jueves, 8 de diciembre de 2011

Hasta aquí.


Por lo común, la montaña es un mundo adusto. Un mundo marginal, situado a extramuros de las civilizaciones, que son producto de las ciudades y de las tierras llanas. Su historia consiste en no tenerla, en permanecer casi siempre al margen de las grandes corrientes civilizadoras, que discurren lentamente, pasando de largo ante el mundo de la montaña. Capaces de extenderse ampliamente en sentido horizontal, estas corrientes parecen impotentes para ascender en sentido vertical.


Fernand BraudelEl Mediterráneo y el mundo mediterráneo en la época de Felipe II.

La fotografía es de Oriol Maspons; la traducción es de Mario Monforte Toledo, Wenceslao Rodes y Vicente Simón. 


domingo, 4 de diciembre de 2011

Fe


Hay gente que no quiere irse al otro barrio sin creerse que pilota un avión.

Gonzalo Calcedo JuanesPicnic y otros cuentos recíprocos


La fotografía es de Gonzalo Juanes.

viernes, 2 de diciembre de 2011

Pensiones, retiros.



Los hombres corrientes tienen problemas, los grandes hombres se los crean.

Roger WolfeSiéntate y escribe.

La fotografía es de Alexandros Demetriades

viernes, 18 de noviembre de 2011

Geometría


Un plato boca abajo no contiene mucho, pero posee una base más ancha, está mejor plantado.


Para el círculo, para la esfera está la pi griega, pero para la figura perfecta de la vida no hay cuadratura.

Un hombre es lo que ha cometido. Si lo olvida, es un vaso puesto del revés, un vacío cerrado.


Erri de LucaEl peso de la mariposa
Traducido del italiano por Carlos Gumpert. La fotografía es de Dimitri Stefanov.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

A sí mismos



hoy todo son ordenadores y más ordenadores
y pronto todo el mundo tendrá uno,
los niños de tres años tendrán ordenadores
y todo el mundo conocerá todo
lo relacionado con los demás
mucho antes de que lleguen a conocerse

Charles BukowskiEl padecimiento continuo
La traducción es de Silvia Barbero, la fotografía, de Robert Adams.

martes, 1 de noviembre de 2011

Día de los Difuntos



Casi al final, el soldado me dijo: déjame morir, estoy ya muy cansado. Yo le respondí: ya te dejo morir, déjame, sólo, salvarte antes.

Ondjaki, Y si mañana el miedo.

La fotografía es de Daido Moriyama; la traducción, de Félix Romeo.


sábado, 15 de octubre de 2011

La mesa puesta en El clavo en la pared


Hace unos días, y después de leer La mesa puesta, Jesús Ortega escribió lo que, según me dijo, es una nota de lectura. Habían transcurrido unos meses, su blog estaba cerrado por trabajo [un nuevo libro] y fue una alegría doble ver cómo y por qué volvía a abrirlo. En privado comentamos algunas cosas más sobre La mesa [algunos errores] en las que estuvimos de acuerdo y que se pueden resumir con una frase parecida a que el futuro guarda sorpresas para quien es impaciente. Así que hago caso a la última frase de su nota e intento cargarme de serenidad. De momento, no pretendo otra cosa que estarle muy agradecido.

Me siento un poco raro volviendo a escribir en el blog, después de tanto tiempo. Es como si regresaras a tu casa intacta y cerrada tras un largo viaje. Lo primero es abrir las ventanas para que se vaya ese extraño olor. Ir familiarizándose con los espacios. Las maletas se quedarán unos días en el pasillo, para que cumplan su función y conecten mágicamente la vida que se dejó y la que se retoma.

Algún día tenía que ser. Por ejemplo, ahora que acabo de leer un libro de relatos de Manuel Abacá, La mesa puesta.

Sé muy bien que, en literatura, nunca hay que confundir al narrador con el escritor. Pero en medio de ese complicado juego de desdoblamientos que se establece entre uno y otro, los lectores son libres de imaginar cosas. Leyendo La mesa puesta (algunos de cuyos personajes se llaman también Abacá) se me ocurre, por ejemplo, que el Abacá que asoma por estas páginas como protagonista o como narrador quizá pudiera tener en común con el Abacá escritor un mismo origen social. Se me ocurre que el Abacá de carne y hueso tal vez sea de esos escritores que han (que hemos) crecido en entornos donde no había una nutrida biblioteca familiar, ni cultura burguesa, ni dinero para adquirirla. Forman (formamos) una minoría, en cierto modo reconocible, con rasgos y actitudes compartidos, aunque con resultados personales muy distintos. Este tema es interesante, daría mucho que hablar. En otra ocasión.

En los relatos de Abacá hay obreros, hijos que van a la mili, mujeres que hacen trabajos de costura en casa, niños que juegan al fútbol en la barriada, bares de pueblo, discotecas, vías del tren adonde irse a fumar un porro por la noche, amigas que no acaban de convertirse en novias. Hay, sobre todo, una actitud alerta hacia las pequeñas tristezas, tan fina que es capaz de intuir reverberaciones de catástrofes invisibles en la tersa superficie de lo cotidiano.

Los narradores intentan modestos recuentos del fracaso, de la ternura o de la supervivencia. Una lucidez en clave menor. Me gusta la elusiva levedad con que los sensibles narradores de Abacá abordan los problemas. (A veces, demasiado leve, todo hay que decirlo.) No se ven los golpes, sino la remota huella que dejan en el alma. O, dicho de otra manera: más que heridas, hay rasguños. Eso no quiere decir que duelan menos.

Para mi colección de relatos sobre padres e hijos: "El podio" y "Prefijos".


El humo de los bares ha dado paso al cuchillo de aire frío que silba en la noche como si fuera una esquina. Se acercan a la estación de trenes. La carretera solitaria que parte la comarcal es una cinta negra con una farola al fondo. Sus luces marcan tres conos de niebla naranja. Hombro con hombro, caminan apretando el paso, las cabezas algo pesadas por el alcohol, mirando hacia la claridad y fumando. Parecen dos insectos con los cuellos de las cazadoras alzados, dos luciérnagas que quisieran ser polillas y buscaran claridad.


("Deseos")


Sigue escribiendo, Abacá.

La fotografía es de Dimitri Stefanov.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Talla XS



...piensa en las constricciones a que se ve sometido…dentro de un sistema normativo (y moralmente normativo, de una manera en que sexo podría escribirse con ese, pero no significar otra cosa que prohibición)…

Liborio Barrera - Resistencias

La fotografía es de Ricky Dávila.




sábado, 8 de octubre de 2011

Félix Romeo y los atascos


Recuerdo el momento en el que leí Dibujos animados. Estaban soterrando la M-30 y cuando iba a trabajar pasaba más de hora y media hasta que llegaba a mi oficina de chapa. Podía contestar al teléfono sin miedo a distraerme, leer en el coche sin miedo a estrellarme. Dibujos animados era un libro que se adaptaba perfectamente al ritmo de mi lectura y al de aquel discurrir lento del tráfico madrileño.
No lo tengo en las manos ahora porque está en Extremadura, en la casa de mis padres. Pero recuerdo que el ritmo de Dibujos animados fue algo llamativo para mí, recuerdo la dedicatoria a Cristina, igual que Lo peor de todo de Ray Loriga estaba dedicado a una Cristina que se escribía Christina. Ese tipo de relaciones recuerdo. Pero, sobre todo, esas otras que me hicieron fijarme en un personaje concreto, en Ramón.
Tiempo después encontré en una revista -El Espejo- un artículo que Romeo titulaba Barcelona, un anticipo de Amarillo, donde hablaba de esa Cristina y de ese Ramón. En realidad Ramón no era un personaje exclusivo de Romeo. Era difícil que en un grupo de amigos, un amigo no se compartiera. Así que mucho más tarde me di cuenta de que en Voladizo, un cuento de Cristina Grande, también aparecía ese Ramón, el Chusé que escribió Todo sigue tranquilo. En un momento determinado del libro Ramón anticipaba su propio suicidio. En realidad ese suicidio representaba algo que me llevaba persiguiendo mucho antes de estas lecturas. Representaba, de algún modo, un atasco propio. No era exactamente el suicidio de Chusé lo que me interesaba, pero me costó todo este rodeo enterarme de lo que estaba buscando en mi propia familia.
He sabido que Félix ha muerto por Facebook. Y me he vuelto acordar de todo esto. También de la carpeta donde guardo cada uno de los artículos que publicó durante años en el ABC. También de haberle visto en la puerta de La buena vida, cuando yo vivía en Madrid de continuo y tenía tiempo de ir a comprar libros allí. Me arrepiento de no haberle dicho nada de esto. Solo le vi una vez. ¿Hubiera sido atrevido? No sé, Holden Couldfield quiso conocer a Isak Dinesen y no salía de Nueva York.
En realidad mi relación con la literatura de Félix Romeo ha girado siempre en torno a la muerte. Y es una pena que en el futuro tenga que continuar haciéndolo.

La fotografía es de Jessica Dimmock.

jueves, 6 de octubre de 2011

Miedo


Trato de imaginarla en algunas películas de sexo explícito pero ni las escenas más crudas pueden anular esta sensación de ternura.

Maximiliano BarrientosHoteles

La fotografía es de Jessica Dimmock




sábado, 1 de octubre de 2011

Empeño




- Y la gente que viene –decía ella sentándose –; cada año viene más. Y nosotros en cambio, vaya facha de río. Vaya un Manzanares más ridículo, que parece una palangana, con esa agua tan marrana que trae, que es la vergüenza de un Madrid.
- Pues creo que ahora lo van a poner mejor.
- Ca. Ese río no lo arregla ni el mismísimo Churchill que lo pusieran de alcalde de Madrid, con todo el talento que le dan a la Prensa a ese señor.
- Todo sería cuestión de perras.

Rafael Sánchez Ferlosio, El Jarama.
La fotografía es de Rafael Trapiello.

sábado, 24 de septiembre de 2011

Piel




Alguien había abandonado
la naranja en una mesa:
quien abandona el don no lo merece.
Me rompí una uña sin poder rasgar su piel.
La fruta estaba seca, sus gajos sueltos,
pero la dura piel los mantenía unidos.
Si yo me rompo por dentro
¿qué piel me contendrá?


Martín López-Vega, Extracción de la piedra de la cordura
La fotografía es de André Cepeda.

martes, 20 de septiembre de 2011

Nostalgia



Me sigue sorprendiendo
que podamos pedir
lo que en los restaurantes llaman

naranja preparada, una naranja sin piel,
partida en finas rodajas y dispuesta
estéticamente en nuestro plato,
(La naranja cuesta allí
cerca de treinta veces
su precio de mercado: pagamos el exceso
a cambio del reposo de tendones
y músculos pequeños)
 
Mercedes Cebrián, Mercado Común
 
La fotografía es de Sam Gallagher

domingo, 4 de septiembre de 2011

Obras públicas



…la gente supo que los pueblos seguían sin luz eléctrica, y que los caminos y carreteras de montaña no atravesaban tales montañas y terminaban en ninguna parte…Las preguntas que implícitamente hacíamos eran obvias: ¿Cómo una España que en los años treinta era tan rica como Italia, había perdido la noticia de su pobreza interior? ¿Cómo tantos años después todo seguía igual?
Antonio Ferres - Memorias de un hombre perdido
La fotografía es de Rafael Trapiello.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Caballo regalado



…os voy a decir algo más: tus sentimientos a los seis años son tus sentimientos para siempre. Envejecer no te distancia del sentimiento, sólo te distancia de decir la verdad sobre tus sentimientos a alguien, incluso a ti mismo.



Gordon LishPerú
Traducción de Israel Centeno
Fotografía de Matt Eich


domingo, 21 de agosto de 2011

Paso de cebra




La naturaleza produce vida insignificante, el arte produce seres muertos significantes.


Pascal Quignard La lección de música. Traducción de Ascensión Cuesta.


La fotografía es de James Whitlow Delano


viernes, 12 de agosto de 2011

Birmingham


Ése es el peligro de hacerse mayor; creemos que nos estamos haciendo más sabios porque nos sentimos mejor –lo que significa que reaccionamos menos al dolor. Nuestras antenas y miembros externos han sido derribados en las tormentas. Siempre hay que prestar oídos a la ira de los jóvenes; ellos ven con claridad porque no han sido perjudicados – es decir, ven con claridad hasta donde son capaces de ver; y la edad que ve más lejos no puede ver con tanta claridad. Compón, llega a un arreglo con ambas y obtendrás la sabiduría


Bukowski Noche de escupir cerveza y maldiciones. La correspondencia de Charles Bukowski y Sheri Martinelli 1960 - 1967

La fotografía es de André Cepeda

domingo, 24 de julio de 2011

Colonia



Mientras haya tiempo habrá quien presuma de saber qué hacer con él…También hay quien presume de haberse adaptado a la vida en el extranjero. Personas de mundo los llaman.
Ray Loriga, Los oficiales y el destino de Cordelia.
La fotografía es de Herbert List.

domingo, 22 de mayo de 2011

"De la fe no se vive"


…nuestra cólera respecto a la injusticia sigue intacta…apelemos a una verdadera insurrección pacífica contra los medios de comunicación de masas que no proponen otro horizonte para nuestra juventud que el del consumo de masas, el desprecio hacia los más débiles y hacia la cultura, la amnesia generalizada y la competición a ultranza de todos contra todos.

Stéphane Hessel, ¡Indignaos!, traducción de Telmo Moreno Lanaspa.
La imagen de José María Movilla, jugador del Rayo Vallecano, la encontré en El País. Fue realizada por Luis Sevillano.

domingo, 15 de mayo de 2011

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CONSEJOS A UN POETA CACHORRO

Los jugadores tienen que saltar a la pista
a darlo todo. Cierto
que la poesía no es
un deporte de equipo, sino el único dardo
que llega más allá de las estatuas.
Pero cierto.
                        E incierto si poema
constituye un encuentro de alto riesgo
o un discurso después de los fracasos.
Lo único seguro es que poema
es absoluto solo de amor y de lenguaje.

Por lo tanto, si quieres
                                              que no haya
poeta con menos de cuarenta años
que sea capaz de resistir tu impacto,
o más humildemente
si lo que quieres es
incorporarte al coro con voz nueva,
-destemplar el unísono con un grito de júbilo-
para oscuro en la noche solitaria escribir
entre el constante número de las constelaciones
algo que se parezca a Déjame
que me pierda una hora
en la incomprensible
pregunta de tus ojos, te propongo
al revés el eslogan de la colonia Hugo:
Don´t innovate.
Imitate.

Juan Antonio González Iglesias, Del lado del amor.
La fotografía es de John Lambrichts.

sábado, 7 de mayo de 2011

Sábado.



LOS HOMBRES PRÁCTICOS


Dan su medida exacta
en los parking de las grandes superficies
sobre todo los sábados.
                     Son esos
que hacen una compra enorme,
para toda la semana,
y llenan el depósito a tope,
y se incorporan a la autopista
tan tranquilos, silbando…

El dilema sobre si sus vidas
carecen de sentido o no,
no parece preocuparles demasiado;

es más, viendo cómo te miran al pasar,
se diría incluso que prefieren dejarlo
para esos tipos tristes y solitarios como tú.

Karmelo C. Iribarren, Atravesando la noche
La fotografía es de Enric Sirera.

viernes, 22 de abril de 2011

Traducción.




Si una buena mesa se trata como es debido, aguantará hasta mucho después de muerto el dueño. En serio. Así se construyen también las catedrales. En los Andes hay caminos construidos por los incas, en los que ni siquiera hoy se podría meter un cuchillo en la ranura entre dos adoquines. Las cloacas que los romanos construyeron en Bath eran tan buenas que no las cambiaron hasta la década de los cincuenta. En este tipo de cosas sí que me resulta fácil creer.

Junot Díaz, Los boys. Traducción de Miguel Martínez-Lage.
La fotografía es de Javier Codesal.

miércoles, 13 de abril de 2011

Brainstorming.



No lo razonan, saben que se volverán ricos y nada más.

Jesús López Pacheco, Central eléctrica.
La fotografía se encuentra aquí

miércoles, 30 de marzo de 2011

Aún así.



-Confíe en nosotros. Arreglaremos esto.
El señor Cayo advirtió:
-Roto no está.

+ Miguel Delibes, El disputado voto del señor Cayo.
x La fotografía es de Javier Martín.

martes, 29 de marzo de 2011

Campo de juego.



Todo juego se desenvuelve dentro de su campo, que, material o tan sólo idealmente, de modo expreso o tácito, está marcado de antemano. Así como por la forma no existe diferencia alguna entre un juego y una acción sagrada, es decir, que ésta se desarrolla en las mismas formas que aquél, tampoco el lugar sagrado se puede diferenciar formalmente del campo de juego. El estadio, la mesa de juego, el círculo mágico, el templo, la escena, la pantalla, el estrado judicial, son todos ellos, por la forma y la función, campos o lugares de juego; es decir, terreno consagrado, dominio santo, cercado, separado, en los que rigen determinadas reglas. 

+ Johan HuizingaHomo ludens, traducción de Eugenio Imaz.
x En la fotografía, de Cristian Ritchters, el Estadio municipal de Braga, diseñado por Eduardo Souto de Mora, premio Priztker 2011.  

miércoles, 23 de marzo de 2011

Memoria.



DINERO
Para comprar tiempo.
Para comprar olvido
y olvidar el tiempo.

+ Roger Wolfe, Noches de Blanco papel (Poesía completa 1986 – 2001)
x La fotografía es de Carlos Alba.

domingo, 20 de marzo de 2011

Dudas.




El pobre que tiene alguna duda sobre el sentimiento de dignidad de su propia pobreza tiene todas las de perder.




+ Josep Pla, El cuaderno gris. Traducción de Dionisio Ridruejo y Gloria de Ros.
x La fotografía es de Virxilio Viéitez.

lunes, 14 de marzo de 2011

Algo muy parecido.


--pág. 138
Asedié a un fotógrafo a quien apenas conocía con preguntas abstractas… Lo hice porque quería entender por qué razón cuando tomaba fotografías… sólo conseguía detenerme en imágenes parciales…
--
Me dijo: Claro, tomas fotografías de trozos, de ángulos, de perspectivas.
Me dijo: Yo hago lo mismo. Es una forma de acercarse a los objetos. En fotografía se considera una técnica y son fáciles de comprender las razones por las que lo hacemos.
Me dijo: la fragmentación hace el todo.
--pág. 139
Yo pensé: es casi así. Pero no exactamente.
--pág. 184
Aristóteles lo resumió así: Sólo podemos crear, dijo, lo que somos capaces de abarcar con la memoria. Una historia lógica, coherencia interna, suspense mantenido y la posibilidad de comprenderlo todo, todo el rato.
--pág. 185
…lo que podemos abarcar no es un panorama completo sino un lugar en el que detener la mirada: la perspectiva que tenemos, finalmente, desde un avión. O algo muy parecido.

+ Lolita Bosch.  Ahora, escribo,
x La fotografía es de Guido Baselgia.

domingo, 13 de marzo de 2011

La mesa puesta en Literaturas.com



En el número de marzo de La Revista de Literaturas.com, aparece esta reseña de Álex Chico que no quiero dejar pasar sin hacerle hueco en este blog.
  
La mesa puesta, de Manuel Abacá (Madrid, 1970), es uno de los últimos ejemplos que confirman la buena salud de los talleres literarios, en este caso los que organizan la Asociación de Escritores Extremeños y la Asociación de Universidades Populares. Sin ser los únicos, obviamente (pienso, por ejemplo, en los talleres de Clara Obligado en Madrid o en los de Sergi Bellver en Barcelona), lo cierto es que algunos de los nuevos autores que se han dado a conocer recientemente han surgido gracias a las clases o el asesoramiento de varios escritores extremeños. Quizás, el ejemplo más llamativo sea el de Juan Ramón Santos, que ha ido configurando una obra sólida y que, tras varios libros, ha culminado en la tan bien acogida novela Biblia apócrifa de Aracia (Del Oeste Ediciones, Badajoz, 2010). Uno de esos últimos casos, decimos, es el de Manuel Abacá.
La mesa puesta, su primer libro, está compuesto por ocho relatos y una introducción, cuyo título es “Un trabajo invisible”, y que sirve como punto de partida o como justificación, no sé si del todo oportuna, sí, en cambio, lo suficientemente bien escrita como para formar parte, como un cuento más, del resto de relatos que componen esta nueva edición de la Editora Regional de Extremadura. No debemos olvidar la cita que inicia el libro, de Julián Hertbert: “Una casa no siempre es donde te sientes a tus anchas, es más bien donde los otros saben que pueden encontrarte”. Las palabras de Herbert nos anticipan varios de los temas de La mesa puesta. Y de la forma que ha elegido para contarlos. El primero de los relatos (o el segundo, si consideramos esa introducción como un cuento más), “El podio”, nos sitúa ante un autor que sabe narrar, que se ocupa, sin ambages, de historias aparentemente sencillas, minúsculas. Decimos aparentemente porque, tal y como nos enseñó Chéjov, en las historias sencillas se encierran los grandes temas universales, desplegando un abanico complejo de emociones y sentimientos humanos. Abacá nos hablará de la relación entre padres e hijos, de conversaciones entre amigos, de historias durante el servicio militar o de un equipo de fútbol infantil. Lo que une a todas esta narraciones es que el autor se dirige a lo que esconden esos personajes. La esencia pocas veces se hace visible. La acción, en realidad, está en lo que no se dice, en lo que queda oculto. En todo aquello que no se ha contado y que, sin embargo, forma parte de la manera de ser del personaje. En ese sentido, un acierto del autor es la manera en que se desarrollan los relatos. Abacá  conduce al lector por caminos diferentes al que pensábamos desde el inicio. No es que estos cuentos sufran grandes giros. Se trata de involucrar al lector en una historia dentro de una historia general, de un planteamiento inicial. Casi todos los textos que se recogen en La mesa puesta tienen una historia dentro, a veces como una simple anécdota y otras como una evocación del pasado. Lo que intuimos desde su lectura es que esas historias paralelas dan la dimensión real del personaje. Le sitúan, le ubican, le interpretan, haciéndonos entender que, si la explican, es porque encierran la realidad de su estado actual. No son, por eso, banales, sino imprescindibles, cruciales, confiándose casi como un secreto, aunque no se  narre nada fuera de lo común. Es más: si fueran más comunes, resultarían, incluso, extravagantes. Por eso no importa tanto lo que son esos personajes. Se trata, más bien, de lo que insinúan. En su proceso de aprendizaje recapitulan parte de su vida y pretenden, así, expurgar su culpa. Personajes que se cuestionan a sí mismos y que, a veces, nos ofrecen su propia respuesta. Pensemos, por ejemplo, en el personaje del relato “Enero”, cuando busca explicación al porqué de su maniático orden. “¿Por qué soy así? Es una pregunta que me hago a menudo en el fregadero. Supongo que solo ordenando las cosas, entiendo cómo se desordenan”. ¿Por qué han llegado a tal o cual situación? ¿Por qué se sienten de una manera determinada? ¿Desde cuándo actúan así? Esas historias paralelas ponen de manifiesto su fragilidad, hechos aparentemente triviales que son capaces de dinamitar todo el universo de los personajes, su forma de relacionarse y su manera de juzgar lo que les rodea.
No obstante, Abacá se ha guardado una última jugada. Me refiero al relato que cierra el libro, “Prefijos”. Aquí encuentro no sólo el que para mí es el mejor de los cuentos que incluye, sino un compendio de los grandes aciertos de La mesa puesta: intensidad y profundidad a la hora de relatar una relación familiar, apego a la realidad (para dinamitarla), historias evocadas que son capaces de resumir toda una vida, intuición, insinuación... Todo ello, decimos, con una forma que se ajusta perfectamente a lo narrado, sin necesidad de demostrar al lector grandes e innecesarios alardes estilísticos, y que bien podrían despistarle.
La mesa puesta es, en definitiva, la estupenda carta de presentación de un autor al que, imaginamos, un largo recorrido literario. Y una muestra más de la importancia de una editorial implicada en continuar el buen momento de la literatura extremeña. Esperemos, por eso, que se den por aludidos los que nunca, ni antes ni ahora, la han valorado en su justa medida.


+ Álex Chico y su blog Isla de Elca

x la fotografía es de André Cepeda.

miércoles, 9 de marzo de 2011

Jaula.


Hay algunos escritores jóvenes que no sólo tienen talento sino que también disponen, casi sin esfuerzo, de recursos estilísticos, de modo que en un primer momento no sabría decir por qué sus productos son deprimentes. Yo creo que se manejan con conquistas estilísticas de otros y renuncian a hacer sus propias conquistas. Es esto lo que se manifiesta como defecto, lo no propio, lo ya leído en otra parte. Pero al fin y al cabo esto es válido no sólo para los escritores más jóvenes sino igualmente para muchos otros, y probablemente ha sido válido en cualquier época.



+ Ingeborg Bachmann, Debemos encontrar frases verdaderas, conversaciones y entrevistas.

: Traducción de Ana María Cartolano.

x La fotografía es de Jean-luc Mylayne.





martes, 8 de marzo de 2011

Alergia.



La gente de la ciudad es como la gente del pueblo y, encima, son más.

x Francesc Serés. El vientre de la tierra (De estiércol y de mármoles).

+ La fotografía es de Leo Simoes.

jueves, 3 de marzo de 2011

Titular.

Amigo de la pelota

Cuando tenía 16 años comprendí
que no podría llegar a ser profesional

Controla el balón,
haz malabarismos y sobre todo trata
de hacerte amigo de la pelota
gritaba el entrenador.
Lo intentaba pero fracasaba.
Cambié de balón
pero fracasé.

Fue una preciosa tarde de primavera
llevaba las botas nuevas
el campo de fútbol estaba perfecto
tal vez los balones
estaban demasiado hinchados
aquella tarde
cuando el entrenador
me preguntó
si yo tenía una pierna ortopédica en la derecha
y me habían dejado tiesa la otra en una operación.
¡Joder,
trata de ser amigo de la pelota!

Milan, Manchester United, Real Madrid
los sueños hechos añicos
me tuve que hacer fontanero
a pesar de que yo nunca fui
enemigo de la pelota.


Begnt Cidden Andersson, Traducción de Francisco J. Uriz, El gol nuestro de cada día. Poemas sobre fútbol. Prólogo de Miguel Pardeza.

+ La fotografía es de Lionel Pralus.

miércoles, 2 de marzo de 2011

miércoles, 16 de febrero de 2011

Omar Pimienta: Escribo desde aquí.


Un lugar en el que naces un viernes
Años después de que Marc Augé -un antropólogo francés con orígenes catalanes y mechones de pelo blanco partidos en dos sobre su cabeza- acuñase el concepto nolugarismo para aplicarlo a las zonas de tránsito de las ciudades sobremodernas, Miguel Torga sentenció: lo global es lo local sin paredes.
Corría 1991 y probablemente el médico trasmontano no se refiriera a ningún tipo de pared en especial. No obstante, El Muro había caído (un jueves por la noche de un par de años atrás) y su escombro lo estaban vendiendo en porciones minúsculas a un mundo donde la globalización se extendía especialmente a las zonas donde los no lugares eran más numerosos. Yo no me había dado cuenta entonces de nada de lo que iba a ocurrir, menos cuando volvía de la tierra donde nacieron mis padres con esa sensación fronteriza y portuguesa que no sabría explicar y que me llevó a decidirme en cuestión de fronteras más por los meridianos que por los paralelos.
Omar Pimienta es recurrente en su obra a echar mano de la familia y la frontera que le tocaron. Una familia, desde Ginzburg, siempre tiene un léxico;  y la frontera simboliza como pocas cosas un lugar de tránsito.
Pero si la frontera puede ser un no lugar, también lo podría ser cualquier viernes. Las fechas cuando se parecen a los no lugares las denominamos días de diario. Pero el poema que sigue parece ir en contra de considerarlos de esa manera. Lo subscribo.

Hoy me di cuenta de que nací un viernes
On Kawara pintaba en New York   sabía de antemano que a las 5 de la
   tarde
seguramente el sol temblaba entre los árboles   yo asomaba la cabeza
entre las piernas de mi madre

nací varón pero lo mismo hubiera dado
he usado más tiempo el pelo largo y tengo unos tenis rosas

nací mexicano y eventualmente me hice también estadounidense
de igual forma lo haría si fuera Japón la otra mitad de esta frontera

nací sin dientes   después me salieron todos   derechos
no hace mucho perdí una muela y la sangre me supo a principio del fin

nací Ramírez y Pimienta y Gómez y López   los cuatro apellidos
cada uno un cuarto con vista a un jardín oscuro
al centro un árbol genealógico del cual pende una hamaca
la historia se mece   termina dormida con el pendular inevitable del
   tiempo
nací un viernes por la tarde   en Tijuana México   llorando el dolor del
   desalojo
varón   con las encías rositas
el día que nací Kawara escribió: hoy es viernes
pintó un cuadro en el que sólo se lee:   06 oct1978

La fotografía es de On Kawara.

domingo, 6 de febrero de 2011

Édouard Levé: Suicidio.




El sonido sincero de las bolsas de papel.
Aunque preveía morir a los 85 años, a los 42, un impaciente Édouard Levé, remitió a su editor un paquete de hojas que contenían Suicidio, y se quitó la vida. La decisión, aparentemente calculada, contiene, o el peso suficiente de morbo para anteponer el interés de este libro a otros del mismo autor, o una falta de cálculo mayor todavía.
Lo que resulta menos discutible es que si se esperaba Suicidio en castellano era porque a muchos nos enganchó Autorretrato. Una vez traducidas, tenía decidido hacerme con todas las obras de Levé. Me hubiera dado igual leer Suicidio que cualquier otro título, lo hubiera enfrentado con el mismo interés. Levé es de esos autores en los que intuyo tal grado de sinceridad que, leído por primera vez, el tema al que se asome en lo sucesivo me es indiferente.
Pero lo mismo que reconozco esa rendición no negaré que existe un diálogo (y abierto) entre Suicidio y Autorretrato. Probablemente, cuando lea más a Levé, la madeja se enmarañará y entonces ese diálogo no tendrá lugar tan solo entre dos libros sino entre los textos que escribe y las ideas que maneja un autor.  
En sintonía con la frecuencia metaliteraria, busco dos ejemplos de Autorretrato que copio: He intentado suicidarme, he intentado intentar suicidarme en cuatro ocasiones. Y antes, en el mismo inicio: De adolescente creía que La vida, instrucciones de uso me ayudaría a vivir, y Suicidio, instrucciones de uso, a morir.  
Podría encontrar muchas más, o mejor, armar teorías propias. Ahí va la primera que se me ocurrió cuando lo leía: Suicidio responde a un descuido del lenguaje.
¿Por qué lo digo? Porque Levé descubre a un amigo una vez que se ha suicidado, porque no tiene posibilidad alguna de vivir con él, y necesita escribir un libro en el que trata del concepto “amistad” para recuperarlo. Tiendo, por comodidades del lenguaje, a llamar “amigo” a gente que no lo es, confiesa a modo de llamada de atención hacia una sociedad cómoda. Es posible que me confunda, pero creo que, aparte de un diálogo con Autorretrato, lo que se encuentra en Suicidio es una acepción escondida de esa palabra como lo es la a castellana en La desaparición de Perec.


La traducción es de Julia Osuna Aguilar y la fotografía de Levé.

domingo, 30 de enero de 2011

La mesa puesta en El Síndrome Chéjov.



Los primeros archivos históricos que abrieron en España son de mediados del XIX. Es decir, Chéjov los pudo conocer. Lo que no existía entonces era el fenómeno blogger. Para mí, el archivo de El síndrome Chéjov es de los mejores, de los más cuidadosos a la hora de dar opiniones y hacer entrevistas que yo conozca.
Las entradas de hace cinco años coinciden cronológicamente con mi interés por el cuento. Ahora, también La mesa puesta forma parte de ese archivo. Me doy cuenta de que, más que en un lugar histórico, está en un blog muy vivo; en un blog que, como ciertos jardines, parece seguir lo que Chéjov recomendaba aplicar a un texto: mantenlo limpio. Y me alegro por ella.
La fotografía pertenece a enric sirera.

martes, 25 de enero de 2011

Íñigo Gurruchaga: Scunthorpe hasta la muerte. El extraordinario viaje por los campos de fútbol ingleses de Alex Calvo-García


Trazados alternativos
Alex Calvo-García estudió calderería mientras aprendía fútbol. Su padre ensamblaba las distintas partes de los vagones CAF y el destino de su hijo apuntaba a la repetición, parecía resuelto, despejado de incógnitas.
Sin embargo, la ecuación de Alex se complica porque desde pequeño le pega bien al balón. Da toques fulgurantes, toma decisiones rápidas, su cuerpo encuentra posiciones para el remate más difícil. Y cuenta con otro don: un gran angular bajo la frente que le permite adivinar antes que la mayoría las jugadas futuras. En ese futuro, por supuesto, no entra formar parte de la Compañía Auxiliar de Ferrocarriles. Encaja parecerse a Kevin Keegan, el jugador menudo y valiente al que una monja le enseñó a jugar.
La historia futbolística de Alex, sin embargo, comienza lejos del Doncaster de Keegan. Lo hace en Ordizia, a partir de una familia emigrante de un pueblo de Cáceres. Durante los años anteriores a marchar rumbo hacia Scunthorpe, García –apodo pronunciado Garsíe por los aficionados ingleses-, pasó por el Ordicia, los juveniles de la Real Sociedad, el Baesain y, ya en 1994 y en Segunda División, por el Eibar. Después, perdió su empleo en el mismo año en el que el futbolista Jean Marc Bosman recordaba, demandando al Lieja, que los trabajadores podían circular libremente por los estados miembros de Europa. Es decir, es el momento en que se abre el panorama presente del fútbol profesional.
Siempre existirán libros que despierten prejuicios. A unos les multiplicarán los méritos; a otros, no les reconocerán los suyos. El fútbol es tema poco meritorio. Quizá se pueda interpretar que la historia de Alex Calvo-García se cuenta por dosis para evitar molestias. Pero no. Lo que ocurre con este libro de Iñigo Gurruchaga, corresponsal londinense de El Norte de Castilla desde hace dos décadas, es que explica el fútbol para el que no lo pretende entender exclusivamente como un mundo de iconos imberbes y multimillonarios. El libro, por esa misma razón, no es un camino, es un desvío, triangula para avanzar. Y, en parte, es la triangulación la que mantiene despierto el interés por seguir la peripecia de Alex.  
Los orígenes familiares del jugador, los del fútbol como entretenimiento de masas en unas ciudades inglesas que la Revolución Industrial llena de obreros, un viaje literario y otro cinematográfico a Scunthorpe, son algunos puntos de esta geometría.
El centro lo ocupa un hombre que no ha nacido para ganar por tres cuerpos de ventaja, pero obtiene un premio mayor que el primero en cruzar la meta. En el fútbol inglés existe un método para promocionar entre divisiones aparentemente extraño. Los tres primeros clasificados ascienden directamente a la categoría superior y los cuatros siguientes compiten en dos semifinales. Los vencedores de ambas disputan su plaza en Wembley. Alex jugó en Wembley defendiendo al Scunthorpe, marcó el tanto del ascenso y se convirtió en un ídolo desconocido en el mundo entero. Este libro habla de ese gol y de quien lo marcaba, pero también de la gente “del montón” que ejemplifica mejor que nadie lo que vivimos y pasa desapercibida una y otra vez.