sábado, 6 de junio de 2015

Enemigo acérrimo




LIBÉRAME DEL REINO DE LA CANTIDAD

Le règne de la quantité et les signes des temps

RENÉ GUÉNON
 

Libérame del reino de la cantidad.
No permitas que sea valorado
por el número de amigos o de seguidores
que pudiera tener en una cosa denominada red.
Haz para mí este milagro mínimo como la hoja recién brotada del sauce.
Quita mi firma electrónica de los servidores que me avasallan.
Limpia de servilismos mi rutina.
Consigue que me escuchen aunque sea yo el único
que dice lo que digo
Haz que no tenga que solicitar miles
o decenas de miles de firmas para obtener una ligera mutación en el orden del mundo.
Líbrame de las estadísticas, de los altavoces, de los muchos.
Líbrame del ingenio que seduce a los fáciles.
Haz que no tenga que integrarme en equipos.
Destruye la palabra cronograma.
Borra los documentos en los que he anotado
lo que voy a pensar y a soñar en los próximos años.
Otorga trasparencia a mi futuro.
Invísteme con la soberanía del árbol,
guarda para mí una partícula de la integridad de Sócrates
cuando moja sus pies en el río de Atenas.
Que pueda soñar único, escribir como único
rodeado de únicos.
Déjame que me ponga mis mejores ropajes
para leer a los clásicos.
No tenga que mirar las listas de ficción o no ficción,
las cifras de la audiencia, el número de visitantes.
Sácame de la cultura de masas que oprime mi caja torácica
con su descaro creciente en proporción geométrica.
Haz que la razón como un viento delicado cruce de mi cerebro a los otros cerebros
sin gritos.
Dame fuerza para seguir aunque no tenga a nadie
que acompañe mi pensamiento.
Dame un corazón sensato pero no excluyas la locura ni la valentía necesarias
para oponerme con elegancia de las necedades,
para ser invulnerable a las modas,
para prescindir de las biografías con un golpe de audacia.
Cumple tu promesa: Que se abran las puertas.
Descerraja las rejas de las reuniones, de los consejos, comités, comisiones y asambleas,
para que pueda salir a la mañana en la que sopla la primavera impaciente.
Borra las convocatorias y las citaciones.
Tú, que eres enemigo acérrimo de todo lo absurdo,
anula de una vez las entelequias.
Haz que no tenga que rellenar más formularios.
Limpia mi piel de códigos de barras.
Deja que me sacuda encima las claves alfanuméricas que el Poder me impone.
Llévame a mi tiempo, a la época del agua.
Deja que me descalce sobre el prado.
Déjame ser el último cualitativo.
Concédeme vivir como Montaigne
o como Jaccottet a la luz del invierno.
Libérame del reino de la cantidad.


Juan Antonio González Iglesias - Confiado

La fotografía es de Doug Aitken

miércoles, 21 de enero de 2015

Miguel Ángel Ortiz - La inmensa minoría

COSAS DEL PALO



Según Retaco, el personaje principal, dos cosas similares son dos cosas del palo. Se pasa el día en el instituto, preparando exámenes, entre profesores, entre amigos, aprendiendo entre otras cosas que los periódicos deportivos solo  enseñan a no saber perder.
No me queda claro si enseñanzas regladas y equipos de fútbol profesional son cosas del palo. Las personas están más bien hechas para la derrota y el deporte de alta competición para una victoria artificialmente obligada. A unos les va bien, a otros les va peor. En el día a día de La inmensa minoría, cada cual, independientemente de su juventud, intenta deshacerse de esa derrota escrita en un entorno social deprimido, de una manera muy distinta.


Tiene un punto el libro de Miguel Ángel Ortiz que me ha hecho mezclar conscientemente su lectura con la de otros dos pares de novelas. El primer par corresponde a Pasolini: Chavales del arroyo y Una vida violenta. Los libros de Pasolini y no la cercana fecha del aniversario de su asesinato en Ostia. Mezclarlas para comprobar un cierto parecido entre el mundo de los alrededores de dos grandes ciudades, entre el mundo del subproletariado romano y el barcelonés y su gusto por describirlo tan sin complejos como Pasolini. Juegos de cartas en lugar de juegos de móviles, medios litros de vino en lugar de esos culos de cervezas que alguien no apuró, putas romanas por putas rumanas, cines por televisiones, derribos de chabolas en la misma línea que los desahucios ejecutados por bancos, bomberos y policías, chicos nacidos en los treinta y cuarenta en lugar de chicos y chicas nacidas en los noventa. ¿Todo sigue igual? No todo, no el sistema escolar universalizado, ni las comunicaciones que simboliza la Torre de Comunicaciones de Montjuich, ni el sistema de alcantarillado, ni la periódica recogida de basuras,  pero sí unas cuantas estructuras económicas y sociales, sí la posición que ocupan los humillados, los que trabajan manualmente cuando no ganan lo suficiente o no trabajan, los mendigos, aunque ahora duerman a los pies de un cajero automático. No hay tuberculosis, pero hay sida, drogas y chicos que reniegan de sus padres de un modo distinto a como unas cuantas décadas y una posguerra antes lo hacían los más jóvenes.



Sin embargo La inmensa minoría no es Pasolini, aunque recuerde a él. Como dice Joubert el efecto de las bellas artes tiene como único mérito…el de hacer imaginar almas por medio de cuerpos. La inmensa minoría consigue este efecto habitualmente. Pasolini, en más contadas ocasiones y páginas. Pasolini es más externo, es más entorno; Miguel Ángel Ortiz, más íntimo.
La inmensa minoría tampoco es un trasunto del otro par de novelas, las conocidas, juveniles y exitosas de Susan E. Hinton: Rebeldes y La ley de la calle. No son novelas del palo. Sin embargo, la escritora nacida en Tulsa apunta en algunos momentos en una dirección que me interesa igualmente, cuando habla de las pandillas. Cuando estás en una pandilla, defiendes a cualquier miembro. Si no das la cara por ellos, si no permaneces unido, si no actúas como hermanos, ya no es una pandilla. Es una manada. Una manada enmarañada, desconfiada, venga a reñir, como los socs en sus clubs o las bandas callejeras de Nueva York o los lobos en el bosque. Habría que recordar que socs es la abreviatura de socials, la clase alta, los niños ricos del West Side que, muy al tanto de no mostrar su verdadera personalidad, rivalizan con los greasers, los chicos del East Side. Habría que recordar que existe un conflicto continuo en la sociedad y que no es solo una cuestión de dinero lo que diferencia a unos de otros. Es una cuestión de sentimientos, unos no sienten nada y otros lo sienten todo con demasiada violencia.   




Retaco sabe bien dónde colocar los suyos. Yo no hubiera querido nacer en ningún otro barrio de Barcelona…Me gustaba vivir allí con lo bueno y con lo malo. En mi barrio, la gente era de verdad. Con sus defectos… La violencia…no es el peor de los sentimientos de ese barrio.
Sin embargo, hay escritores que bien podrían definirse como socs o como greasers, hay quienes creen que la cultura es un jardín y hay quien piensa que es más un campo de batalla. La relación que tienen con la literatura es muy distinta, es lo que Marta Sanz reproduce en voz de Ignacio Echevarría. Desmonta la falsa pérdida de centralidad por medio del arrinconamiento de los escritores y la sustituye por la progresiva insignificancia a la que viene reduciendo su mansa adaptación a las condiciones creadas por la sociedad de consumo. Este fenómeno, argumenta, ahora Marta Sanz, presenta un curioso síntoma: más allá de la censura ejercida por el rodillo del mercado, en la literatura no se practica una censura ideológica que quizá sí puede detectarse en la televisión. Y un poco más adelante sin salirnos de No tan incendiario podemos leer: La censura se aplica a lo que importa, a lo que repercute, a lo que trasciende. Lo literario ya no le importa a nadie.



Evidentemente, Marta Sanz está generalizando. Hay escritores a los que sí que les importa lo literario. Y lo sienten violentamente. Este libro es una prueba de que ni todos los escritores no todos los libros son cosas del palo. ¿Son las series televisivas, por el mero hecho de representar narrativas densas que exigen cierto grado de atención, las nuevas novelas? No, yo diría que no. Y, en cualquier caso, daría igual, porque seguimos necesitando un tiempo para reflexionar que la televisión no nos concede y la novela sí. Necesitamos pensar, necesitamos pausa, necesitamos que el medio campo pare el juego del equipo cuando recupera el balón. Sobran los defensas, sobran los delanteros, los porteros, los árbitros. No podemos seguir perdiendo partido a partido, siempre corriendo detrás del balón. 


Nota: Las fotografías son de Bleda y Rosa

miércoles, 26 de noviembre de 2014

De espaldas



Para mí existe un vínculo entre el exilio y la lectura, entre la deportación y la lectura, entre la persecución y la lectura, entre la humillación social y la lectura, entre la palabra “judío” y la palabra “libro”. Durante años me he negado a leer porque mi abuelo materno había sido deportado; porque la familia de mi padre se había visto obligada a abandonar Libia y después Argelia; porque, a pesar de nuestros esfuerzos, nunca éramos lo bastante franceses, lo bastante burgueses; porque la lectura…estaba asociada con Francia, la Francia del terruño, el terruño que nunca conocería, que nunca poseería.
La pregunta que le atribuyo a Bajtín y que leí en los labios de mi profesora de letras, “¿desde dónde se escribe?, me viene a la cabeza con una violencia y un vigor nuevos. “¿Desde dónde se lee?”, me oigo responder.

Agnès DesartheCómo aprendí a leer

La traducción es de Laura Salas Rodríguez y la fotografía de Emmet Gowin



miércoles, 8 de octubre de 2014

¡Y no ganar, y no ganar, y no ganar!




…no se puede crear belleza sufriendo. La creatividad en el fútbol va ligada a la experiencia de la diversión. Decía Baressi…que el secreto del juego del Barça de hoy es que sus jugadores…se divierten…se divierten jugando…Póngaseles a dar patadones con el único fin de alejar el balón de su campo, oblígueseles a destruir el juego del contrario y no crear el propio, convénzaseles de que lo principal en el fútbol es correr más que el contrario (y no hacer correr más al contrario detrás de un balón que te obedece a ti más que a él)…Rápidamente veríamos a Xavi, a Iniesta, a Messi deprimidos, víctimas de las directrices de un imbécil que no sabe de fútbol, que estropea el fútbol, que le arrebata lo mejor del juego, su belleza práctica.

A su vez, para que los jugadores desplieguen su talento, hagan buen fútbol, creen belleza y se diviertan con ello, para todo eso, es necesario que el jugador tenga confianza. La confianza del entrenador que se convierte en confianza del jugador en sí mimo o la refuerza…Sin confianza, sin autoestima, sin libertad, en el fútbol, como en cualquier otro quehacer de la vida, no salen las cosas bien…




El talento no se enseña; se descubre. Y una vez descubierto, se lo ayuda a crecer. A mi entender, ésta es una de las misiones principales del buen entrenador. Y por eso –creo- es tan importante que haya buenos entrenadores en las canteras de los clubes, es decir, allí donde se enseña a jugar al fútbol, allí donde se forman futbolistas. En la mayoría de los casos, los entrenadores de los primeros equipos...trabajan con el talento ya dado, los jugadores ya hechos. Pero es en las categorías inferiores donde el talento va por delante del futbolista, donde hay niños talentosos que todavía no son futbolistas. Tanto mayor cuidado habrán de poner los clubes aquí, cuidando de elegir entrenadores capaces de descubrir el talento que les llegue y de potenciarlo.

…El talento…es un bien frágil que hay que afianzar…no se crea –se descubre-, pero se puede destruir. En el niño es más frágil, porque todavía no sabe ni lo que es su propio talento. Él mismo tiene que descubrirlo y consolidarlo. El buen entrenador afianzará al buen jugador a base de confianza, de potenciar su autoestima. Porque el talento se saca jugando, haciendo cosas talentosas, atreviéndose. Y sin confianza, autoestima y libertad…, esas cosas no salen. Al final, el talento se ofusca y se pierde. Con la confianza…, el jugador se suelta…, se siente más ágil, más veloz, más potente, más capaz…si el chaval no se divierte, difícil será que aguante los sacrificios y sufrimientos que acompañan a la “carrera” del pequeño futbolista en formación.




Desgraciadamente no siempre es así, y la pedagogía en el fútbol a veces pierde la sensatez. A poco que uno se asome a ese mundo de las canteras de fútbol, verá que muchos críos juegan con temor y angustia,…porque temen la represalia de su entrenador. Verá que…hay entrenadores que obligan –sí, obligan- a los niños a hacer mal fútbol en la falsa creencia de que así ganarán. Verá entonces que los niños no se divierten sino que sufren, que parecen pequeños soldaditos obedientes, más que chavales con desparpajo y descaro, que se quitan el balón de encima en lugar de pedirlo y jugarlo con la confiada naturalidad que dicta su talento creativo…En las canteras, más que en ningún otro sitio, los entrenadores deben perseguir la victoria jugando bien al fútbol. Y para ello deben corregir, sí, pero ante todo han de lograr que la confianza fluya. Que los niños se atrevan, que se suelten, que disfruten…correrán más, lucharan más, jugarán mejor. Lo que un entrenador no saque de un crío a base de confianza –y, por qué no: también de cariño- no lo va a sacar metiéndole miedo en el cuerpo y amenazándolo.

Andrés de Francisco, del epílogo del libro de Dante Panzeri – Fútbol. Dinámica de lo impensado


Las fotografías son de Bleda y Rosa 

martes, 30 de septiembre de 2014

P. P. P. 1





No es bello lo que es bello, es bello lo que gusta

Pier Paolo PasoliniLarga carretera de arena


La traducción es de Olvido García Valdés; la fotografía, de Amy Stein 

martes, 16 de septiembre de 2014

Tú sí que vales



El ataque al Estado de bienestar comenzó en el régimen neoliberal anglosajón y ahora se extiende a otras economías políticas más “renanas”, y trata a los que dependen del Estado con la sospecha de que son parásitos sociales más que personas verdaderamente indefensas. La destrucción de las redes del bienestar y los derechos de ayuda social estarían a su vez justificados porque liberan la economía política y permiten que se comporte más flexiblemente, como si los parásitos estuvieran tirando de los miembros más dinámicos de la sociedad. También se considera que los parásitos sociales se alojan en lo profundo del cuerpo productivo, o al menos, eso es lo que  trasmite el desprecio de los trabajadores que necesitan que les digan qué hacer, que no pueden tomar iniciativas por sí mismos. La ideología del parasitismo social es una potente herramienta disciplinaria en el lugar del trabajo: los trabajadores quieren demostrar que no se están alimentando del esfuerzo de otros.

Richard SennettLa corrosión del carácter. Las consecuencias del trabajo en el nuevo capitalismo


La traducción es de Daniel Najmías; la fotografía de Dorothea Lange

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Annie Ernaux 1


 
No me producía ninguna aprehensión la idea de abortar. Me parecía, sino fácil, al menos factible; que no era necesario tener ningún valor especial para hacerlo. Era una desgracia muy común. Bastaba con seguir la senda por la que una larga cohorte de mujeres me había precedido. Desde la adolescencia había ido acumulando relatos relacionados con el aborto. Los había leído en las novelas o se los había oído contar en voz baja a las vecinas del barrio. Había ido adquiriendo un vago conocimiento sobre los métodos que podían utilizarse: la aguja de hacer punto, el peciolo de perejil, las inyecciones de agua jabonosa, la equitación. Pero la mejor solución era encontrar un médico “clandestino” o una de esas mujeres a las que se designaba con el nombre de “aborteras”. Sabía que ambos cobraban mucho, pero no tenía la menor idea de cuáles eran sus tarifas. El año anterior, una joven divorciada me había contado que un médico de Estrasburgo la había ayudado a abortar. No me dio ningún detalle, solo me dijo que le había dolido tanto que había tenido que agarrarse al lavabo. Yo también estaba dispuesta a agarrarme al lavabo.

Annie Ernaux – El acontecimiento

La traducción es de Mercedes y Berta Corral; la fotografía, de Jordi Ruiz Cirera.