—No quiero morir en pijama —dijo Fani.
Nekane sacaba la pulpa de una hoja de aloe con un cuchillo, sentada en el borde de la cama.
[…]
—No quiero morir en pijama.
—¿Y qué nos vamos a poner? —Desde
que empezó a pensar en singular, le había dado por hablar en plural.
[…]Plantas por todas partes.
Nekane había tomado el relevo para cuidarlas y seguía con atención las
indicaciones que le daba Fani desde la cama: «Esa necesita poca agua, ¿te
acordarás?». Su favorita era una monstera gigantesca, con los nervios de las
hojas visibles a contraluz y las raíces reptando fuera de la maceta como
víboras. «Esa, en verano, aléjala de la ventana». Porque en verano Fani ya no
estaría, al día siguiente tampoco.
[…]
Era su amante, era su hermana,
era su madre, era su padre, era su hija, era su camarada.
[…]
Quería que se muriera ya, y se
avergonzó por desearlo, aunque no fuera la primera vez. Lo aprendió con el
tiempo: no sabía mucho sobre el deseo, pero el deseo lo sabía todo sobre ella.
—¿Con quién me voy a enfadar
ahora? —le preguntó—. ¿Cómo voy a doblar las sábanas con estos brazos tan
cortos?
Eider Rodríguez — Era
todo el mismo hueco
La traducción es de Ander
Izaguirre.
