domingo, 1 de febrero de 2009

Gianni Celati: Narradores de las llanuras




El mundo sigue adelante porque la gente piensa en ello, es decir, piensa en hacerlo seguir adelante. Así de simple. Tan simple, que uno puede arreglárselas para explicarlo en media hora.
No sé si estas afirmaciones son del todo ciertas. No obstante, para recorrer este libro basta con descender ciento veinte metros de altitud, leer treinta cuentos y saltar el paralelo 45º N marcado en un cartel de chapa. Con otras palabras: basta con que recorramos una parte de la infancia y la adolescencia de Celati para entender gran parte de las transcurridas en el mundo occidental; el binomio campo-ciudad.
Afiladores en moto, olivos retorcidos, sillas de cocina, refugios antiatómicos, minifundios de igual tamaño, chimeneas de ladrillo rojo, braceros parados e inquietos, flores que frotadas huelen a ajo, búnkeres alemanes o viejos convencidos de que los mosquitos son los muertos que vuelven, son muestras de ese mundo que se destruye.
Algunos compararon este libro con las Mil y una noches, otros enfocaron la atención hacia su lenguaje deliberadamente simple. No parece extraño que, como remedo de Sherezade, Celati buscara salvar el entorno de su infancia, aunque lo intente de un modo a veces fantástico, con historias que parecen haberse trasmitido oralmente y se cuentan con una intención que se aclara al acercarnos a la desembocadura del Po. Una intención que tiene su contrapunto en la recomendación que un médico le hace a un paisano apesadumbrado: …Hay que hacer un esfuerzo para olvidar que los demás juzgan, de otro modo nos paralizarnos. Sin embargo, a mí me ha ido interesando más lo que pensaba esta gente de las llanuras: De lo que se trataba era de recetar medicinas para el mundo.
En el surco de esta idea se encuentra el cuento titulado Una noche antes del fin del mundo. Una maestra vive asustada desde que se entera de las consecuencias que traerá la acumulación del CO2 urbano en todo el planeta. Probablemente en 1985, cuando se publicó el libro en Italia, este cuento parecería muy ciencia-ficción, sin embargo hoy es una idea más –algunos creen que solo eso- de nuestro imaginario colectivo.
Nos contentamos con mirar a otro lado. Y no pensar mucho por qué el mundo sigue adelante. Más o menos, como lo hacemos al hablar de bibliotecas digitales, aunque, mientras llegan, no podamos leer gran parte de los libros que nunca fueron rentables. Pero siempre queda la esperanza: No hace cinco años que este autor se tradujo al vasco.

1 comentario:

Verónica Rodríguez Orellana dijo...

Acabo de descubrir tu blog , me parece muy interesante ! volveré , gracias