lunes, 5 de octubre de 2026

Rocío Rojas-Marcos. Mohamed Chukri.


Su obsesión por la lectura le había hecho abandonar casi completamente los estudios, por lo que no aprobó el examen de graduación en la Escuela de Magisterio. A pesar de ello, le dieron destino en Tánger. Tras la independencia, el país necesitaba reincorporar nuevos empleados nacionales a los puestos que se estaban creando. Lo destinaron a una plaza en la escuela mixta del Barrio Nuevo como maestro de los primeros cursos de primaria. Niños en los que se veía reflejado, niños en los que reconocía la mirada del hambre y del frío. Poco tiempo después de empezar a trabajar descubrió su falta de vocación como maestro. La paciencia no era una de sus virtudes y el deseo de aprender a escribir y leer que lo habían llevado hasta ese puesto había surgido de su afán de superación, de querer ser reconocido, salir de la miseria humana, pero la coraza de sufrimiento que había ido recubriendo su corazón desde la infancia dolía ahora al enfrentarse a los niños como él. Su conclusión era que tenían que ser ellos los que debían desear salir de la cloaca, él no tenía nada que enseñarles aprender letras es muy diferente de querer saberlas.

Rocío Rojas-Marcos – Mohamed Chukri. Hambre de escritura.

La fotografía es de Luis de Vega. 

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