jueves, 29 de octubre de 2026

Mylene Fernández Pintado: La esquina del mundo


 Me senté en el muro, mirando el mare nostrum. Recordé que Daniel decía que el agua del malecón era también agua del océano Atlántico, nunca mencionaba el mar Caribe. Le gustaba pensar que formábamos parte de algo más grande.

[…]

—¿Eres española? —me preguntó una señora mayor, que me miraba con curiosidad. Le dije que no con la cabeza, no quería hablar. Estaba triste y no me interesaba salir de mi tristeza.—¿Francesa?

De nuevo negué con la cabeza, esta vez asombrada de su insistencia para endilgarme otras nacionalidades.

—¿Eres cubana?

Mi gesto era ya de cansancio, le dije que sí e hice ademán de levantarme.

—¿Cubana de La Habana o de Miami? —continuó.

—¿Qué quiere? —le dije finalmente, curiosa.

—Tengo vajillas de porcelana de Sevres, estoy buscando a quien venderlas —me dijo entre feliz de que le hubiera respondido y apenada por interrumpirme.

Busqué en mi bolso la agenda y le di la tarjeta del anticuario a quien he vendido mis cosas.

Mylene Fernández Pintado — La esquina del mundo

Prólogo de Magdalena López.

La fotografía es de Juan Manuel Díaz Burgos.

jueves, 22 de octubre de 2026

Eider Rodríguez: Era todo el mismo hueco

 


—No quiero morir en pijama —dijo Fani.

Nekane sacaba la pulpa de una hoja de aloe con un cuchillo, sentada en el borde de la cama.

[…]

—No quiero morir en pijama.

—¿Y qué nos vamos a poner? —Desde que empezó a pensar en singular, le había dado por hablar en plural.

[…]Plantas por todas partes. Nekane había tomado el relevo para cuidarlas y seguía con atención las indicaciones que le daba Fani desde la cama: «Esa necesita poca agua, ¿te acordarás?». Su favorita era una monstera gigantesca, con los nervios de las hojas visibles a contraluz y las raíces reptando fuera de la maceta como víboras. «Esa, en verano, aléjala de la ventana». Porque en verano Fani ya no estaría, al día siguiente tampoco.

 […]

Era su amante, era su hermana, era su madre, era su padre, era su hija, era su camarada.

[…]

Quería que se muriera ya, y se avergonzó por desearlo, aunque no fuera la primera vez. Lo aprendió con el tiempo: no sabía mucho sobre el deseo, pero el deseo lo sabía todo sobre ella.

—¿Con quién me voy a enfadar ahora? —le preguntó—. ¿Cómo voy a doblar las sábanas con estos brazos tan cortos?

Eider Rodríguez — Era todo el mismo hueco

La traducción es de Ander Izaguirre.


jueves, 15 de octubre de 2026

Sergio Galarza: Barrio Moscardó


 “Barrio” es una palabra que proviene del árabe, como “ceviche”, en la versión que defendía el historiador Juan José Vega y que vinculaba el origen del plato emblemático de los peruanos con la palabra sibech. En árabe hispánico, Bárri significa exterior, y viene de barrī, que en árabe clásico significa salvaje. Lo que está fuera, entendido como lo bárbaro, en contraposición con lo domesticado, que vive bajo un techo, necesitado de protección, eso es el barrio en el imaginario popular: los parques y sus canchas de fulbito, las esquinas donde se juntaban los patas formando una mancha, las calles y los paisajes, las bodegas y los kioscos de periódico, ese espacio público que funciona como un archivo mudo de la geografía sentimental de los vecinos.

De allí que ser de barrio equivalga a tener calle, según lo especifica la jerga peruana.

[…] Un niño sin calle da más pena que las bestias del circo en sus jaulas.

Sergio Galarza – Barrio Moscardó

La foto pertenece al archivo fotográfico del C.D. Colonia Moscardó.

lunes, 5 de octubre de 2026

Rocío Rojas-Marcos: Mohamed Chukri


Su obsesión por la lectura le había hecho abandonar casi completamente los estudios, por lo que no aprobó el examen de graduación en la Escuela de Magisterio. A pesar de ello, le dieron destino en Tánger. Tras la independencia, el país necesitaba reincorporar nuevos empleados nacionales a los puestos que se estaban creando. Lo destinaron a una plaza en la escuela mixta del Barrio Nuevo como maestro de los primeros cursos de primaria. Niños en los que se veía reflejado, niños en los que reconocía la mirada del hambre y del frío. Poco tiempo después de empezar a trabajar descubrió su falta de vocación como maestro. La paciencia no era una de sus virtudes y el deseo de aprender a escribir y leer que lo habían llevado hasta ese puesto había surgido de su afán de superación, de querer ser reconocido, salir de la miseria humana, pero la coraza de sufrimiento que había ido recubriendo su corazón desde la infancia dolía ahora al enfrentarse a los niños como él. Su conclusión era que tenían que ser ellos los que debían desear salir de la cloaca, él no tenía nada que enseñarles aprender letras es muy diferente de querer saberlas.

Rocío Rojas-Marcos – Mohamed Chukri. Hambre de escritura

La fotografía es de Luis de Vega. 

miércoles, 23 de septiembre de 2026

Edgardo Scott. En las antípodas de la expedición Amundsen

 


El camino sugiere soledad, es posible, pero más aún el paseo. ¿Cuál es la diferencia entre una caminata, caminar y dar un paseo? Hay un giro útil, tan exacto como expresivo: dar una vuelta. Ir a dar una vuelta, eso es pasear. De modo que en el sentido mismo de la marcha está incluido el retorno; volver al inicio, al punto de partida. Se da un paseo y se vuelve. Se da una vuelta y, justamente, se vuelve. ¿Pero se vuelve, se regresa igual o distinto? Esa es la incógnita. En ese paseo ocurre, puede ocurrir, si tenemos suerte, si tenemos valor, alguna experiencia.

Edgardo Scott – Flâneurs, paseantes, walkmans, vagabundos, peregrinos

La fotografía es de Bernard Plossu.


jueves, 17 de septiembre de 2026

Laura Carneros: Proletaria consentida

Me gusta el olor a cemento fresco porque así olía la ropa de mi padre al volver del trabajo, cuando le daba un beso. Me gusta el olor a humedad de los aparcamientos subterráneos, creo que fui una cucaracha en otra vida. Puede que me guste ser la mitad de la mujer que de mí se esperaba. Trabajar media jornada, vivir en una casa que nunca será mía, dormir a mis treinta y tres en la habitación que soñé a los nueve: escritorio propio, balcón y estantería. Demasiado lejos has llegado, proletaria consentida, en comparación con tus antecesoras.

Laura Carneros - Proletaria consentida

La fotografía es de Jessica Backhaus

lunes, 7 de septiembre de 2026

Ernest Hemingway. A propósito de la escritura


 

En el tercer volumen no resbales y dejes que se te cuelen personajes perfectos [...] Si te sale un comunista noble, recuerda que probablemente se masturba y es celoso como un gato. Haz que sigan siendo personas, personas, personas, no dejes que se conviertan en símbolos. Recuerda que la especie es más antigua que el sistema económico.

A John Dos Passos, 1932 – Selected Letters

Ernest Hemingway – A propósito de la escritura. Edición de Larry Philips. Traducción de Clara Pastor.

La fotografía es de Ansel Adams.

sábado, 11 de julio de 2026

Miguel Ángel Ortiz Olivera. Para qué puede servir la cinta aislante.

 

Agotado el optimismo de los años noventa, comenzamos el 2.000 y nos dimos de bruces con un milenio que, ya antes de comernos las primeras uvas, tenía toda la pinta de que se nos iba a atragantar. En 366 días la burbuja puntocom estalló, un virus llamado I love you se expandió por los correos electrónicos de la CIA y el afilado fuselaje de un Concorde cayó al suelo nada más despegar de París. Por esas mismas fechas los personajes de Brazaletes de cinta aislante, Koldo, Fichu, Lolo, Chencho, Pitu, Zurdo y varios jóvenes burgaleses más guardaban luto tras el accidente mortal de Suso, el 10 de su equipo de fútbol.

A pocos lectores de la novela les causará extrañeza que le profesen mayor dedicación a este deporte que a cualquiera de las asignaturas que estudian en el instituto. Menos aún, cuando adviertan que los chavales viven en Medina de Pomar, un antecedente de lo que Fuentealbilla es a Iniesta, solo que con una cultura futbolística más desarrollada. Desde los años treinta del siglo pasado se practica el fútbol en esta localidad. Es el feudo del Alcázar C.D., equipo en el que comenzó a jugar Chus Pereda, mítico héroe de la Eurocopa del 64, jugador del Real Madrid y del Barça.

Hasta poco antes del accidente en moto de Suso, los chavales vivían con la esperanza de estatus de todo tipo que desprende el fútbol profesional. Sin embargo, su muerte les hará abrir los ojos y mirar más allá de las líneas de los campos, los vestuarios, los banquillos y las porterías. La Superbowl, un torneo veraniego de fútbol que se celebra en una Barcelona a la que viajarán en autobús para competirlo, no va a ser lo mismo sin él. Incluso, aunque Chus Pereda, que vive en la ciudad condal, se acerque a animarlos. Es más, parecen intuir que una vez finalice su último partido, el equipo se disolverá, sus relaciones probablemente se enfriarán y, quieran o no quieran, tendrán que decir adiós a la adolescencia.

Describiendo la sencilla vida de estos chicos en el pueblo, en el viaje en autobús hasta Barcelona y durante el transcurso de los partidos en la Superbowl, Miguel Ángel Ortiz teje una narración cargada de peripecias y conflictos familiares narrados con la sinceridad propia de la inexperiencia de los personajes. Para ello se vale del uso de un argot juvenil con el que demuestra tener un tímpano literario muy afinado, similar al que acredita José Ángel Mañas en su aclamada Historias del Kronen, novela que relataba la vida de cierta juventud durante los inconscientes noventa, aunque en un ámbito exclusivamente urbano y en un estatus social superior.

Por tanto, a pesar del lenguaje utilizado y de la cercanía cronológica de las narraciones, los novelistas no retratan la misma juventud. Sería muy raro que a los personajes de Historias se les ocurriese decir lo que puede leerse en Brazaletes: […]ninguno de este equipo va a ser nada en la vida por muchos sobresalientes que saque en el instituto.

Después de escucharlos, diría que alguno de ellos se ve en el futuro devanando rollos y más rollos de cinta aislante como la que usan para lucir luto en la Superbowl. Al fin y al cabo, es lo que utilizan electricistas, mecánicos, manitas y otras profesiones que no se estiman nada. Para qué puede servir la cinta aislante más allá del fin con el que se fabrique es una de las cuestiones que me he planteado leyendo Brazaletes, pero seguramente otros lectores puedan encontrar muchas más. Como dice Rodri, uno de los jóvenes personajes de la novela: Leer no es solo pasar páginas.

Las fotografías son de TonyHeslop 


lunes, 8 de junio de 2026

Rosario Izquierdo y su mirada urbana


Después de leer las tres novelas bético-metropolitanas de Rosario Izquierdo, Diario de Campo, El hijo zurdo y Pasión Nails, me vino a la cabeza una frase de Lola, la narradora de la segunda de ellas: Lo normal no es lo mejor, es solo lo más frecuente. Como había encontrado varias referencias a la misma cuestión en sus otras novelas, entendí que poner en duda la normalidad hegemónica era un elemento relevante en la literatura de la autora.

Además, y relacionado con lo anterior, me pareció que el marco urbano en el que las tres novelas se desarrollaban era otro importante componente narrativo. Pudiendo elegir escenografías más distinguidas, Rosario Izquierdo se había decantado por la Sevilla menos frecuentada. Gran parte de las localizaciones surgían en sus confines, en donde la ciudad se deprimía económica y socialmente. Diario de Campo, por ejemplo, hablaba de un espejo donde Sevilla no quiere mirarse, de las catacumbas de la ciudad moderna, y del punto a partir del cual Sevilla comienza a perder su característica huella arquitectónica. Tenía su lógica, “lo normal” puede ser perfectamente tomado por “lo característico”.

El asunto urbano me llevó por primera vez a acordarme de Martín Gaite y a releer un relato de Las ataduras titulado La conciencia tranquila. Un médico que vive en Madrid Centro y trabaja en el sector privado recibe la llamada intempestiva de una mujer de Vallecas: su hija está muy enferma y necesita que la auxilien. Más allá de que el médico acuda de mala gana a atender a la niña, de que esta muera y de que regrese a casa convencido de que había hecho más de lo que debía, fue la descripción del escenario y lo que piensa el médico durante el trayecto lo que me hizo relacionar a las dos autoras. En un párrafo de La conciencia tranquila puede leerse: Llegó al Puente de Vallecas y siguió hacia arriba en la línea recta […] Estaba llegando a los bordes de la ciudad, por donde se desintegra y se bifurca […] de todas las bocacalles salían hombres y mujeres […] Sabía sobre todo que eran muchos, enjambres, que cada día se multiplicaban, emigraban de otros sitios más pobres y propagaban ocultos detrás de esta última calle, como un contagio, sus viviendas de tierra y adobes. […] Eran tantos que podían avanzar contra el cogollo de la ciudad, invadirla, contaminarla.

En las novelas de Rosario Izquierdo no me había encontrado con médicos así, sino con narradoras que atravesaban la barrera urbana de lo exclusivo y convivían con los habitantes del lado excluido. Dos, las de Diario de Campo y Pasión Nails, eran sociólogas, habían estado allí acompañando a un grupo de mujeres en un centro del Instituto de la mujer y no temían que fueran a invadir el cogollo de la ciudad. Al revés, opinaban lo siguiente: El resto de la ciudad las amedrenta. Supone un gran esfuerzo para ellas adentrarse más allá de la avenida que delimita el barrio. La tercera narradora, Lola, la protagonista de El hijo zurdo, era una mujer divorciada que, mientras asistía a la deriva skinhead de su hijo menor, se relacionaba con Maru, quien trabajaba de limpiadora y era madre del Loco, compañero de “aventuras” de Lorenzo. La cuestión es que, al tiempo que las narradoras atraviesan esa barrera urbana, la barrera urbana va convirtiéndose para ellas en un eje de simetría, analogía y semejanza que les sirve para cuestionarse sus historias personales.

A mí me valió como un nuevo motivo para volver a Martín Gaite. En esta ocasión, a Los malos espejos, uno de los ensayos incluidos en La búsqueda de interlocutor y otras búsquedas. Gaite explica la razón por la que se opone a la forma de ver resabiada, tanto en la vida como en la literatura de los que no saben mirar ni leer más que lo ya mirado o leído por otros. Dice: se asoman desde lo más fuera posible, justamente desde la rendija que basta para poder meter un poco las narices más que los ojos y pegar una nueva etiqueta expeditiva, “ya está, a ese ya lo he entendido, ya puedo hablar de él, larguémonos con la música a otra parte, a otra rendija, este ya está archivado, paranoico, invertido, reprimido, lo que sea, cuestión zanjada” Son miradas que se asoman, que no se aventuran a internarse […] son miradas que abominan lo intrincado.

Pensé que la óptica que Rosario Izquierdo mostraba en estas tres novelas había conseguido quitarle el polvo a ese espejo donde Sevilla no quiere mirarse. Ni Sevilla ni muchas otras ciudades. Menos todavía, las personas que vivimos en el lado correcto de la barrera urbana y que tenemos tanto en común con esa forma resabiada de mover los ojos que nos podrían confundir con las hermanastras de Cenicienta.

Las fotografías son de Paco Puentes

viernes, 10 de abril de 2026

En la encrucijada


—¿Alguien me deja a su marido este fin de semana?

—Sí, te puedes quedar con el mío. Es un cabrón que las mata callando.

—¡Te dejaría al mío, pero no te servirá de gran cosa!

—Mándamelos a todos. Ya sabéis dónde vivo, al lado de la iglesia.

—Te gustan rubios o morenos?

—¡No es el pelo lo que me interesa!

Nos reímos, veinticinco mujeres encorvadas sobre tres largas mesas, empaquetando bombones baratos para la campaña de Navidad. Los dedos enrojecidos y gruesos, inflados por el frío, vuelan de las bandejas a las cajas.

 

A mi otro lado, una vieja escupe en un trapo y lo usa para limpiarse las manos.

—Tengo artritis, la pillo todos los inviernos. Antes esto era una lavandería, por eso hay tanta humedad. No pueden poner calefacción porque se derretirían los bombones.

Nell Dunn — En la encrucijada. Editorial Contra (Traducción de Javier Calvo)

La fotografía es de Helen Levitt


sábado, 1 de febrero de 2025

Matar a un ruiseñor


 

Por motivos inescrutables para los profetas más experimentados del condado de Maycomb, el otoño se convirtió en invierno ese año. Tuvimos las dos semanas más frías desde 1885, según dijo Atticus. El señor Avery sentenció que estaba escrito en la piedra de Rosetta que cuando los niños desobedecieran a sus padres, fumaran cigarrillos o se pelean unos con otros, las estaciones cambiarían.

Harper Lee  - Matar a un ruiseñor

viernes, 10 de enero de 2025

El ruido y la furia

 


Después de todo, es lo que yo digo que el dinero no vale nada; lo que compras sí.

William Faulkner - El ruido y la furia

La traducción es de Ana Antón-Pacheco

martes, 24 de septiembre de 2024

Delibes sobre Ignacio Aldecoa

 



A mi juicio, Aldecoa es más grande cuanto más pequeño escribe.

[…] En cuatro páginas, Aldecoa infunde aliento a seres de verdad —como los segadores de su relato Seguir de pobres— o plantea problemas serios, sin acritud, es cierto, pero con firmeza. Por otro lado, el esmero, la pulcritud de su estilo, hallan su cabal eficacia en estos relatos breves donde tan sólo se aspira a apresar un tipo o la fugacidad de un instante.

[…] Esta maestría de Aldecoa en el relato corto, la seguridad con que se mueve dentro de él, le indujo, indudablemente, a construir sus primeras novelas sobre la base de acumular a lo largo de un sutilísimo hilo argumental una serie de anécdotas y descripciones ambientales que por sí solas constituyen valiosas narraciones independientes. Sus dos primeras novelas son novelas desmembradas o, para mejor entendernos, descuartizadas.

[…] No obstante, en las novelas de largo aliento de Aldecoa, y en particular en Gran Sol […] hay, para mí, cierto exceso de literatura: una morosidad faulkneriana (que en Faulkner es connatural, pero en Aldecoa estudiada), un deleitoso paladeo de vocablos.

[…] Así, los vocablos marineros de Gran Sol se presentan amontonados, traídos por los pelos. Se ve enseguida que el autor no los domina, ni siquiera los conocía. Los aprendió para esta ocasión y esa provisionalidad, ese estar prendidos con alfileres, se echa de ver en el libro.

Miguel Delibes — España 1936-1950: Muerte y resurrección de la novela.

La fotografía es de Teodoro Naranjo


sábado, 14 de septiembre de 2024

Francisco Umbral y los socialrealistas

 


Quiere uno decir, más o menos, que literatura es ver las cosas a través de otra cosa.

Literatura es ver las cosas a través de un vino.

El vino de una inspiración, el vino de la imaginación, el vino de la memoria cuando menos. […]

Los socialrealistas. López Pacheco. Hacían la novela de la mina, pero ahí está la mina, que siempre es mejor. […]

Si la realidad es siempre superior al realismo, solo queda el cinismo […] o el arte/arte que ya no quiere imitar/superar la naturaleza. Los socialrealistas, siendo tan rojos, habían caído en el vicio burgués de imitar la naturaleza para tenerla en casa —cuadros y libros—, que siempre es más cómodo. La novela de la fábrica. Ahí está la fábrica, que de todos modos resulta mejor y más convincente. Si lo que querían era dar testimonio, el testimonio lo da mejor un informe macroeconómico.

El socialrealismo no era revolucionario, sino solamente antifranquista y notarial. Para arrojar al rostro de la dictadura una realidad agresiva tendrían que haber visto esa realidad modificada por el color violáceo de un porrón de vino, como yo veía Madrid. El porrón me enseñó que yo nunca iba a ser socialrealista, lo que me valdría a su vez que nos cafés literarios me llamasen señorito, y también en algunos periódicos de provincias que viene a ser la misma cosa provinciana. Cela no hace socialrealismo porque Cela es un escritor de estilo. […]

El estilismo no está en las palabras sino en la manera de usarlas. Por eso Cela no procede del desvencijado Baroja (aunque él lo dijese para borrar sus huellas), sino del acendrado Valle. Delibes tampoco era socialrealista, por las mismas razones. Yo no tenía muy claro a quién admiraba o seguía Miguel, pues que tampoco él lo decía claro, ni se deduce de su obra, pero el estilo manda en él más que nada, y eso lo descalifica con socialrealista, pese a los temas, y le califica como gran escritor de asuntos y prosas.

El que había conseguido la síntesis estilo/asunto, prosa/compromiso (todavía decíamos engagement de la lectura de Sartre) era Ignacio Aldecoa. […]

Me habían enceguecido sus prosas de aquella revista, sus libros de cuentos, Víspera del silencio (de donde quizás salió Tiempo de silencio), su síntesis conseguida, al fin, mejor incluso que en los italianos, entre la denuncia social y la calité/calité, como un Baroja que supiera escribir, sin caer jamás en el ciclostil retórico. (Como un Baroja que hubiese leído y estudiado Hemingway, cosa que, naturalmente no había hecho Baroja) Ignacio Aldecoa se había mirado Madrid, primero a través de un porrón de vino —Madrid cárdeno— y luego a través de un vaso de whisky: Madrid de oro tostado y falso.

Ignacio era un escritor

Francisco Umbral — Trilogía de Madrid.

La fotografía es de Javier Campano


sábado, 7 de septiembre de 2024

John Steinbeck a Edith Mirrielees

 



Me pregunto si recuerda el último consejo que me dio. Fue durante la exuberancia de esos años veinte frenéticos y ricos; yo salía al mundo para intentar convertirme en escritor.

Usted me dijo: «Te costará mucho tiempo y no tienes dinero quizá lo mejor fuese que te marcharas a Europa»

«¿Por qué?» pregunté.

Porque en Europa la pobreza es una desgracia, pero en los Estados Unidos es una vergüenza. No sé si podrá soportar la vergüenza de ser pobre.»

No mucho después de esto llegó la Depresión. En esa época todo el mundo era pobre y ya no significaba una vergüenza. Así que nunca sabré si lo hubiera podido soportar. Pero, ciertamente, tenía usted razón acerca de algo, Edith: me costó mucho tiempo, muchísimo tiempo. Y aún continúa siendo así y jamás se ha hecho más fácil. Usted me lo había advertido. 

[De una carta a Edith Mirrielees, 8 de marzo de 1962]

John Steinbeck — The Paris Review Conversaciones con los escritores


domingo, 11 de febrero de 2024

De tiendas

 



En Pozuelo. Hay muchos pinares sueltos, calles empinadas, casitas De El Caserío. Tiendas no hay ni una. Por qué hay tan pocas tiendas en sitios donde la gente tiene pasta y tantas tiendas en calles como Bravo Murillo, por ejemplo, es algo que no alcanza a entender. Encuentra un restaurante con terraza, llena de quinceañeros años borrachos perdidos a las ocho de la tarde y señoras que están sobrias pero que tienen toda la pinta de ir a emborracharse en cuanto lleguen a casa y se encuentren solas y sin nada que hacer. Se toma una tónica, cinco euros, debe ser de burbujas inmobiliarias.

Esther García Llovet — Gordo de feria

martes, 30 de enero de 2024

Gente de casa


Mi objetivo era brindar un libro a la gente de casa, un libro sobre «nosotros», no sobre «ellos», un libro en el que los lectores de las montañas pudiesen por fin reconocer su cultura sobre el papel, con un lenguaje que pudiesen entender, sin condescendencia. Quería escribir un libro que reflejase la dureza en las montañas, pero sin perseverar en las mentiras más difundidas. Mi tarea era similar a la de otros escritores que no forman parte de la vida americana dominante y cuya cultura se ve distorsionada a diario en los medios populares. Estoy hablando de los escritores negros, latinos, asiáticos, nativos-americanos y gais. He leído sus obras con voracidad en un intento de imitar el modo en que echan mano de la narrativa para lidiar con la opresión, el prejuicio y la escasez de oportunidades.

Chris Offutt - Kentucky seco

La traducción es de Javier Lucini.

 

viernes, 29 de diciembre de 2023

Línea de flotación



...toda historia se trasmite en forma de relato, de la misma manera que todas las noticias se trasmiten en forma de relato. El papel de la novela ha sido siempre el de moverse por debajo de esos grandes relatos, resquebrajarlos, formal y temáticamente, para así acercarse a la experiencia concreta de la realidad.

Karl Ove Knausgård - La importancia de la novela

La traducción es de Kisrti Baggethun y Asunción Lorenzo.

lunes, 27 de noviembre de 2023

Carmen Martín Gaite


No es recordar, sino seleccionar los recuerdos de una determinada manera, lo que convierte al protagonista de cualquier situación, cuya mera repetición fotográfica no le puede contentar, en narrador (o sea sujeto y artífice) de ella.

Carmen Martín Gaite - La búsqueda de interlocutor y otras búsquedas.

La imagen es de Harold. E. Edgerton 

viernes, 3 de marzo de 2023

Realismo

 


La literatura de ficción siempre, en todas sus formas, intentó ser realista.

Raymond Chandler - El simple arte de matar.

La traducción es de Jaume Prat. La fotografía, de Vivian Maier