miércoles, 29 de abril de 2009

Omar Pimienta: La Libertad: ciudad de paso.





Pecado y Capital

El Julio:
ninguna coca tan buena como la de aquella noche húmeda en La Jolla,
formadita sobre el cofre aún caliente de un BMW 740.

El Enano:
ninguna mota tan mala como la del Mickey
que a falta de canalas
forjamos con una página del Nuevo Testamento.

Goliat

Mataron a un vecino del
Pareja:
balazo en la espalda; bala expansiva.

El migra dijo que la víctima era traficante de gente, de droga;
que fue en defensa propia,
que solo disparó después de ser atacado con piedras.

Y todos sabemos lo que pueden lograr las piedras.


Oficios

Don Marcos a sus 75 se sienta afuera de su herrería en La Libertad,
como lo hacía su padre, en el pueblo, afuera de su estudio fotográfico.

¿Dónde y afuera de qué me sentaré a preguntarme si todo
esto valió la pena?


IX

En La Libertad nadie quiere ser bombero.

El fuego se esparce rápido
la puerta trasera está vedada.

Aquí, las casas, de tan juntas, friccionan
se quema mucha hierba
se encienden muchos focos
los hidrantes son escurridizos.

Lo que pasa es que nadie quiere ser el responsable
de que se apaguen las señales de humo.



X

Don Marcos me regaló una bicicleta.
Me dijo: cuídala mijito que aquí las cosas vuelan.

Era lógico que en La Libertad todo tuviera alas.


La caída de las torres

Te fuiste cuando se cayeron las torres.
Poquito antes, poquito después, no importa;
cuando se asentó el polvo ya no estabas aquí.

Comencé a cruzar la frontera en bicicleta;
la amarraba a la cerca del trolley,
haciéndole campo entre otras
como se mete un naipe entre cartas esparcidas.

Llorar sobre dos ruedas no es sano.
Tampoco pasar la noche esperando el cruce:
saturación de luces rojas,
demasiado tiempo para pensar en irse.

Esa mañana murió la abuela, 97 años
y monedas siempre en la mano para darme.
No alcanzó a ver los aviones estrellarse
sí la cara de sus hijos o el largometraje de su vida
a la velocidad que cae un cuerpo desde el piso 97.

En casa la noticia golpeó igual de fuerte, se rompieron vidrios:
las lágrimas de mi padre y el silencio de las cosas que se
quiebran por dentro.

Aquí también se vino abajo algo, no todo, porque muco en
la casa está acomodado y sujeto para no caerse.

La experiencia: prepararse para el temblor porque se espera
otro, el grande.

Yo cruzaba en bicicleta para no hacer las horas de cola en carro.
Tú, te fuiste cuando se asentó el polvo.
Nota: La fotografía es de Omar Pimienta.

1 comentario:

Verónica Rodríguez Orellana dijo...

"Dónde y afuera de qué me sentaré a preguntarme si todo esto valió la pena?" Muy buena entrada saludos desde Cabo Verde sabí