavan, les dan de comer, los ayudan a sobrevivir en un mundo que se ha vuelto indiferente. Así, consiguen que su último recorrido sea humano. Donde voy reconozco los mismos gestos, la misma dulzura, ese respeto y esa conmiseración.
Monique Lange – Los cuadernos rotos.
La traducción es de Malika Embarek López; la fotografía de Nikos Economopoulos.
Mi primo nació en Lourenço
Marques y nunca pronunció las tres sílabas tan difíciles de la palabra Maputo.
[…] Maputo era nombre de negro.
Un negro, una zona salvaje, un río podían llamarse Maputo, Incomati, Limpopo,
Zambeze. Una población de negros podía llamarse Marrecuene, Inhaca, Infulene,
Xipamanine. Una ciudad de blancos no. Debía ser Lurenço Marques, Beira, Vila
Luísa, Mocímboa da Praia.
Xai-Xai era de negro. Ponta de
Oro era de blanco.
[…] Mi primo había sido educado
en el más profundo desprecio por el negro. Cuando cumplió diecinueve años, y lo
mandaron a Niassa, partió contento. Iba a luchar por la california portuguesa.
Bajaba a Lourenço Marques cada
nueve meses, pero ya no era el mismo. Se dejó crecer la barba. Había una
guerra, y mi primo nunca habló de la guerra. Nadie hablaba de la guerra. Supongo
que no se habla de la guerra, nunca.
[…] Mi primo hablaba poco y
evitaba las reuniones sociales. Se encerraba en el cuarto a fumar, y se calló
para siempre.
[…] Después enterramos su
machete, el revólver y el uniforme. Había estado en Niassa con autorización
para matar negros, y todo aquello apestaba a sangre, y siguió apestando a
sangre durante muchos años, incluso enterrado en suelo fértil, en algún lugar
de Matola, hasta que se pegó un tiro en la cabeza, ya en Xabregas, después de
haber quemado todos los puentes, asaltado joyerías en Almirante Reis y asesinado
a negros a tiros, por la espalda, en Damaia.
Pero además de eso, fue mi primo
hermano.
Isabela Figueredo - Cuaderno de memorias coloniales
La traducción es de Antonio Jiménez Morato