martes, 1 de enero de 2019

Gentrificación de los rebaños




     Después de atender durante unos minutos, reconocí que la maldita profesora creía que éramos demasiado bobos y carentes de imaginación como para llegar “a hacer algo con nuestras vidas”. Nos pinchaba, instándonos a alzarnos por encima de nosotros mismos. Éramos demasiado tontos como para querer salir de aquel lugar de sucios trabajos sin futuro y costumbres provincianas de mente estrecha. No había nada allí para nosotros, debíamos abrir los ojos y verlo. A su juicio, dejar pronto la escuela para ponerse a trabajar con las ovejas era más o menos lo mismo que ser idiota.




     La idea de que tanto nosotros como nuestros padres y madres podíamos ser gente inteligente, trabajadora y orgullosa que se dedicaba a algo que merecía la pena, algo que podía ser incluso admirable, se le escapaba. Para una mujer que creía que el éxito se demostraba a través de la educación, la ambición, el afán de aventura y la ostentación de los logros profesionales, nosotros debíamos de constituir un grupo bastante pobre. No recuerdo que nadie mencionara alguna vez la palabra universidad en aquella escuela; de todas formas nadie quería ir: quienes se marchaban dejaban de pertenecer a aquel lugar, cambiaban y nunca podían regresar del todo, eso lo teníamos bien claro. 




     La escolarización era una "salida", pero ninguno queríamos tomarla, ya habíamos elegido. Más tarde llegaría entender que las comunidades industriales modernas están obsesionadas con la importancia de "ir a alguna parte" y de "hacer algo en la vida". Lo que queda ahí implícito es una idea que he llegado a aborrecer: que permanecer en la comunidad local y desarrollar un trabajo físico no tiene mucho valor.   

James Rebanks - La vida del pastor.

Traducción de María Serrano y fotografías de Carlos Cánovas.

sábado, 22 de diciembre de 2018

El bucle y el presupuesto






     Siempre acabamos descuartizando así la complejidad, por mucho que dejemos constancia en la parte teórica del informe de algunas sutilezas, como que en realidad sabemos que las trayectorias biográficas y profesionales se parecen más a un bucle o a una espiral que a una línea recta, y que las historias de vida dejaron de tener una lógica lineal para la sociología como Bordieu explicó que habían dejado de tenerla para la literatura gracias a Faulkner o a Virginia Woolf. Esa supuesta línea se ve mil veces interrumpida en las mujeres que trabajan fuera de casa, fragmentada, truncada bruscamente y vuelta a retomar al cabo del tiempo. No obstante sigue siéndonos útil la lógica lineal, sobre todo en investigaciones cortas pagadas con dinero público, en las que explorar el bucle se aleja demasiado del presupuesto.

                            


     […] El bucle y el presupuesto se llevan mal. Habrá luego que hacer una criba con todo lo que han contado y sentiré que tengo entre mis manos poderosas confesiones con las que apenas puedo hilvanar algo, pues acabaré redactando a toda prisa –porque se acaba mi contrato- un informe que intente reflejar como viven las mujeres el empleo y el desempleo. Yo misma soy una de ellas. Antes, durante y después.



Rosario Izquierdo ChaparroDiario de Campo

Las fotografías son de Jessica Backhaus.

miércoles, 13 de junio de 2018

Sam Shepard a las seis de la mañana



Seis de la mañana: el viento del sur acaba de amainar después de tres días seguidos soplando furioso. El aire en calma y mucho más cálido. Incluso se siente calor dentro de casa. Pienso: hoy soy exactamente un año más viejo que mi padre a la edad en que murió. Es un pensamiento extraño, como si fuera una especie de logro en vez de puro azar. Algo más que una circunstancia fortuita. Arranco lo largos mangos de seda negra. Hembras. Chisporroteos de electricidad estática azul. Veo que mi pecho desprende chispas. Tengo electricidad en el cuerpo. Cojo las muchas pastillas prescritas por el acupuntor. Las pongo en filas. Colores. Formas. Tamaños. Ni siquiera sé para qué son. Me limito a hacer lo que me han dicho. Alguien debe saberlo. Haz lo que te han dicho. La primera luz se cuela entre los piñoneros. Perros dormidos como leños en el suelo de la cocina, con las patas separadas como si les hubieran sorprendido en pleno galope. Preparo café en la vieja cafetera manchada. Tiro a la basura los posos de ayer. Unos ratones susurran en las rejillas de la calefacción, en busca de calor. Pienso en la respuesta de Nabokov a la pregunta de por qué escribe: “por placer estético”; nada más, “placer estético”. Sí. Signifique lo que signifique.

Sam ShepardYo por dentro

La traducción es de Jaime Zulaika

domingo, 3 de junio de 2018

El objetivo del fútbol



Llevo años impartiendo la asignatura de Ética en la Escuela de Entrenadores de Fútbol de Bizkaia y siempre ofrezco el mismo recorrido argumental a mis alumnos. La primera cuestión que planteo es qué es el fútbol. Vemos que, en esencia, en última instancia, es un conjunto de reglas. Es decir, un juego. Entonces nos preguntamos cual es el objetivo en un juego. La respuesta es fácil: ganar. Queda elaborado así el silogismo: si el fútbol es un juego, y el objetivo de un juego es ganar, el objetivo del fútbol ha de ser ganar. Esto parece una obviedad, pero no lo es tanto en un mundo en el que abundan los discursos vacíos, las palabras hinchadas sobre valores, argumentos que en realidad se temen poner sobre papel porque nos daremos cuenta de que son realmente difusos.


En cualquier caso, el problema de esta aparente obviedad de que el fútbol es un juego y el objetivo es ganar es que no es verdad. El objetivo del fútbol no es ganar, porque el objetivo de un juego no es ganar. O mejor dicho: lo es, sí; pero “cuando ya se está jugando”. Porque en realidad la razón de todo juego es, como el de un organismo vivo, pervivir, seguir existiendo, que se siga jugando. La razón de ser de la pelota es rodar, no ser golpeada, ni siquiera a la red.


Entonces, el objetivo del fútbol ha de ser el de seguir siendo jugado. He ahí una definición de un fútbol humanista: aquel que establece las condiciones para que los jugadores quieran seguir practicándolo. Por eso corresponde a los que forman parte del fútbol tener un comportamiento que haga honor al juego. Porque si se hacen trampas, si se busca la victoria a toda costa, si se pasa por encima de los rivales y compañeros y árbitros, llegará un momento en el que nos demos cuenta de que realmente no merece la pena jugar a este juego que se ha pervertido, que no divierte, que no fascina, que no seduce, que está corrupto.

Galder Reguera – Hijos del fútbol

miércoles, 30 de mayo de 2018

Lobo Antunes 1




Nunca me di cuenta de cuándo se deja de ser pequeño para convertirse en mayor.
Probablemente cuando nos empieza a gustar ducharnos. Probablemente cuando nos ponemos tristes. Pero no estoy seguro: no sé si soy mayor.

En mi familia los animales domésticos  no eran perros ni gatos ni pájaros. En mi familia los animales domésticos eran los pobres.
El plural de pobre no era pobres. El plural de pobre era esta gente.

Un conocido mío solía afirmar que el aire de campo es puro porque los campesinos duermen con la ventana cerrada.

La verdad es que parte de mi futuro ha quedado detrás de mí.


António Lobo Antunes Libro de crónicas. Una selección

La traducción es de Mario Merlino

lunes, 21 de mayo de 2018

Forasteros




Mirábamos mal a los chicos de ciudad que venían a pasar las vacaciones al pueblo de su padre o de su madre.

Algunas chicas ya se dejaban tocar por debajo de la camiseta.

Eso contaban.

Forastero. Era el término empleado por los mayores.
“Se ve mucho forastero”, solía decir mi abuelo, que estaba casi ciego.

El grupo de canto y baile regional, al que mi hermana pertenecía, actuaba varias veces a lo largo del verano.

Las terrazas de las cafeterías llenas de orgullo de emigrante…

Urbano Pérez SánchezTrieste

La fotografía es de Juantxu Rodríguez

viernes, 18 de mayo de 2018

Proximidad de la decadencia




… Nietzsche considera que la decadencia se remonta al inicio de la filosofía, con Sócrates y Platón, y a la postulación de un mundo verdadero diferente del de aquí. A grandes rasgos, éste sería el planteamiento nietzscheano: con el término nihilismo se designa la forma y  el sentido de la crisis que afecta al conjunto de la civilización occidental.

[…] La civilización occidental es decadente porque culmina con el dominio de los débiles sobre los fuertes y, por tanto, sepulta la voluntad de poder. Ejemplo privilegiado de la decadencia lo tenemos en la figura del sacerdote, capaz de defender en sus homilías que una vida disminuida es, en el fondo, la mejor de las vidas. En tal sentido cabe hablar del nihilismo como del dominio de la nada.

[…] La filosofía de la proximidad es también una respuesta al nihilismo […] En lugar del eterno retorno, el “retorno a casa”. Nietzsche podría decir que esto es una vulgar réplica del peor cristianismo. Pero éste es precisamente el embate que hay que resistir. En vez de la voluntad de poder, la resistencia;  en vez del superhombre, la proximidad; en vez de la afirmación, la “problematicidad”; en vez del futuro, la memoria.

Josep Maria Esquirol -  La resistencia íntima. Ensayo de una filosofía de la proximidad.

La fotografía es de Sebastião Salgado.