lunes, 16 de febrero de 2009

Roger Wolfe: ¡Que te follen Nostradamus!



Guarda. En 1999 vivía –o, mejor dicho, trabajaba- en una ciudad muy alta de Portugal. Esa circunstancia no me obligó a alquilar el piso más alto de la ciudad, sumando metros, pero así fue. Mi trabajo duró año y medio y dos inviernos en los que el aire no me dejó apenas dormir, siempre ululando tras la ventana del cuarto. Solo tenía dos opciones: cambiarme de casa o intentar adaptarme. Perezoso para todo lo que es burocracia, lo dejé correr.
Hasta que una noche de enero, muy tarde, y cansado de intentar dormir en vano con los oídos bajo la almohada, quise solucionarlo. Me levanté, subí la persiana y miré hacia la noche. No vi la luna, pero entraba su resplandor. Los árboles pequeños y quietos abajo, sus sombras móviles bajo las luces de las farolas que se mecían más altas. Cogí un periódico y lo apreté con la portada hacia el vidrio de la ventana corredera. 1999 en un titular muy grande, porque era regional y, a falta de mejores noticias, anunciaba el último año del milenio. Luego, lo empujé hacia un lado para tapar la ranura y cerrar la vía al viento y sus ruidos. Satisfecho y confiado, me volví a meter bajo una sábana arrugada y tres mantas azules y cortas como toallas de baño. Esperé, leyendo bajo el flexo, los resultados. Pero no fueron los resultados los que aparecieron, sino, rebotados contra las costillas, los golpes de mi corazón. El periódico se había girado por la típica doblez horizontal que lo partía en dos; el año 1999, transformado en una flecha que apuntaba hacia el suelo y, a su izquierda, 666, el número del demonio. Esa noche, no pegué ojo, imaginando que solo 30 centímetros de forjado separaban las patas de mi cama del tridente de satanás: TOC, TOC.
El título con que bautizó el diario Roger Wolfe, y el año que cubre, me han recordado esa anécdota, esos miedos irracionales que, a veces, me sorprenden. Luego los olvido, pero durante unos días no hay viento que se los lleve.

Historia de dos ciudades. En Asturias tenemos la ventaja de tener dos ciudades de tamaño medio en la misma provincia, a veinte minutos la una de la otra, y completamente distintas. Es algo más, yo creo, que cambiar de barrio en una gran ciudad.
Bukowski es una de mis mayores influencias, supongo, ya que hablamos de ello…Además…Hemingway…Y Céline…Y Hubert Selby…Thompson, Goodis, Cain, Chandler. Y Hammet.
Drogas. Llevo tan sólo tres días con este nuevo género del diario y ya estoy enganchado.
Vendimia...a principios de los 80, cuando estuve danzando por Nîmes con la mochila, se supone que en busca de trabajo en la vendimia. No encontré trabajo en la vendimia, pero cogí unas cuantas borracheras de antología.
1999. Por lo visto el Nostradamus vaticinó que allá por el mes de junio o julio de este año se va a acabar el mundo. Muy bien. Aquí estaremos, esperando. En cualquier caso, y por si las moscas, yo voy a seguir con esto. Si llegamos a fin de año sin que pase nada, lo podría titular “Que te follen, Nostradamus”.
Barullo. Coges el tren…hilo musical, y la vocecita esa de la azafata estreñida comunicándote la próxima parada. No sé por qué, pero cada vez están más empeñados en no dejarnos solos con nuestros pensamientos. Es el barullo continuo.
Silencio. Cuando sale algo bueno sobre ti…el silencio a tu alrededor es tan espeso que podrías contarlo con una cuchara de madera.
David González ha aprendido mucho, se ha ido haciendo mejor escritor. O mejor dicho: se ha ido haciendo escritor.
Enfermedad. Llevo la mayor parte del día traduciendo textos médicos sobre reparaciones de desgarros de menisco.
Madrid. En una ciudad como Madrid, todo se dispara. Los gastos, el tiempo perdido, los agobios, el estrés.
José Ángel Mañas, al que nunca podré agradecer su generosidad lo suficiente, nos ofreció su piso,…, como centro de operaciones hasta que encontráramos algo definitivo.
Mirada. Lo que tiene que ser tuyo es la mirada…Si tu alma está en lo que escribes, se nota. Salta. Atrapa. Golpea, reduce, trasforma y –con un poco de suerte- humaniza al lector.
Garbanzos. (Porque yo, no sé si lo he dicho, me gano los garbanzos como traductor e intérprete).
Balas…y poemas “bala” de Leopoldo María Panero y Ramón Irigoyen (“un poema, si no es una pedrada, y en la sien, es un fiambre de palabras muertas…”).
Vías de Bilbao. La calle San Francisco estaba llena de yonquis e inmigrantes africanos. Nos habíamos parado en un puente que cruzaba las vías…en inglés todavía se dice de alguien que “ha nacido en el lado equivocado de las vías”. Cuando se ponían las vías del tren, en el siglo pasado, los humos y la porquería, y los ruidos, y la mierda, siempre iban a parar al peor lado de la ciudad, que quedaba delimitado por las vías del tren. Desde entonces existe esa expresión.
Habichuelas. David González,…tras diagnosticarle una diabetes galopante…ha perdido un buen montón de kilos…le han dicho…que debe llevar una vida los más ordenada posible…toda esta rutina está reñida con su trabajo a turnos en la fábrica donde se gana las habichuelas. –Yo ahora, con esto de la diabetes, lo que voy a hacer es aprovechar para escribir sobre ella.
Manuel Vilas, por cierto, también estuvo presente en la Feria del libro de Zaragoza, con una recopilación de artículos titulada La región intermedia…Ese libro, dicho sea de paso, contiene piezas realmente antológicas…Yo creo que Manolo es una especie de Larra.
Relaciones. Nunca sé qué hacer en esos casos. Ni en estos casos ni en ninguno. Soy un puto desastre para las relaciones humanas.
Agosto. Hay un determinado momento –normalmente sucede a mediados de agosto- en que le ocurre algo a la luz, y a la sombra.
Madrid. Desde mi ventana veo los enormes arcos metálicos de la glorieta de las Reales Academias.
Larra. Llevamos semanas enteras esperando. Casi se me había olvidado que seguimos viviendo en el país del viejo Larra.
Más Madrid. La ciudad crece sin parar…En Inglaterra solían tener…lo que llamaban el…cinturón verde, que era una línea imaginaria…a partir de la cual estaba prohibido cualquier tipo de desarrollo urbanístico…Un cartel del Ayuntamiento…se hablaba de un aparente “Plan Urbanístico 2000”. Debajo, se afirmaba con orgullo: “Más Madrid”.
Hot and cold. Por lo demás, aquí estoy, debatiéndome como un yoyo en manos de un loco.
Hot and cold, que dicen en inglés.
Literatura. Las vidas de los hombres son historias que van pasando de padres a hijos. La literatura tiene que ver también con todo eso; la literatura es todo eso.
Mono. El tiempo pasa volando. Y siempre que digo eso –el tiempo vuela, el tiempo pasa volando- me acuerdo de una frase que soltaba, cada vez que alguien hacía ese comentario, un viejo…en mi pueblo natal, en Inglaterra, a principios de los años ochenta: “El tiempo vuela…dijo el mono, esquivando el despertador”.
Servidumbre humana…un novelón de Sommerset Maugham. “Nada hay tan degradante como la constante ansiedad sobre cómo va uno a procurarse el sustento. No siento más que desprecio por los que desdeñan el dinero. Son unos hipócritas o unos estúpidos. El dinero es como un sexto sentido sin el cual no se puede hacer uso de los otros cinco.”
Harkaitz Cano…incluye una cita mía, encabezando una de las secciones en las se divide el libro…”Cuando la gente dice “perdono pero no olvido”, ¿qué esta diciendo” Que no perdona”.
El sol. Los pájaros cantan. La luna se estrelló hace horas. Creo que ha llegado la hora de irse a la cama de una puñetera vez.

4 comentarios:

Cable Hogue dijo...

Qué bien suena lo de Portugal, no tanto haberlo sufrido, sino poder contarlo.

Un saludo, Manuel.

Manuel Abacá dijo...

Sí, Cable, la vida te da sorpresas.
Saludos.

Rubén A. Arribas dijo...

Se me acumulan las lecturas, pero ninguna de ellas es Roger Wolfe... Algo habrá que hacer para solucionarlo (¿robarle a algún rico para subvencionar mis vicios de pobre?). El caso es que el otro día me envió la gente de la editorial Huacanamo esta información (quizá la conozcas ya, perdón) sobre un libro, creo que nuevo, de Wolfe:

"Noches de blanco papel" recoge la obra poética de Roger Wolfe publicada entre 1986 y 2001, en edición del propio autor. Heredero directo de Baudelaire, T. S. Eliot, Blaise Cendrars, Bukowski o Céline, y de clásicos y grandes maestros de expresión hispana como Jorge Manrique, Rubén Darío, Neruda, César Vallejo o Cernuda, Roger Wolfe está considerado como el impulsor, a partir de la década de los noventa, del nuevo realismo poético español, y como el escritor más vigoroso y original de su generación, con una obra de gran peso filosófico, que derriba barreras entre géneros y se conforma como la expresión de lo que él mismo llama Escritura Total.

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Contacto:
www.huacanamo.com
info@huacanamo.com

Queda dicho.

Un abrazo.

Manuel Abacá dijo...

Gracias Ruben por tus datos. A ver si tenemos tiempo de comprar ese libro. La poesía de Roger Wolfe es de lo que más me gusta.