domingo, 13 de marzo de 2011

La mesa puesta en Literaturas.com



En el número de marzo de La Revista de Literaturas.com, aparece esta reseña de Álex Chico que no quiero dejar pasar sin hacerle hueco en este blog.
  
La mesa puesta, de Manuel Abacá (Madrid, 1970), es uno de los últimos ejemplos que confirman la buena salud de los talleres literarios, en este caso los que organizan la Asociación de Escritores Extremeños y la Asociación de Universidades Populares. Sin ser los únicos, obviamente (pienso, por ejemplo, en los talleres de Clara Obligado en Madrid o en los de Sergi Bellver en Barcelona), lo cierto es que algunos de los nuevos autores que se han dado a conocer recientemente han surgido gracias a las clases o el asesoramiento de varios escritores extremeños. Quizás, el ejemplo más llamativo sea el de Juan Ramón Santos, que ha ido configurando una obra sólida y que, tras varios libros, ha culminado en la tan bien acogida novela Biblia apócrifa de Aracia (Del Oeste Ediciones, Badajoz, 2010). Uno de esos últimos casos, decimos, es el de Manuel Abacá.
La mesa puesta, su primer libro, está compuesto por ocho relatos y una introducción, cuyo título es “Un trabajo invisible”, y que sirve como punto de partida o como justificación, no sé si del todo oportuna, sí, en cambio, lo suficientemente bien escrita como para formar parte, como un cuento más, del resto de relatos que componen esta nueva edición de la Editora Regional de Extremadura. No debemos olvidar la cita que inicia el libro, de Julián Hertbert: “Una casa no siempre es donde te sientes a tus anchas, es más bien donde los otros saben que pueden encontrarte”. Las palabras de Herbert nos anticipan varios de los temas de La mesa puesta. Y de la forma que ha elegido para contarlos. El primero de los relatos (o el segundo, si consideramos esa introducción como un cuento más), “El podio”, nos sitúa ante un autor que sabe narrar, que se ocupa, sin ambages, de historias aparentemente sencillas, minúsculas. Decimos aparentemente porque, tal y como nos enseñó Chéjov, en las historias sencillas se encierran los grandes temas universales, desplegando un abanico complejo de emociones y sentimientos humanos. Abacá nos hablará de la relación entre padres e hijos, de conversaciones entre amigos, de historias durante el servicio militar o de un equipo de fútbol infantil. Lo que une a todas esta narraciones es que el autor se dirige a lo que esconden esos personajes. La esencia pocas veces se hace visible. La acción, en realidad, está en lo que no se dice, en lo que queda oculto. En todo aquello que no se ha contado y que, sin embargo, forma parte de la manera de ser del personaje. En ese sentido, un acierto del autor es la manera en que se desarrollan los relatos. Abacá  conduce al lector por caminos diferentes al que pensábamos desde el inicio. No es que estos cuentos sufran grandes giros. Se trata de involucrar al lector en una historia dentro de una historia general, de un planteamiento inicial. Casi todos los textos que se recogen en La mesa puesta tienen una historia dentro, a veces como una simple anécdota y otras como una evocación del pasado. Lo que intuimos desde su lectura es que esas historias paralelas dan la dimensión real del personaje. Le sitúan, le ubican, le interpretan, haciéndonos entender que, si la explican, es porque encierran la realidad de su estado actual. No son, por eso, banales, sino imprescindibles, cruciales, confiándose casi como un secreto, aunque no se  narre nada fuera de lo común. Es más: si fueran más comunes, resultarían, incluso, extravagantes. Por eso no importa tanto lo que son esos personajes. Se trata, más bien, de lo que insinúan. En su proceso de aprendizaje recapitulan parte de su vida y pretenden, así, expurgar su culpa. Personajes que se cuestionan a sí mismos y que, a veces, nos ofrecen su propia respuesta. Pensemos, por ejemplo, en el personaje del relato “Enero”, cuando busca explicación al porqué de su maniático orden. “¿Por qué soy así? Es una pregunta que me hago a menudo en el fregadero. Supongo que solo ordenando las cosas, entiendo cómo se desordenan”. ¿Por qué han llegado a tal o cual situación? ¿Por qué se sienten de una manera determinada? ¿Desde cuándo actúan así? Esas historias paralelas ponen de manifiesto su fragilidad, hechos aparentemente triviales que son capaces de dinamitar todo el universo de los personajes, su forma de relacionarse y su manera de juzgar lo que les rodea.
No obstante, Abacá se ha guardado una última jugada. Me refiero al relato que cierra el libro, “Prefijos”. Aquí encuentro no sólo el que para mí es el mejor de los cuentos que incluye, sino un compendio de los grandes aciertos de La mesa puesta: intensidad y profundidad a la hora de relatar una relación familiar, apego a la realidad (para dinamitarla), historias evocadas que son capaces de resumir toda una vida, intuición, insinuación... Todo ello, decimos, con una forma que se ajusta perfectamente a lo narrado, sin necesidad de demostrar al lector grandes e innecesarios alardes estilísticos, y que bien podrían despistarle.
La mesa puesta es, en definitiva, la estupenda carta de presentación de un autor al que, imaginamos, un largo recorrido literario. Y una muestra más de la importancia de una editorial implicada en continuar el buen momento de la literatura extremeña. Esperemos, por eso, que se den por aludidos los que nunca, ni antes ni ahora, la han valorado en su justa medida.


+ Álex Chico y su blog Isla de Elca

x la fotografía es de André Cepeda.

1 comentario:

jpg dijo...

¿si me pongo en contacto con la Editorial Regional de Extremadura, me harán llegar el libro?
Enhorabuena por "La mesa puesta".
Saludos. José.